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■ Alfredo López Austin y el peruano Luis Millones publican Dioses del norte, dioses del sur

“Existe una indebida separación entre Mesoamérica y los Andes”

■ Abordamos paralelismos entre ambas culturas porque es necesaria una evaluación minuciosa y establecer lazos entre académicos de ambas tradiciones, explica el historiador mexicano

Arturo García Hernández

Ampliar la imagen "Hemos abordado los temas de las cosmovisiones mesoamericana y andina como una provocación", dicen los autores en la introducción del libro, publicado por Ediciones Era “Hemos abordado los temas de las cosmovisiones mesoamericana y andina como una provocación”, dicen los autores en la introducción del libro, publicado por Ediciones Era Foto: Carlos Cisneros

Mesoamérica y los Andes eran las dos regiones culturales más importantes del continente cuando llegaron los conquistadores españoles. En cada una se habían desarrollado civilizaciones con una cosmovisión compleja y refinada que se expresaba en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, actualmente los estudiosos de una se interesan muy poco en la otra y viceversa.

Convencidos de que por su riqueza e importancia las culturas andinas y las mesoamericanas merecen “una comparación tenaz e intensa”, los historiadores Alfredo López Austin, de México, y Luis Millones, de Perú, decidieron retomar y continuar el diálogo entre especialistas de ambas regiones, para lo cual han publicado el libro Dioses del norte, dioses del sur (Ediciones Era).

En la introducción del libro, los autores sostienen: “La riqueza de las tradiciones mesoamericanas y andinas exige evaluación minuciosa de las fuentes, análisis profundos de cada una de las culturas particulares que las componen, estudios de su desarrollo temporal, conocimiento de las cosmovisiones de los pueblos indígenas de la actualidad y, sobre todo, en el plano práctico, el establecimiento de múltiples lazos académicos entre especialistas de cada tradición”.

Añaden: “Hemos abordado los temas de las cosmovisiones mesoamericana y andina como una provocación. Va dirigida a todos nuestros colegas; pero sobre todo a los jóvenes investigadores que, si aceptan el reto, ampliarán notablemente su enfoque científico”.

Al respecto, conversa López Austin en entrevista.

–¿Este libro es pionero en el diálogo entre especialistas de una y otra área?

–No, de ninguna manera. Es un trabajo que sigue una línea de acercamientos que lamentablemente han sido muy pocos. No es el primero, pero es de los pocos que existen. Son dos mundos, el andinismo y el mesoamericanismo, que a mi juicio deberían estar muy vinculados. Pero, tal vez como herencia de una visión colonial, no podemos dialogar si no es mediante las metrópolis. Es algo que ha continuado como herencia incluso después de la independencia en este caso de México y de Perú. Es como yo me explico esta indebida separación entre los estudios de ambos mundos.

Uno de los especialistas mexicanos de mayor trayectoria y reconocimiento en el estudio de los pueblos prehispánicos, doctorado en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, aclara que de entrada no pretenden revelar nada: “realmente se trata de dos trabajos paralelos, que realizamos precisamente porque vimos la necesidad de que se estudien ciertas semejanzas, llamémoslas neutralmente por ahora, muy interesantes, y al mismo tiempo diferencias que también son de llamar la atención.

Síntesis de mundos muy ricos

“En otras palabras: queremos provocar interés entre los investigadores de una y otra áreas para que hagan comparaciones. Lamentablemente, los dos que emprendemos la tarea ya somos viejos y nos conformamos por ahora con tratar de incitar a los investigadores jóvenes, decirles que hay mucho por trabajar y por descubrir. Como mesoamericanista me dirijo a los andinistas, y Luis Millones, como andinista, se dirige a los mesoamericanistas. Queremos decirles a unos y otros que el libro reúne dos síntesis de mundos muy ricos, abrir una vía de interés para entendernos de manera recíproca.”

–En tanto, ¿qué paralelismos y diferencias vislumbran?

–Los paralelismos pueden suponerse, más que verse, a nivel de la religión. En el campo de las cosmovisiones, una de las cosas más interesantes son los mitos; hay mitos y también ritos paralelos. Entre los mitos paralelos un ejemplo sería precisamente el de la joven virgen que teje con el telar amarrado a su cintura y a un árbol hasta ahí llega un pajarito que tiene relaciones con ella y de esa relación nace un gran personaje, en el caso particular de Mesoamérica, el Sol. De ese mito también tenemos versiones modernas entre los mixes, por ejemplo. Es un mito que también vemos en la cerámica maya del clásico.

