Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de febrero de 2009 Num: 727

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La divinidad se ancló en Machu Picchu
ROSA NISSÁN

Dos poemas
ELENI VAKALÓ

Cine vasco: censura y autocensura
BLANCHE PETRICH entrevista con FERNANDO LARRUQUERT

La izquierda en Euskadi
BLANCHE PETRICH

La vida de Conejo John Updike
CECILIA URBINA

El poeta como crítico de la poesía
RICARDO VENEGAS entrevista con JOSÉ MARÍA ESPINASA

Carta de Felice Scauso, embajador de Italia en México

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Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

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FELIPE GARRIDO

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Manuel Stephens

La danza océana

“La danza ha sido hasta hace muy poco completamente ingenua: una niña afable y dócil criada en el teatro y en la corte, donde se le enseñaba a ser juvenil, bonita y graciosa”, con estas palabras inicia el primer capítulo, La bella durmiente, de The Art of Making Dances (que en la traducción al español publicada por la unam en 1981 se titula La composición en la danza), libro en el que Doris Humphrey teoriza sobre el arte del movimiento. La cita anterior deja ver, de entrada, la oposición a los cánones de la danza clásica que condujeron a la creación de la danza moderna. Humphrey es, junto con Martha Graham en Estados Unidos, una figura absolutamente revolucionaria; suyo es el ahora principio básico para la danza: caída y recuperación. Paradójicamente, de seguro bajo el influjo de un mecanismo patriarcal, su técnica se conoce ya casi exclusivamente con el nombre de su alumno estrella José Limón. La investigación que realizó Humphrey es el resultado de años de creación artística, en la que participan también Charles Weidman, Limón y una figura prácticamente desconocida, pero que fue fundamental para la fundación de la compañía Humphrey-Weidman a finales de la década de 1920: Pauline Lawrence.


Doris Humphrey

La danza océana de la escritora francesa Claude Pujade-Renaud (Ediciones La Rana/Conaculta, 2007) es una biografía novelada de Humphrey que rescata también el legado de los coreógrafos y bailarines mencionados, y por cuyas páginas transitan asimismo otros personajes fundamentales de la danza de la primera mitad del siglo xx . La novela es profusa en información que un estudio académico no consideraría, como el hecho de que Humphrey era sordo del oído izquierdo, lo cual toma como pretexto para evitar las clases de música que le imponía su madre pianista y subrayar su vocación dancística. Contiene datos biográficos esenciales, como su ingreso a la Escuela Denishawn, dirigida por Ruth Saint Denis y Ted Shawn, donde conoce a Martha Graham (de quien Shawn en un principio vaticinó que nunca sería bailarina), con lo que se inicia una rivalidad artística que se trasladará a Nueva York cuando ambas fundan sus respectivas compañías y crean sus propias técnicas.


José Limón

Tras su ruptura con el exotismo de Denishawn, Humphrey, Weidman y Lawrence inician un periplo creativo en un contexto histórico adverso. Su compañía se funda un año antes del desplome de la bolsa que da inició a la Gran Depresión y trabaja hasta 1944, viviendo así los embates de la Segunda guerra mundial. Entregados a su labor coreográfica, Humphrey y Weidman logran el éxito en gran medida debido al apoyo incondicional de Lawrence, que se desempeñaba como pianista, vestuarista, iluminadora, gerente y cuanta actividad hubiera que realizar para el bienestar de la compañía. Una vez obtenido el éxito, la voz siempre certera y práctica de Lawrence hace hincapié en la constante precariedad con que sobrevivían. Weidman quería que la compañía abordara temas políticos, postura con la que Humphrey no estaba de acuerdo: “Como Martha Graham –dice Weidman–, nos hemos vuelto, y casi sin saberlo, el establishment de la danza moderna.” “–¡Qué clase de establishment constantemente en bancarrota!” –ríe Pauline sarcásticamente. Este “trío profano”, como se autonombraban, al que posteriormente se sumará Limón, vivió en un tipo de comunidad que en mucho se adelanta a los ideales que se enaltecerán en los sesenta y crearon obras sumamente vanguardistas para la época: coreografías sin música, utilización de la voz, fusiones entre pantomima, teatro y danza, escenarios móviles que manipulaban los bailarines. La novela rescata varias coreografías desde el inicio del proceso creativo hasta sus estrenos, por lo que es también un documento valioso en este sentido. En la novela de Pujade-Renaud también hay un fino uso del sentido del humor, como cuando retrata el puritanismo de Saint Denis o el purismo y rigidez de la Graham, quien prohibía a sus alumnos contaminarse del trabajo de sus colegas y quien, al enterarse del embarazo de Humphrey, comenta: “Doris bien puede tener un hijo, yo tengo mi técnica.”

La danza océana es una novela que entrañablemente sigue hasta el final a Humphrey y sus co-protagonistas; la escritora logra reconstruir fielmente y con un gran conocimiento dancístico toda una época de innovaciones. Reproduzcamos la que es quizá la frase más conocida de Doris Humphrey: “Bailar es apartarse de una precaria posición de equilibrio y regresar a ella. Caer, recuperarse, volver a caer. Un arco entre dos muertes, de alguna manera.”