Usted está aquí: lunes 19 de enero de 2009 Opinión México SA

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Carlos Fernández-Vega
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■ Todos pierden en la guerra de cifras

■ La sacra famiglia ya reconoce la calamidad

Ampliar la imagen Las señales de debilitamiento de la economía son claras: las ventas bajan en una temporada en la que generalmente repuntan; la producción industrial se contrae y el sector servicios empieza a reportar cifras negativas ante la menor dinámica del mercado interno, comenta el CEESP Las señales de debilitamiento de la economía son claras: las ventas bajan en una temporada en la que generalmente repuntan; la producción industrial se contrae y el sector servicios empieza a reportar cifras negativas ante la menor dinámica del mercado interno, comenta el CEESP Foto: Carlos Ramos Mamahua

En eso de la cartomancia, pública y privada, sobre el futuro mediato e inmediato de la economía nacional, la guerra de cifras entre “optimistas” y “pesimistas” también se registró en los tiempos del autodenominado “cambio”, cuando en la primera recesión de “la era Bush”, a partir de 2001, los genios de la Secretaría de Hacienda y los del Banco de México ofrecían versiones encontradas, aunque de cualquier suerte ninguna de las corrientes (“optimista” la de Hacienda, “pesimista” la del Banco de México) ni lejanamente se acercó al resultado, aunque las huestes de Guillermo Ortiz estuvieron más cerca, pero no mucho, de atinarle.

Por aquellos no lejanos ayeres del presidente de la lengua larga y las ideas cortas, el juego más practicado entre la sacra famiglia económico-financiera público-privado era “atínale a la cifra”, una suerte de “melate” sobre el futuro económico nacional. Y era tan entretenido que sus integrantes indistintamente apostaban para saber quién acertaba al incremento de la inflación, al comportamiento del tipo de cambio, a las “cifras históricas” de empleo, al “ajuste” de las tarifas eléctricas, al “aumento” del crédito productivo, etcétera, etcétera, aunque por mucho el centro de la atención y de las apuestas era el crecimiento económico. Fue tal el grado de participación en este ameno juego, que hasta Martita Sahagún, todavía como vocera de Los Pinos, apostó su resto: “en México no hay crisis, ni plan B, ni emergencia, ni contradicciones, ni desaceleración económica”.

Nadie le atinó, muy lejos quedaron de las cifras reales, pero los únicos perdedores fueron los mexicanos: la economía decreció 0.3 por ciento y se eliminaron alrededor de 620 mil empleos formales, entre otras gracias, mientras la sacra famiglia “olvidaba” sus compromisos de crecer a 7 por ciento y generar un millón 350 mil empleos anuales, al tiempo que redoblaba apuestas en el “atínale a la cifra” correspondiente a 2002, y así sucesivamente hasta 2006, año en el que el gobierno de la “continuidad” hizo suyo tan popular juego.

Felipe Calderón y el gobierno de la lechera comprometieron 5 por ciento de crecimiento y un millón de empleos por año, entre su enorme inventario de promesas. Llevan poco más de dos años sentados en Los Pinos, y el resultado es calamitoso, comenzando por aquella promesa de “nunca más una crisis en México”. Perdieron feamente en eso de “atínale a la cifra”. En el periodo, ese 5 por ciento se convirtió, si van bien las cosas, en menos de la mitad, y en los hechos el número de empleos resultó inferior en más de 93 por ciento a lo comprometido. Ni hablar de inflación, poder adquisitivo, bienestar social, seguridad y conexos. De todas las apuestas, prácticamente no le atinaron a ninguna. Eso sí, los perdedores fueron los mismos: los mexicanos.

