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Salvador Novo hizo el guión del espectáculo; Blas Galindo musicalizó

Resplandor teotihuacano tuvo un precedente exitoso en los años 60

Entonces fue considerado símbolo de la actitud del México nuevo

Ana Mónica Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Lunes 23 de marzo de 2009, p. a13

En el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz se puso en marcha por primera vez un proyecto de luz y sonido en Teotihuacán. A diferencia de Resplandor teotihuacano, el que ahora se pretende montar en la zona prehispánica, ese espectáculo contó con la participación de destacados artistas e intelectuales de la época.

El escritor Salvador Novo fue artífice del libreto, con la colaboración, en la música, del compositor Blas Galindo y la interpretación de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Con ese proyecto multimedia se conmemoró el Año Internacional de Turismo, en 1967, y se consiguió resaltar las actividades culturales en torno a los Juegos Olímpicos de México 68.

Los organizadores advertían al público acerca del espectáculo nocturno: “Obvio es decir que no se trata de una escueta y rígida lección de historia, sino que en el juego visual y auditivo de los elementos poéticos nos ponemos en contacto con las leyendas mitológicas y con la sensibilidad de los pueblos nahuas, para así entregarlos a la realización de un espectáculo capaz de deleitar, por cerca de una hora, a un público numeroso y de asomarlo in situ al pasado mágico de nuestra patria”.

En el espectáculo que se realizó entonces en la Ciudad de los Dioses participaron los actores y actrices más eminentes del país, quienes dotaron de voz a las deidades prehispánicas, así como a diversos personajes del legendario mundo de los antiguos pobladores de la zona.

A diferencia de Resplandor teotihuacano, polémica iniciativa que pretenden echar a andar el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el gobierno del estado de México, Teotihuacán, ciudad de los dioses fue en los años 60 un proyecto innovador, avalado por todos los sectores de la sociedad, y deslumbró en las noches a propios y extraños, con un montaje preparado por la empresa Philips.

Actores de renombre

Los dioses y personajes que se hacían presentes eran Quetzalcoátl, Mictlantecuhtli, Nanahuatzin, sacerdotes, La Luna, El Sol, La Hormiga y una amplia gama de seres míticos en voz de histriones como Ignacio López Tarso, Magdalena Ruvalcaba, Manolo Fábregas, Sergio Bustamante, Raúl Dantes, Bruno Rey, Narciso Busquets y el mismo Salvador Novo, entre muchos otros.

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Entonces se llamó Teotihuacán, ciudad de los dioses, y emulaba espectáculos realizados en otras partes del mundo, argumentaban sus promotores. En la imagen, Salvador NovoFoto Archivo

Fueron dirigidos por Emile de Harven y promovidos por el entonces llamado Departamento de Turismo del gobierno de México, que encabezaba Agustín Salvat.

A manera de explicación, los promotores del show multimedia plasmaron en un folleto: “La instalación del espectáculo de luz y sonido en Teotihuacán, y la oferta de su disfrute al público, son simbólicas de la actitud del México nuevo: con los medios técnicos de hoy, honra y exalta las hazañas creadoras de los hombres que en un ayer remoto poblaron su suelo, forjaron una cultura –y nos legaron en los monumentos de Teotihuacán una eterna lección de los milagros que alcanza a realizar la fe en el destino, cuando los hombres se congregan, conviven y participan de los bienes de la naturaleza; cuando veneran a los elementos nutricios de la tierra, el sol, el agua– patrimonio común de la humanidad, y con ellos forjan prosperidad y belleza”.

Para la versión en inglés del libreto elaborado por Novo se contó con el autor briánico Victor Sawdon Pritchett y con las voces de actores y actrices de renombre internacional.

La grabación fue realizada en Hollywood bajo la dirección de Emile de Harven, coordinador y director general de ambas versiones.

En esa época –argumentaba Agustín Salvat– emulaban con el montaje de luz y sonido otros espectáculos que se realizaban en sitios y monumentos históricos en otros puntos del orbe, como las pirámides de Gizéh, en Egipto; las ruinas del Partenón, en Grecia; el foro romano, en Italia, o el castillo de Versalles y los jardines y palacios de Francia.

“Estamos en Teotihuacán –escribió Salvador Novo–, a muy corta distancia de la ciudad de México. Un viaje de pocos minutos en automóvil nos ha traído frente a lo que fue la ciudad sagrada: Teotihuacán, que quiere decir ‘el lugar donde se hacen los dioses’.”

El otrora cronista oficial de la ciudad de México y dramaturgo puntualizaba: Hacia el siglo II de nuestra era, un pueblo pacífico, religioso y artista, se aposentó a vivir en este valle de buena tierra; desarrolló una cultura cimentada en la filosofía de sus mitos y construyó las pirámides que muchos siglos después contemplan nuestros ojos.