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■ AMLO: “creí que 2008 sería el año más difícil para el movimiento, pero terminamos bien”

“En Televisa hay más poder que en Los Pinos; allí está el poder de los poderes”

Jaime Avilés

Ampliar la imagen Seguidores del Movimiento en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía Nacional Seguidores del Movimiento en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía Nacional Foto: Marco Peláez

Bajo los balcones del edificio de Televisa en Chapultepec 18 figuras sigilosas se mueven tras los vidrios ahumados para grabar con sus cámaras o simplemente ver la escena que sucede en la calle. Un remolino de entusiastas grita, salta, extiende las manos y muestra cartulinas con mensajes de adhesión alrededor de una camioneta blanca, mientras de pie sobre el estribo del lado derecho, repartiendo saludos con gestos y apretones de manos, Andrés Manuel López Obrador se despide como un torero en plena apoteosis.

Al otro lado de la avenida Chapultepec, grandes mantas populares despliegan su elocuencia. “Toluca, presente”, anuncia la más notable, y debajo de ese encabezado interroga: “¿Chamacos, quieren que les cuente un cuento?” Encerrada en un globo estilo cómic, la pregunta se conecta con los caricaturas de cinco levantacejas de la empresa de Emilio Azcárraga Jean.

Otra manta, pegada a la anterior, le avisa al magnate: “Emilio, ya no somos ese pueblo que tu padre idiotizó”. Otra reclama: “Televisa, exigimos derecho de réplica al presidente legítimo”. Una más acusa con rabia: “Televisa, no seas ratera”. Otra, más conceptuosa, recuerda: “Azcárraga, los predios que ocupas son tuyos, pero el espacio radioeléctrico es del pueblo de México”.

Por encima del hombro de muchos asistentes, un cartel impreso a colores reproduce el logotipo amarillo del emporio electrónico y reitera a lo largo y a lo ancho del mitin: “Televisa, dictadura de la información”. Una variante del mismo diseño describe: “Televisa, fábrica de mentiras”. Es impresionante cómo se repíte la palabra Televisa frente a Televisa.

Como responsable de la comisión de difusión del Movimiento en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía Nacional, Rafael Barajas, El Fisgón, informa que “Televisa tiene 80 por ciento de cobertura nacional”. Basado en esa cifra, López Obrador, a su turno, dirá que por eso “aquí en Televisa hay más poder que en Los Pinos, hay más poder que en la Suprema Corte de Justicia de la Nación; aquí está el poder de los poderes”.

Y explica a continuación en qué consiste ese poder. “Hemos sufrido una devaluación del peso de alrededor de 40 por ciento, pero en los hogares de los mexicanos, en las plazas públicas, el tema no se discute porque no lo toca la televisión. Televisa sólo difunde lo que le conviene a sus intereses, no lo que le conviene al pueblo”.

Una falla técnica interrumpe el discurso, pero mientras en la plataforma del camioncito que sirve como templete los dirigentes y los invitados miran a López Obrador con inquietud que aumenta a medida que el silencio se prolonga, desde abajo, a coro, sube retumbando un clamor de alivio: “¡pre-si-den-te, pre-si-den-te”. La pausa involuntaria sirve para recordar que en su intervención como orador inicial, el ideólogo de la reforma del Estado y coordinador del Frente Amplio Progresista, Porfirio Muñoz Ledo, habló de la importancia de fortalecer los mecanismos de participación democrática en nuestro país, y advirtió que “la democracia directa ya no es suficiente”, o dicho de otro modo, la elección popular de senadores, diputados y presidentes ya no basta para que el pueblo tome decisiones sobre los más graves problemas del país. Sin embargo, subrayó, “sería extremadamente peligroso que aprobáramos las figuras de referéndum y plebiscito si no se reglamentan los medios de comunicación. Si hubiera plebiscitos en las condiciones actuales, podríamos ser derrotados por la televisión y por el dinero”.

Nuestro movimiento, vaticinó el ex dirigente del PRI y del PRD, “va a abolir el monopolio de la televisión”. Tras los aplausos que festejaron sus palabras, El Fisgón pidió un minuto de silencio en memoria del profesor Othón Salazar Ramírez, recién fallecido en Tlapa, Guerrero, corazón de la montaña roja desde donde extendió la lucha del magisterio a todo el país. Acto seguido, el dibujante e historiador recordó que el 11 de noviembre pasado, en un mitin similar, el movimiento le entregó una carta a Televisa para demandarle apertura informativa a todos los temas y a todas las figuras políticas.

Ayer, el emporio respondió por escrito con generalidades, en el sentido de que respeta “la objetividad y la pluralidad”, provocando con ello un grito que la gente repitió a todo pulmón muchas veces: “¡Qué poca madre, qué poca madre!”. Pero entonces, resuelta la falla técnica que sirvió de pretexto a este largo repaso general de lo que había sucedido a lo largo de la entusiasta concentración, López Obrador prosiguió la lectura de su mensaje.

Mencionó los nombres de todos los potentados que integran el consejo de administración de Televisa, pero esta vez no solicitó que al oírlos la gente se abstuviera de mentarles la madre, cosa que por otra parte sólo hicieron unos cuantos; los demás permanecieron escuchando en silencio que el movimiento “valorará la respuesta” del consorcio y el 25 de enero, durante la asamblea que efectuará en el Zócalo, decidirá las acciones a seguir, entre las cuales no descartó que “regresemos aquí las veces que sea necesario”.

Mientras la luna, casi llena, se elevaba en la oscuridad habitada por un conejo, la concurrencia al mitin era más y más numerosa. La gente salía del trabajo y se agregaba a la multitud. Por eso más de 10 mil personas aclamaron el final del discurso, cuando López Obrador informó que ya hay “2 millones 400 mil afiliados, con credencial, al gobierno legítimo”; que en la primera semana de marzo terminará de recorrer los 2 mil 250 municipios del país (hasta ayer había estado en mil 800), y que pronto habrá un comité de esa nueva organización política “en cada uno de los municipios del país”.

Por eso, culminó, “estamos al margen de las diferencias que se dan en uno de los partidos del FAP” –en automático la gente replicó: “fuera chuchos del PRD”–, “nooo”, continuó, “nosotros vamos a seguir defendiendo la economía popular, promoviendo la ayuda mutua, la solidaridad con los que no pueden pagar la luz, el gas, el teléfono y las tarjetas del banco”.

Y entonces dio a conocer, según dijo, “una confesión íntima”. Desde que empezamos esta lucha después del fraude, “siempre creí que 2008 sería el año más difícil para nuestro movimiento, pero vean, terminamos bien y en 2009 nos va a ir mejor porque se van a sumar más mujeres y hombres conscientes y libres en todo el país”.

Con el entusiasmo que esta idea pintó en la mayoría de los rostros, la gente cantó el Himno Nacional y procedió a darse los abrazos de Navidad y Año Nuevo, diciéndose: “nos vemos el 25 de enero en el Zócalo, sí, adiós, adiós, felicidades, felicidades”. Parecía el convivio decembrino de una empresa, pero de una empresa homérica, titánica, ciclópea, hercúlea, colosal...

 
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