LA DEFENSA DE LO PROPIO

Diversos como pudieran parecer los artículos, imágenes e informaciones que abigarran este mes las páginas de Ojarasca, todos apelan a lo mismo: la defensa de lo propio por parte de los pueblos indígenas de México y las Américas. Ante el escenario de crisis financiera, guerras, devastación y abierta criminalidad en las altas esferas de los poderes nacionales e internacionales, la resistencia es también una realidad global de nuestros días.

Zapotecas de la Sierra Juárez , mixes de Jaltepec, p'urhépechas de Zirahuén y Ocumicho, mam de Guatemala, mapuches de Chile, las tribus amazónicas kichuas, cofanes, secoyas y achuar de Ecuador. Son apenas una muestra de todo lo que se resiste hoy en nuestras tierras al capitalismo, decrépito y aún así dañino y artero.

De otro modo lo mismo, la trepidante carta del escritor judeofrancés Jean-Moïse Bleitberg al presidente de Israel no es sólo una acusación a la desvergüenza del regimen israelí, sino un reconocimiento a los derechos del pueblo palestino a tener tierra, país y futuro.

En México, la lucha por la autonomía y la autodeterminación de los pueblos indios es nacional precisamente por desarrollarse en cada lugar, específica y legítima. De Alaska a Chile avanza la avaricia del capital, no nos suelta la garganta ni cuando se disfraza de “conservacionismo”, como en la Lacandona , la meseta p'urhépecha o la sierras de Oaxaca. Lo mismo experimentan las comunidades de los pueblos indígenas en Brasil, Venezuela, Colombia, Perú, Canadá. A principios de 2009, la sangrienta farsa de Laguna del Tigre, Guatemala, desnudó el verdadero rostro de la “protección de las selvas”, no tan lejos de las acciones de Texaco-Chevron en Las Guantas de la jungla ecuatoriana.

En tal contexto, la nueva Constitución de Bolivia, promulgada el 7 de febrero, es la primera del continente que restituye la dignidad y la centralidad de sus pueblos originarios para la Nación. Frágil e insuficiente, marca un hito que no podemos ignorar.

Grandes y pequeños, los episodios se suman en las Amerícas, El 30 de enero, la comunidad ngöbe de Charco La Pava , en el río Changuinola, privincias de Bocas del Toro, Panamá, aprovechó la visita de un relator de la onu para confirmar su rechazo al proyecto hidroeléctrico Chan 75. Resulta que las comunidades indígenas y su territorio fueron “concesionados” a la empresa aes Changuinola por el gobierno panameño, sin tomar en cuenta los derechos de los pueblos que ahí habitan, y que también rechazan ser reubicados. Cuentan con el apoyo de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas de Panamá (Conapip).

Dicen en un documento: “La forma inconsulta, sin mediar consentimiento ni información generó el descontento”. Y más, luego de la brutal represión policiaca que sufrieron el 3 de enero de 2008, sin que hasta el momento se hayan investigado los atropellos. “La comunidad resiste las constantes violaciones sus derechos colectivos, los hostigamientos y las detonaciones y trabajos día y noche”.

La globalización del enemigo tiene los efectos locales y particulares que se quiera, pero en todos los casos implica una cancelación del futuro, un proyecto de muerte. Los pueblos, alimentados por su pasado, caminan la esperanza concreta de un porvenir dónde seguir existiendo. En la conciencia de lo propio radican su libertad y su razón de vida.

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