–¿Cómo explican esos paralelismos?

–No podemos ni pretendemos explicarlos. ¿Por qué? Porque primero es necesario estudiar a fondo, encontrar como éste muchos otros casos, no nada más en la mitología, sino también en el rito, en la iconografía; estudiar a fondo el material antes de hacer la comparación. Una vez que eso se determine, que tengamos bases suficientes y no meras apariencias, como hasta ahora se nos presentan, entonces sí hacer las comparaciones.

“No dudaría en afirmar, aunque es muy arriesgado decirlo, que hay una muy antigua concepción panamericana del cosmos; que los primeros pobladores de América y los primeros hombres que empezaron a ocupar el vastísimo territorio quizás no fueran tecnológicamente muy desarrollados, pero tenían un concepción cosmogónica muy avanzada. Incluso es posible encontrar lo que podemos llamar símbolos universales que rebasan el territorio y que ya traían los primeros hombres que venían de Asia.

“Pero como le digo, más vale por el momento dejar esas hipótesis interesantísimas y no abordarlas hasta que tengamos bases mayores, casos concretos para hacer comparaciones y entonces sí elaborar hipótesis más firmes.”

Indica López Austin que hay la certeza de contactos entre el mundo andino y el mesoamericano, pero no cree que sean suficientes en sí mismos para explicar mitos y prácticas paralelas.

–Por lo que toca a las diferencias, ¿qué puede decir?

–Tengo conflicto al estudiar Mesoamérica como superárea cultural, en la cual existen grandes semejanzas y grandes diferencias. Simplemente desde los puntos de vista étnico, lingüístico, geográfico, su historia misma. Estamos en un caldero total con todos estos pueblos tan diferentes que viven en ambientes tan diversos, unidos por un núcleo común del que surgen las religiones, el calendario, la organización social. Entonces, en este juego de semejanzas y diferencias, he preferido siempre empezar por las semejanzas, porque es lo que nos da la posibilidad de entender las diferencias.

“En el caso macro entre Mesoamérica y los Andes, quiero seguir el mismo camino: primero ver las semejanzas, como la que se da también en la organización política, donde hay gobernantes que representan los poderes masculinos del cosmos, y otros los femeninos. Eso nos hace sospechar que al menos hay una cosmovisión similar, no misma, pero similar, que políticamente produce los mismos resultados.”

El otro, espejo que permite verme por contraste

En ambos mundos la visión dual de los opuestos complementarios (masculino-femenino, cielo-tierra, vida-muerte) es “muy marcada”. Se puede encontrar en todo el mundo –precisa el autor de Cuerpo humano e ideología–, “pero en pocas culturas está tan señalada”.

A fin de cuentas –pondera Alfredo López Austin– lo que plantea Dioses del norte, dioses del sur es el estudio del otro: “el otro es el único espejo que me permite verme por contraste, por complemento o por oposición. ¿Por qué no nos entendemos a nosotros mismos a partir de la comparación con otros que pueden ser muy semejantes en ciertos aspectos?, para luego tomar esas semejanzas y esas diferencias y lograr algo fundamental para el ser humano: entender la construcción de la cultura, en un sentido amplio y profundo”.

Estos estudios comparativos permiten penetrar en los “misterios de la construcción cultural, entender cómo se crea todo ese tremendo sistema, definir los niveles y ver que hay elementos culturales que tienen milenios, otros nada más siglos, otros sólo décadas y otros que se hacen hoy a modo, y sin embargo pueden ser tan importantes como lo antiguo”.

En la actualidad “necesitamos saberlo, porque estamos en una etapa de destrucción de cultura; de un plumazo desaparecen milenios de construcción cultural, porque así conviene a muchos intereses, sobre todo a los de la globalización económica, que a partir de una visión hegemónica ni siquiera profunda, sino light, pretenden formar muy buenos productores y muy buenos consumidores, dóciles, sin el arraigo tan estorboso de las culturas profundas, sin las cuales el hombre se siente totalmente desarraigado y no le basta la cultura light para vivir una vida con sentido”.

 
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