Opinión
Ver día anteriorMiércoles 25 de febrero de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Tocar fondo
T

ocar fondo es una sentencia que se repite con frecuencia. Pienso que esa idea se utiliza en muchas culturas y en muchos lenguajes. Suele usarse, sobre todo, en forma individual, aunque, en ocasiones, hace referencia a lo que sucede en la comunidad. La expresión siempre alude a hechos negativos, a condiciones adversas. Se supone que la persona toca fondo cuando conoce e identifica todos los factores desfavorables que condicionaron el problema. Las sociedades lo hacen cuando controlan algunas de las circunstancias que amenazan la convivencia o frenan el deterioro del grupo.

Tocar fondo significa haber reconocido los agravantes y, de ser posible, iniciar su manejo. A escala individual es más factible modificar el entorno y tener éxito. En el ámbito comunitario las posibilidades de recuperación son magras: son muchos los actores, poca la voluntad de los responsables y demasiadas las mermas acumuladas. Ni la historia, ni quienes la escriben, suelen perdonar.

La epidemia de neologismos modernos, creados por las necesidades de los tiempos y por la imposibilidad de los lenguajes para significar lo que sucede en la sociedad y con las personas no es gratuita. Es una respuesta obligada a lo que sucede en la realidad y a los tiempos que cambian sin cesar. Es una respuesta de la sociedad para ubicarse, al menos, por medio de palabras, en el mundo y en el lenguaje del mundo. Cualquier persona que lea la vida inventa, por necesidad, algunas expresiones para interpretar las nuevas realidades.

Leer la vida es sinónimo de un abecedario donde se agrupen esos neologismos, abecedario que, en un futuro, se arropará bajo el nombre Diccionario de las infamias. Dentro de las inagotables imágenes que dan voz a esos neologismos, sinpapeles es una de las más socorridas y una de las más lamentables. Unos escriben sin papeles, otros, sin papeles; yo prefiero sinpapeles. Describen lo mismo: seres despojados de su historia y de su tierra. Sinpapeles: seres expatriados del correr de la vida. Para muchos sinpapeles la profundidad del mundo es ilimitada: no existe el fondo. En una y otra tierra, de uno y de otro color, por una y otra sinrazón hay cada vez más sinpapeles.

Un ejemplo, dentro de una miríada de vivencias, para ilustrar la imposibilidad de alcanzar el fondo y demostrar el fracaso de palabras como dignidad, futuro, esperanza. Hace unos días la prensa informó que en el centro de la isla de Lampedusa, al sur de Sicilia, un grupo de inmigrantes ilegales tunecinos retenidos en el centro donde estaban alojados provocaron desórdenes y un incendio en protesta por la prevista repatriación de 107 de ellos. Dos días antes del incendio los inmigrantes habían iniciado una huelga de hambre y algunos habían intentado escapar. Aunque no hubo heridos de gravedad, 24 personas, entre ilegales y agentes, resultaron intoxicadas.

Con buen tino los rotativos escriben ilegales y no ilegales para referirse a los tunecinos. Con la misma certeza que los hizo abandonar Túnez, los inmigrantes decidieron continuar arriesgándose. Emigrar, con todo en contra, como lo hacen los sinpapeles, prender fuego a su celda e intentar fugarse a sabiendas de que se juega la vida bien retrata su estatus ilegal, los significados de llamarse sinpapeles y la desesperanza que invita, a esta población, a despojarse de todo. A despojarse porque nada tienen; a despojarse incluso de sus vidas porque poco pierden. Lo sucedido en la isla representa bien la idea de que para muchos el fondo no existe. Un nuevo fondo sigue al previo, una nueva desazón supera a la anterior. Por eso son ilegales: porque la falta de legalidad de sus países los expulsa y porque la nación que los acoge los considera no gratos.

De nada sirvió a los ilegales de Lampedusa sortear la muerte en el mar y emigrar tras haber escalado algunos de los fondos tunecinos. La cruda realidad del mundo contemporáneo excluye, aplasta e impide respirar. Hoy el mar sigue tragándose ilegales y los desiertos continúan sepultando indocumentados. El mar, el desierto, y el ser humano son insaciables.

Aunque es imposible predecir el futuro, es válido especular. La apuesta, al hablar de los sinpapeles, es saber cuánto tiempo más pasará hasta que los políticos del mundo les regresen a los sinpapeles sus documentos para poder vivir como seres humanos.