Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 18 de enero de 2009 Num: 724

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La autobiografía lectora de Michèle Petit
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Excepto las cigarras
HÉCTOR KAKNAVATOS

El palacio no nacional
RENÉ ASDRÚBAL ANDRÉS

Vida y locura de Ken Kesey
RICARDO VINÓS

El paraíso inocente de Subiela
JUAN MANUEL GARCÍA entrevista con ELISEO SUBIELA

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

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Cabezalcubo
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UNA HERIDA PERDURABLE

CHRISTIAN BARRAGÁN


Principio de incertidumbre,
Jorge Fernández Granados,
ERA,
México, 2007.

Principio de incertidumbre es hasta ahora el alcance más depurado en la escritura poética de Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965). Con la aparición en 2000 de El cristal, bajo el sello editorial era , y Los hábitos de la ceniza , que le mereciera con justicia la concesión del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en su emisión correspondiente a ese mismo año, Fernández Granados presentó a las letras hispanoamericanas –acaso sin saberlo mas con seriedad y discreción– las cartas credenciales más acabadas de la poesía mexicana inaugural de este siglo. Con ellas, también cerró el primer círculo de su propia creación poética; a saber, aquel que comprende las limitaciones del aprendizaje y los vigorosos afanes de la búsqueda consciente de una respiración y una visión inédita marcada fuertemente por el arrojo en el tratamiento del lenguaje, donde en numerosas ocasiones logró momentos muy preciados. Esta primera parte, sin embargo, no debe ser vista como juvenil o novel, puesto que dichas consideraciones de ningún modo responden al conocimiento formal que el poeta demostró desde sus inicios con la publicación de La música de las esferas (1990) y El arcángel ebrio (1992), y después confirmado con la presencia de Resurrección (1995). Aparte de los frutos conocidos de cada poemario, esta primera figura que abarca más de una década de escritura y la edición de cinco libros debe ser atendida como la sucesión necesaria para llegar a esta reciente entrega. Principio de incertidumbre es, en consecuencia, la historia de una larga vida, poética e íntima, una música que sólo ahora reconocemos, pero que ya se venía insinuando en sus iniciales versos, cuando la incertidumbre habitaba su palabra, ante el silencio primero y luego ante la oscuridad, obligándolo a abrir su verdad al mundo –como declara el poema que abre este libro. Y aún desde mucho antes, cuando era apenas “aquel primer mudo animal del mundo/ todavía sin orillas”.

Desde las páginas de El arcángel ebrio, Jorge Fernández Granados ha expuesto con claridad sus preocupaciones primordiales como hombre y poeta ante el mundo y la escritura, de donde se sobrepone destacadamente la soledad, condición manifiesta a través del recuento del tiempo perdido y la urdimbre simultánea de la memoria recobrada. Hay una vida que se ha vivido, y un recuerdo olvidado que se ha recuperado gracias al poema. De ello dan constancia, aun cuando todavía titubeantes, “Causas”, texto de su segundo libro: “Porque olvido lo que olvido, y lo que he sido/ se me enrosca en la garganta...”; y el apartado iv de “El relámpago y el mar”, perteneciente a Resurrección: “Mi prisión no es de carne sino de tiempo” o “Tiempo y sólo tiempo es la enfermedad infinita que tengo.” En la obra posterior también se hallan las huellas de este mismo esfuerzo por responder a las exigencias de una memoria despoblada y una voz deseante por abandonar el mutismo. Así lo demuestran las líneas finales de la cuarta prosa del cuadernillo “Relación de maravillas susurradas en la oreja de un maniquí”, recogida en El cristal: “Para nacer basta cerrar los ojos, llamar a la puerta más delgada del silencio donde sólo basta recordar un nombre que hemos olvidado”; y de manera impecable “Exilio”, poema último de Los hábitos de la ceniza, que termina diciendo: “Algún día, cuando la maldición del tiempo se termine,/ tocará nuestra frente el agua de un umbral perdido./ Ese día estaremos de regreso.”

Sin ninguna duda, ese día ha llegado con Principio de incertidumbre; en él, las fracturas y deudas de ayer han sido redimidas con creces. El camino atajado por el autor no lo ha llevado a otro lugar, uno lejano, que no sea aquel que lo tenga de vuelta a la casa de “ladrillos asoleados” y “bulliciosa luz sobre las frondas”, de las polvaredas que levantaba el verano bajo la sombra de la vieja higuera, o de la fe en un fatigado sol de manzanilla; en fin, de las preguntas que se quedaron en aquella “noche de oficios en el frío” y de aquella olvidada “luz entre las paredes de ese patio” alumbrando el silencio y la memoria. Son pocos los poetas que poseen una obra tan honesta y profundamente comprometida con la vida como la escrita por Jorge Fernández Granados hasta este día, por eso, acaso como nunca antes, “hay que amarlos hasta que se vayan/ mirarlos hasta que desaparezcan/ oírlos hasta que el silencio/ detenga al fin su corazón/ herido todavía de palabras”. Y aún, después de aquella herida entrañable y perdurable: “Pues algo aguarda dentro de nosotros/ hasta ese día del encuentro/ con la maniobra que ya no es nuestra/ sino inescudriñable jugada en el juego/ del azar hecho ajeno el incierto/ dios del que surgimos/ o sencillamente el juego donde marcha/ secreto desbocado alerta/ lo único que nos distingue de los muertos:/ este corazón jugando.”



Reliquia,
Pura López Colomé,
Ediciones Sin Nombre/Conaculta,
México, 2008.

Poeta y traductora de larga y reconocida trayectoria, López Colomé ha publicado, entre otros libros, Aurora, Música inaudita, Intemperie y Tragaluz de noche. La presente “es una muestra del proceso de condensación que la experiencia tiene en [la] escritura” de la autora. “Reliquia, como lo indica su título, pero reliquia viva, presente, activa en el acontecer del poema.”



La jungla polaca,
Ryszard Kapuscinski,
Anagrama/Colofón/UANL,
col. Crónicas México, 2008.

Con la introducción, la traducción y un cuerpo de notas a cargo de Agata Orzeszek, se publica este volumen imprescindible de un autor ídem; aquél que, a principios de la década de los años sesenta, le mereció a su autor que, tras leer “una nota relatando lo que había visto en el Congo” un oscuro ministro polaco de asuntos exteriores le espetara su ignorancia bajo la forma de una descalificación: “usted no sirve para ser corresponsal en el extranjero”... El tiempo, desde luego, puso a cada quien en su sitio.