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■ Llevó por el mundo la fusión de ritmos prehispánicos y la tecnología moderna

En un sueño terminó la vida del etnomúsico Jorge Reyes

■ Sus conciertos de Día Muertos en CU, una reivindicación de las culturas mesoamericanas

Jorge Caballero

Ampliar la imagen Jorge Reyes en el Espacio Escultórico, en 2004 Jorge Reyes en el Espacio Escultórico, en 2004 Foto: Marco Peláez

La madrugada del sábado murió el etnomúsico Jorge Reyes a causa de un paro cardiaco. Se quedó dormido en su estudio y ya no despertó. Sus restos serán cremados hoy. Le sobreviven sus hijos Citlalli, Ridwan y Eréndira, y Ariane Pellicer, su mujer.

Sus amigos encendieron velas y formaron con los instrumentos musicales del artista un altar adornado con dos fotografías en blanco y negro de Reyes, así como una alfombra de pétalos alrededor del féretro. Cuatro grandes ramos custodiaron el ataúd, mientras algunas personas hicieron sonar las flautas de barro y los tambores que Jorge Reyes utilizó en alguna parte del mundo o en el país que lo vio nacer hace 57 años.

Ariane Pellicer definió a su compañero: “Fue un ser que jugó con la música antigua y la moderna, que iba muy adelante de su época, por eso todo mundo lo va a recordar, por creativo y buena persona, que amaba a sus hijos y familia”.

Autodefinido como etnomúsico, Jorge Reyes es considerado uno de los artistas más reconocidos en la escena musical contemporánea mexicana, su obra abarca un amplio rango de experimentación sonora, incorporó instrumentos prehispánicos a la música rock, jazz y electrónica y creó su propio género musical, el cual definió como tloque nahuaque (música corporal con canto armónico).

Reyes nació en 1952 en Uruapan, Michoacán, estudió flauta transversa en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) antes de optar por un estilo propio. En la década de los años 60 hizo un viaje a Europa en una aventura de aprendizaje musical que le llevó a Alemania, donde estudió música clásica, electrónica y jazz. También viajó a India donde estudió la música tradicional hindú y tibetana.

A su regreso a México formó los grupos Al Universo y Nuevo México, hizo sus primeras fusiones mezclando rock con instrumentos mesoamericanos como el teponaztle, caparazones de tortuga y caracol. En 1980 fundó con Armando Suárez el grupo Chac Mool. Fue flautista y guitarrista de la agrupación e imprimió sus conocimientos musicales en cuatro discos y le dio al grupo su característica esencial: la creación de atmósferas con letras profundas que trasladaban al escucha a un mundo fantástico.

La aparición de Chac Mool coincidió con el boom del rock mexicano; la instrumentación del conjunto fue pionera al incorporar violoncello, mandolina, timbales, sintetizadores, flauta e instrumentos prehispánicos.

En 1985, Chac Mool se disolvió y Jorge comenzó una prolífica carrera de solista que le llevó a ser uno de los músicos mexicanos más reconocidos del mundo. Jorge Reyes se caracterizó por presentar música popular mexicana y por concebir sus conciertos como ceremonias rituales prehispánicas, en las cuales sintetizó sus investigaciones musicales y viajes para formular lo que es la columna vertebral de su propuesta sonora: la mezcla de sonidos autóctonos y prehispánicos con la tecnología musical avanzada de los procesadores de sonido, armonizadores, ecos y sonidos guturales. Ejemplo de ello fueron los tradicionales conciertos que ofrecía el Día de Muertos en el Espacio Escultórico de la UNAM, una reivindicación de los principios sagrados de las culturas mesoamericanas, donde el músico aparecía como jaguar.

El cubano Piro, fundador del grupo Ritmo Peligroso, dijo: “La muerte del gran Jorge Reyes es una gran pérdida para la música mexicana; conviví con él muchas veces a través de los años, nuestra amistad se remonta a finales de la década de los 70 cuando todavía colaboraba con Nuevo México. Dejó un legado musical muy importante”.

Jorge Reyes grabó 26 álbumes, destacan: A la Izquierda del Colibrí (1985), Comala (1986), Ek Tunkul (1987), Viento de Navajas (1988) y la obra fundamental Bajo el Sol Jaguar (1991). Además de Nierika (1989) y El costumbre (1993), entre muchos otros.

 
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