Pero no se arredra, porque a él le gustan los envites, y para 2009 su maltrecha bola de cristal lo llevó a apostar su resto por un “crecimiento” de 3 por ciento con “cifras históricas” en generación de empleo, por no citar otras jugosas posturas. Lo repitió hasta el exceso a lo largo de 2008, cuando otros tahúres de plano retiraron sus postas, ante la obviedad del panorama. A punto de comenzar el nuevo año por fin redujo a 1.8 por ciento el pronóstico, para desaparecerlo al día siguiente de los Reyes Magos. Cero por ciento de “crecimiento” con nula generación de empleo, es la nueva oferta de los “optimistas”, una estimación que motivó la risa de los “pesimistas”, quienes, dicho sea de paso y siguiendo la tradición foxista, tampoco atinaron el pronóstico.

A pesar del obvio cuan vertiginoso deterioro, la otra parte de la sacra famiglia, el “componente” privado, siguió el juego, el discurso y la apuesta del inquilino de Los Pinos: “fortaleza y solidez económica”; “navío de gran calado”, con un marino de agua seca al frente; “envidiable macroeconomía”, etcétera, etcétera, hasta que la crisis comenzó a pegarle a la gran empresa, cuyos propietarios operaban a la vez como voceros oficiosos del gobierno de la “continuidad”. Sólo hasta que el agua les llegó a los aparejos descubrieron la realidad real y a fuerza de impactos dejaron la realidad oficial que tanto pregonaron. Y no es novedad: lo traen en la sangre; sólo como ejercicio de memoria, hicieron lo mismo en el salinato, hasta que los “errores de diciembre” tiraron sus puertas.

A estas alturas, ese “componente privado” ya no habla de “fortalezas”, ni “gran calado”, ni “eficientes” marineros de agua seca. Mucho menos de “liderazgos ejemplares y visionarios”. No, ahora se queja amargamente por la carencia de visión y la “falta de apoyos”, los cuales, dicho sea de paso, ha tenido a manos llenas desde cuando menos el último cuarto de siglo. Cierto es que algunos de sus integrantes perdieron en distintas apuestas pero, con todo tipo de “apoyos”, han sido suficientemente hábiles para pasarle la factura a los perdedores de siempre: los mexicanos.

Y sólo con el agua hasta el cuello, uno de los distinguidos integrantes de la famiglia, el Consejo Coordinador Empresarial, decidió tirar el maravilloso discurso oficial al cesto de la basura, y a cambio intenta medir el alcance de la cruel realidad. Así, uno de sus organismos, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), ya no menciona las maravillas del régimen, sino el cruento “debilitamiento de la economía mexicana”, para la cual pronostica un desplome de 1.3 por ciento y una sanguinaria cancelación de puestos de trabajo en este agitado 2009, año en el que se tendrán que instrumentar acciones para evitar daños “mayúsculos”.

De tiempo atrás nítidas para el grueso de los mexicanos, el CEESP ahora reconoce que “las señales de debilitamiento de la economía son claras: las ventas bajan en una temporada en la que generalmente repuntan; la producción industrial se contrae y el sector servicios empieza a reportar cifras negativas ante la menor dinámica del mercado interno; las exportaciones caen a tasas cada vez más elevadas; la inversión se reduce incidiendo negativamente en el crecimiento de la economía; se pierde un importante número de empleos formales y permanecen algunas presiones inflacionarias. Prevé que el PIB para 2008 habrá reportado un avance de 1.4 por ciento, después de que el último trimestre del año mostrara una caída de 1.2 por ciento, periodo en el que se reflejó el impacto de la crisis mundial, en especial la de Estados Unidos”, un país cuyas riendas, a partir de mañana, toma Barack Obama, quien ya no tendrá pretextos para demostrar que efectivamente viene a cambiar las cosas.

Las rebanadas del pastel

En julio de 2008, el carismático Germán Martínez prometió “guanajuatizar el país en 2009”. Bien a bien, nadie supo a qué se refería el también mochoacano, pero ya el sacerdote disfrazado de alcalde blanquiazul de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, ha clarificado a los electores a qué se refería el muy moral dirigente nacional panista, aunque ahora éste intente deslindarse.

 
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