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■ Muestra en el museo de Balderas y Colón

Exploran los nexos del pintor guanajuatense con el judaísmo

Merry MacMasters

La figura impactante de la joven Mariana de Carbajal, semidesnuda, ensangrentada por los latigazos y montada sobre un burro, pintada en la parte superior izquierda del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947), desencadenó la curaduría de una muestra.

Diego Rivera y la Inquisición: un puente en el tiempo será inaugurada el día 25, a las 19 horas, en el Museo Mural Diego Rivera (Balderas y Colón, colonia Centro).

Rendir homenaje a esa mujer perseguida por el Santo Oficio, permitió trabajar otra veta de la multifacética personalidad del muralista guanajuatense: su relación con el judaísmo.

Carmen Gaitán, directora del museo, buscó a Alicia Gojman de Backal, investigadora del periodo colonial, en especial de la Inquisición, quien afirmó que una serie de cripto judíos, en calidad de herreros, llegaron a la Nueva España con Hernán Cortés.

Pero, ¿existía pintura de la época con simbología judía? Gojman anotó la dificultad, ya que las personas ocultaban su raíz judía porque eran perseguidos. Entre las alrededor de 70 piezas –cuadros, documentos, objetos y joyería– se encuentra un pequeño candelabro de siete brazos, con un par de aros para insertar una correa.

Tanto la crítica de arte Raquel Tibol, como el estadunidense Bertrand Wolfe, han consignado las raíces judías de Rivera, por el lado de sus abuelos maternos de origen portugués. Al respecto, se habló con su hija Guadalupe Rivera Marín, quien dijo que su padre siempre se ufanó de tener raíces judías.

 
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