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Astillero

Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

■ Tiempo de próceres

■ Conservadurismo y oportunismos

■ Más sobre el uso del “haiga”

Ampliar la imagen El presidente Felipe Calderón, su esposa Margarita Zavala; el secretario del Trabajo, Javier Lozano, y la titular de la SEP, Josefina Vázquez Mota, montaron una guardia de honor junto al féretro de Carlos Abascal Carranza El presidente Felipe Calderón, su esposa Margarita Zavala; el secretario del Trabajo, Javier Lozano, y la titular de la SEP, Josefina Vázquez Mota, montaron una guardia de honor junto al féretro de Carlos Abascal Carranza Foto: Jesús Villaseca

La muerte de Carlos Abascal impidió darle más vuelo a la hilacha de la presunta ventaja futurista que llevaría el gran despilfarrador de recursos públicos en promoción mediática, Enrique Peña Nieto, quien sería gran favorito para presidir el país en 2012, según algunas de esas encuestas de opinión, supervisadas y garantizadas sólo por sus propios autores, que con frecuencia usan las empresas demoscópicas para conseguir favores de sus promovidos (interesados en el tema, preguntar en especial a GEA-ISA).

Abascal, el gran conservador que tuvo su momento de máximo poder con quien era su antítesis intelectual, moral y religiosa, Vicente Narciso Fox, que le nombró secretario de Gobernación en relevo del marcado Santiago Creel, quien no pudo ser candidato a Los Pinos en 2006. De la mano indecisa de quien nada firme hacía porque creyó que en esa ambigüedad extrema podría alcanzar la postulación presidencial, a la instauración de una ideología que podía negociar en las formas, pero que entendía la función pública como el cumplimiento de una misión superior, divina, a cuyos fines bien podían ofrendarse algunas maniobras terrenas perdonables. Abascal, a cuyo paso por Gobernación se abrieron puertas de diálogo político –como lo había hecho en la Secretaría del Trabajo, tanto con opositores institucionales como con la nomenclatura charra geriátrica–, pero también el uso estratégico, de alta pedagogía social, de la fuerza pública para reprimir movimientos crecientes como los de San Salvador Atenco y Oaxaca, además del episodio inolvidable de Pasta de Conchos, donde un yunquista subordinado a Abascal –dejado por éste en el Trabajo cuando se fue a Gobernación– se convirtió en cómplice de los intereses de la empresa de Germán Larrea y en adversario de las legítimas demandas de los familiares de los mineros sepultados.

Peña Nieto, por su parte, confirma que la inversión de los recursos públicos en propaganda personalizada rinde frutos de índole electoral futura. Mediante argucias técnicas y contables se mantiene en las pantallas televisivas de alcance nacional, en una abierta campaña por el 2012, ganando en popularidad lo que su principal adversario, Manlio Fabio Beltrones, trata de emparejar no con el erario del que no dispone, pero sí con otro tipo de maniobras de poder que le permiten controlar estructuras partidistas y negociar espacios mediáticos a futuro mediante apoyos legislativos claves. Otro visitante de la vitrina Televisa ha sido Marcelo Ebrard, cuyas contribuciones a la repostería de temporada contrastan con las serias y hasta ahora desatendidas exigencias que a la misma Televisa han hecho tanto el movimiento encabezado por López Obrador como, ayer, maestros disidentes del control gordillista, quienes consideran que en esas empresas de difusión electrónica se mantienen vetos, sesgos y engaños a todo aquello que no va en el sentido aprobado por Los Pinos o por los erarios solidarios. Pasado y futuro. Sean la extrema derecha del PAN o la extrema corrupción del PRI (Peña Nieto es el discípulo encubridor del montielismo), es televisiva la principal estructura de control social que cobija andanzas, desatiende quejas, justifica excesos y fabrica candidatos.

Astillas

Juan Castillo precisa de entrada que “para nada defiendo a Felipe”, pero sí el “haiga” como “palabra no castellana, pero históricamente mexicana”. En una documentada misiva a esta sección, difiere de quienes, desde una posición “culta”, desdeñan el antes mencionado vocablo, “sin conocer sus orígenes”. Castillo recuerda que además del catalán, el vasco y el gallego, en la España del castellano como lengua común del Estado se hablan la “valenciana, variante del catalán, y la extremeña o castúo, de la rama asturiana leonesa”. Extremeños fueron los principales conquistadores de América y los frailes franciscanos evangelizadores, de tal manera que de ellos aprendieron a hablar el nuevo idioma los mestizos e indígenas, tal cual lo usaban los patrones y los cultos misioneros: “de ahí aprendieron cientos de palabras que ahora llaman ‘incorrectas’, como: haiga, mesmo, naide, dotor, manque, güey, asina, trujo, pa, pos, semos, vide, lamber, endenantes, trompezar, abuja, bujero, quedrá, probe, juerza, lumbre, aluego, íbanos, fierro y muchas otras. Algunas de estas palabras siguen existiendo también en el aragonés y el andaluz, pero, como se trata de eliminarlas, se ridiculiza al que los habla, educando incluso a los hijos para que corrijan a sus padres. Lo correcto –por ser tan popular su uso, tanto en España como en Latinoamérica– sería llamarlas ‘aportaciones al castellano’, como se hace con los galicismos y anglicismos, pero nunca llamarlos barbarismos. Ejemplos de la utilización de este lenguaje –diferente, no inculto– se encuentran en: La Guaja, del poeta español Vicente Neira; La chacha Micaila, del zacatecano Antonio Guzmán Aguilera, y Por qué me quité del vicio, Pue que me rajara, Vete en güena hora y La probecita de Inacia, de Carlos Rivas Larrauri”... Vicente Reyes reprocha que, en una de las “entrevistas a modo” que Calderón ha dado para celebrar su segundo aniversario como ocupante de Los Pinos, dijo, a pregunta sobre el tema, que el momento más duro de su gobierno había sido el derivado de la caída de un jet en las inmediaciones del Paseo de la Reforma. El lector-escritor señala que tenía la esperanza de que el cumpleañero hubiera escogido alguna de las siguientes posibilidades de respuesta: “A) Que cada vez hay más evidencias sobre el fraude electoral de 2006. B) Darme cuenta del error de sacar al Ejército a las calles. C) Darme cuenta de lo ridículo de aumentar la gasolina argumentando el alza del barril de petróleo y seguir con el aumento cuando se desplomó el precio de dicho barril. D) Cuando dije que los empleos los deben crear los empresarios, contradiciendo mi lema principal de campaña. Aunado a lo anterior, el desplome de los mismos. O, E) Cerrar el año con una inflación cercana a 7 por ciento”... Y, mientras sigue el enredo del Apá, ¡hasta mañana!

 
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