Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de marzo de 2009 Num: 731

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Henning Mankell: de la saga al sentido
JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ

Desayuno en Los Pinos
MARCO ANTONIO CAMPOS

Dos poetas

Retorno al mar natal
RICARDO VENEGAS entrevista con JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Darwin y El viaje de la Beagle
RICARDO BADA

Buda y la caja de chocolates
ROBERTO GARZA ITURBIDE

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Retorno al mar natal

Ricardo Venegas
entrevista con Juan Domingo Argüelles


Foto: Luis Humberto González/ archivo La Jornada

Poeta que vuelve a las obsesiones temáticas de una obra fecunda y honda, Juan Domingo Argüelles (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1995) recorre la geografía del poema a través del impulso vital que nutre su obra; el autor de Como el mar que regresa (1990), Canciones de la luz y la tiniebla (1991) y Cruz y ficciones (1992), Agua bajo los puentes (1993), A la salud de los enfermos (1995), Piedra maestra (1996) y Las aguas del relámpago (1997), entre otros libros, sabe que sólo se vuelve a la poesía regresando a la infancia.

– ¿En qué medida es importante la crítica para la poesía?

– La crítica es importante, pero la autocrítica es fundamental, es decir, crítica, para muchos, es el elogio que se da merecida o inmerecidamente. Para otros es la devastación o la demolición de ese material, independientemente de que sea bueno o malo y en función más bien del gusto del que crítica. Las enemistades o la actitud ante la poesía son importantes. Muchas veces estas fronteras de la crítica se diluyen, acaban perdiéndose por lo que uno observa: lo mismo elogian un buen libro que uno malo. Un libro bueno lo mismo es denostado que elogiado. A veces en una misma revista o suplemento cultural, en una misma página, aparecen reseñados dos libros favorable y entusiastamente, cuando nosotros, si hemos leído, sabemos que uno de ellos es pésimo y el otro puede ser bueno y merecer el elogio, quizá no entusiasta pero sí optimista. Uno se da cuenta de que a veces no existe diferencia entre una y otra cosa. Lo mismo se consigue una reseña favorable con un libro malo que con uno bueno, esto no nos indica demasiado para lo que uno se propone; la parte del poeta es la autocrítica. Siempre será posible ser poeta, pero es más frecuente no serlo y sin embargo estar convencidos de que lo somos.

– ¿Qué nos puede decir de la poesía joven?

– Leer a los poetas jóvenes y estar constantemente ante su obra, producto de trabajar en una revista que publica a jóvenes, o bien al impartir talleres literarios como el que tuve en Celaya, en el que la mayoría son jóvenes, aunque no es un taller para jóvenes, sino para cualquiera que desee estar en él; normalmente son los jóvenes quienes acuden a los talleres, asisten personas que desean ser poetas y que creen que pueden mejorar su escritura o al menos conseguir las herramientas que les ayuden a expresarse mejor. Hay muchos jóvenes que escriben y muchas posibilidades para los que trabajan. A veces da la impresión de que esa multitud que escribe se conduce a un facilismo que, si no se combate con autocrítica y con crítica, acaba siendo un problema. Puede haber muchos libros de poesía, muchas publicaciones, pero la cantidad no necesariamente indica que hay buenos poetas. Yo creo que los jóvenes son muy diversos, hay de todo. En pocos podemos hablar de madurez prematura, en otros hallamos que no sólo estiman la crítica, sino que tienen autocrítica y constantemente tienen la posibilidad de mejorar sus textos. Hay otros que aún no conocen este proceso, porque no se han acercado a ninguna de estas posibilidades. No lo conocen porque no tienen interés en él, piensan que con lo que hacen está bien; hay otros que de plano no sólo no lo conocen, no sólo están ignorando esto y huyen de ello, sino que ni siquiera perciben que la poesía exige algo más que la simple escritura, independientemente de becas, premios, canonjías, o sencillamente de ciertas facilidades para publicar. Al igual que en otras generaciones, hoy se está dando entre los jóvenes esta diversidad de características, de estadios, de momentos de la poesía. Sigo creyendo que los prestigios no hacen la calidad del poeta; en México lo que se requiere es leer con atención a muchos poetas incluso con prestigio, cosa que la gente no suele hacer. ¿Por qué? Porque el prestigio lo salva a uno de reflexionar, de pensar, lo libera a uno de estudiar a los autores, porque basta que fulano de tal tenga prestigio de buen poeta para que todos los demás podamos creerlo o repetirlo y asumirlo como tal sin complicarnos. El gran escritor francés Jean de la Bruyère (1645-1696), crítico de las costumbres y de las falsas certezas, decía: “No es tan fácil hacerse un nombre con una obra perfecta como hacer valer una mediocre por el nombre ya adquirido.” Lo mismo pasa con los jóvenes, hay quienes desde ahora tienen un panorama muy halagüeño en función de que ya han comenzado a hacer cosas que muchos les elogian o favorecen. Pero también es un riesgo que ésos a quienes tanto elogian sean quienes menos concepto crítico tienen del trabajo literario. En resumidas cuentas, la poesía joven adolece de los mismo defectos que puede padecer la generalidad de la poesía si no se cuidan ciertos aspectos que me parecen fundamentales. ¿Qué es lo que busca un poeta cuando escribe? Si lo que busca es edificar una obra, eso será independiente de talleres, premios, becas, de que se los den o se los nieguen, y esto lo digo en función de que quien sea poeta lo será independientemente de esas cosas.

– Dice Octavio Paz que el hombre es un niño desarrollado del cual dependía rescatar la infancia para regresar al niño con dignidad...

– Exacto. Esa es la diferencia entre el poeta y el que no lo es. Mucha gente piensa que la falta de vivencia se puede sustituir de alguna manera con fantasía o con erudición. Falso. Puede ser válido para un narrador o un ensayista, para quienes van a tocar el mundo de otra manera (la fantasía y la erudición les pueden servir mucho). Un poeta fundamentalmente no fantasea, lo que hace es hablar de la experiencia propia y de la vida que le ha tocado junto a los demás; por ello Neruda dice: “Yo estoy aquí para contar la historia”, y la historia que Neruda cuenta no es la del historiador, sino la que atañe a todos los hombres, la íntima.