Usted está aquí: miércoles 4 de febrero de 2009 Opinión Isocronías

Isocronías

Ricardo Yáñez

■ Buenos aires tapatíos

Dedicado a Astor Piazzolla: “Doy un grito ¿Qué importa/ si no hacés más que tocar para mí/ si hablabas de mí?// No siento la ropa sino tu bandoneón/ que ruge como un león viejo/ brota del río como un hombre/ con lágrimas/ y los perros de Buenos Aires me muerden/ todos juntos.// Yo decía: –La esquina al otro lado del mundo/ donde el spleen ronca y los malvones que dejé/ el Olimpia a la vuelta.../ Suena siempre la calle donde/ iba a morirme.// ¡Cómo llueve en el disco!” El fragmento anterior procede de un poema de Lisi Turrá, poeta argentina radicada en Guadalajara y autora del libro Vía, publicado, me informa David El Negro Guerrero, “en tierra de huicholes”.

El sábado asistimos Lilián Nepote y yo en la Perla Tapatía (o “la Perra Apatía”, según ironiza El Negro) al cumpleaños “223” de cinco personas abocadas a o invocadas por las letras (la cifra es la suma de sus varias edades): Turrá, Lucía Rostro, Ana Lilia Larios, Arcelia Ortiz y Raúl Bañuelos. De éste vale mucho la pena oír lo siguiente: “Uno es solo./ Toma café con agua de tierra./ Tiene la boca de papel cartón./ Tiene a veces compañía.// Uno es solo./ Toma una guitarra entre los dientes/ y no canta. No tiene sal/ para ciertas amarguras. Es a veces/ compañía./ Allá cada y cuando muerde dulcemente/ una naranja buena. Y no tiene su soledad.// Uno es solo: de por sí solo./ Duerme de sus propios sueños o trabaja./ Y despierta al mundo a vivir una gota del temporal./ Es así. Pasa un trago, dos-tres tragos amargos. Da/ lo que es, o se queda solo.// Uno amanece. Y al abrir los ojos/ asoma a la ventana: el mundo es dos gatos, un poste/ unas voces en la lejanía. Recuerda su sueño”.

De por el Cabañas nos trasladamos casi todos a la terraza del hotel del Parque, a donde, luego de muchos años de reunirse en un café cercano, “el Gardel”, por cambio de administración migraron “los periqueteros”, comandados por el siempre de buen humor Arturo Suárez. El “periquete”, invento de Arduro Suaves, como también gusta firmar, es una frase corta, incisiva, una movida de tapete lingüístico podría decirse, con su pizca de sonrisa. De los de Suárez el que más gusto de recordar es: “Una limusina por el amor de Dios.” A Bañuelos, Premio Jalisco de Literatura en 2004, lo vi también el domingo (nos acompañaron dos regios que escriben, los jóvenes Isaac Cisneros y Gabriela Puente). Raúl nos dio el número 61 de la revista zacatecana Corre, conejo. En él publica Suárez 10 periquetes, de los cuales recogemos dos que más parecen sentencias: “los adictos a la imagen no soportan una línea tipográfica” y “como no saben cantar les tienen que hacer videos”. También roló Raúl la hojita del taller Al gravitar rotando, que coordina Óscar Tagle, sobre todo de narrativa breve. Otro Raúl, Aceves, en la sesión de periquetes nos dio su libro Más acá del más allá, editado por La Zonámbula.

 
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