Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 25 de enero de 2009 Num: 725

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Historias del país portátil
ESTHER ANDRADI entrevista con VÍCTOR MONTOYA

La función ha terminado
LETICIA MARTÍNEZ GALLEGOS

Poemas
NUNO JÚDICE

Las nubes, Paz, Sartre y Savater
FEBRONIO ZATARAIN

Estados Unidos, los afroamericanos y la montaña racial
EDUARDO ESPINA

Ricardo Martínez In memoriam
JUAN GABRIEL PUGA

Leer

Columnas:
Fait Divers
ALFREDO FRESSIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Rogelio Guedea
rguedea@hotmail.com

Traducciones

Traducía un fragmento de los Diarios de Samuel Butler (no recuerdo ya desde hace cuándo vengo transcribiendo en esta libreta frases que voy tomando de aquí y de allá) cuando, de pronto, recordé una frase que había leído en algún otro libro. Aunque el sentido literal de la frase de Butler no era igual al de aquella frase que emergía repentinamente del olvido, el espíritu del pensamiento las hacía hermanarse en la distancia. Me detuve un instante frente al ventanal (mirando de vez en vez las aguas del río Leith) y luego, con una naturalidad infrecuente, volví los pasos y saqué el tomo trece de mi ya desgastada enciclopedia El tesoro de la juventud, que yo leía siempre –cada noche de cada día- adosado a la lamparita de mi buró. Abrí al azar el tomo en la página 148 y en ese mismo instante se me dio el mundo en dos manos. Leí: “no me importa mentir, pero odio la inexactitud”. Debajo de la frase, la firma: Samuel Butler. Volví a los Diarios y verifiqué: “I do not mind lying, but I hate inaccuracy”. Entre una frase y otra pendía una distancia de casi veinticinco años, que fue cuando seguramente la leí. Ahora –a miles de kilómetros de distancia- volvía a unirse un eslabón perdido, un puente colgante del tiempo, una delgada luz que había permanecido en silencio y que, en este instante, me recordaba que nunca nada en la vida está perdido definitivamente.