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Marco Rascón
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El regreso del PRI

¡Oh, cuán priísta es el país! Y el primer gran triunfo en este año es que ya nadie recuerda lo que fue el PRI, que ahora regresa como una fuerza “democrática” y “joven” para un electorado mayoritariamente joven: cuando llegó Vicente Fox a la presidencia en el año 2000 el Revolucionario Institucional tenía ocho años.

Anclada al lopezobradorismo, la izquierda –que durante décadas bregó contra el anticomunismo priísta, el clientelismo, el corporativismo, austeridades, pactos, el creador de policías secretas, políticas contrainsurgentes, espionaje, escuadrones de la muerte, cámaras de tortura, campañas mediáticas que la acusaban de ser portadora de “ideas exóticas” y “conjuras extranjeras provenientes de Moscú y la Habana”–, junto con la derecha obtusa, abrió brecha al PRI para su retorno triunfal en 2009, cuando se convertirá en la primera fuerza política y legislativa en el Congreso rumbo a la reconquista del poder total en 2012.

Este año el PRI arrasó en las elecciones de Nayarit, Coahuila, Hidalgo, Guerrero y Quintana Roo. De 198 ayuntamientos en juego, el PAN sólo ganó 18, y de las 115 diputaciones locales únicamente obtuvo tres. Sin embargo, en este ascenso priísta, y el tránsito de los votos provino fundamentalmente del PRD y sus aliados, los más afectados. Ya desde 2007, el tricolor barrió en Tabasco, Veracruz, Yucatán, Baja California, donde el llamado Frente Amplio Progresista (FAP) nunca pudo consolidar alianzas electorales y cada uno de sus integrantes fue por sus propios intereses, incluyendo alianzas con la extrema derecha, como fue en Yucatán, donde Ana Rosa Payán fue apoyada por Convergencia y el PT, el cual también apoyó en la otra península, Baja California, al candidato del PRI: Carlos Hank Rhon.

El desastre vino en estados donde el PRD tenía fuerza propia, como Guerrero, donde el divisionismo desde la cúpula dirigente del FAP entregó al PRI un avance sustancial en la elección local y de gran importancia para la federal de 2009. En la perspectiva del PRI, éste busca convertirse sin aliados en la primera fuerza en el Senado y la Cámara de Diputados y desde ahí impulsar la reforma del gabinete para que el secretario de Gobernación, a manera de primer ministro, sea nombrado por el Congreso, lo cual significaría un adelanto de la toma del Poder Ejecutivo por el PRI, llevando sin duda a Manlio Fabio Beltrones a Gobernación. Para ello cuentan que los promotores principales de esta reforma a favor de ellos es la “coordinación del FAP”, principalmente Porfirio Muñoz Ledo, quien impulsa desde la representación del frente esta “restructuración de la Secretaría de Gobernación” que beneficiará al PRI en su regreso.

La continuación de la disputa por el registro del PRD y el control de la agenda y el programa que impone el lopezobradorismo con su nueva alianza social, el Movimiento por la Esperanza, prefiguran ya derrotas no sólo en el país, dado el divisionismo y el descrédito, sino también en la capital, donde le abrirían posibilidades de avance al PAN y al PRI, tanto en delegaciones como en el control de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, lo cual pondría en condiciones de mayor debilidad los próximos tres años del gobierno en la capital. Esto explicaría hoy el distanciamiento de Marcelo Ebrard tanto de los “movimientos en defensa de…” como del mismo PRD y del FAP, que por su división lo harán la víctima más importante.

En el caso de Acción Nacional, la falta de cohesión es tan grande como la del sol azteca, pues no cabe duda que el discurso de Felipe Calderón “contra los mezquinos” iba destinado directamente a Vicente Fox, quien arreció su guerra contra la Presidencia desde el nombramiento de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación. La fractura y el encono florecen también en el PAN y tiene peso en ella su derrota en lo que fue la reforma de Pemex. El PRI reconoce cuán útil ha sido el lopezobradorismo en este ascenso, pues, pese a que izquierda y derecha en 2006 se posesionaron del espectro político central del país, el plantón de Reforma y la declaración de “presidente legítimo” abrieron la puerta al PRI, que desde un lejano 19 por ciento del voto se convirtió en “mediador” y en la fuerza política “estabilizadora” frente a la confrontación entre las derechas y las izquierdas polarizadas y sin estrategia para el manejo de la transición que estaba en sus manos y que desperdiciaron a favor del viejo régimen, que creció y ahora regresa triunfante como el bonapartismo en brumario. Ellos vendieron así: dotar de mayoría al Congreso para su instalación en la toma de posesión de Calderón, aprobación de reformas y el presupuesto, y se dice que Manlio Fabio Beltrones fue el promotor central para que Andrés Manuel López Obrador, hombre de la última palabra, ausente de los foros y los debates, impugnara desde dentro de San Lázaro la reforma petrolera que se votaría ese mismo día y que el PRI contrarreformará cuando sea mayoría.

El Revolucionario Institucional regresa con todas sus perversiones, aplaudidas como “geniales”, y agradecido de la incapacidad de la izquierda y la derecha, que unidas en su disputa, fueron vencidas.

 
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