Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de marzo de 2009 Num: 734

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Encuentro iberoamericano de poesía Carlos Pellicer
JEREMÍAS MARQUINES

Dos poemas
KIKÍ DIMOULÁ

Veinticinco años larvados
ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

Crónica de una migración El caso Querétaro
AGUSTÍN ESCOBAR LEDESMA

Imagen de Julio Cortázar
IGNACIO SOLARES

Cortázar y la mermelda
EMILIANO BECERRIL

La literatura como un viaje emocional
JUAN MANUEL GARCÍA entrevista con SANTIAGO RONCAGLIOLO

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Enrique López Aguilar
alapiz@hotmail.com

Vivir con El Quijote

No es infrecuente que se establezcan comparaciones entre el arte y la vida; a veces, dependiendo de quien lo diga, hasta parecería que ésta queda superada por aquél: desde el apotegma latino ars longa, vita brevis (donde se mantiene viva la fe horaciana de que sus versos serán más duraderos que el bronce y podrán ser leídos por el resto de las generaciones humanas) hasta la declaración wildeana de que “la naturaleza imita al arte”, muchas cosas se han discutido al respecto, y en ese camino es inevitable encontrarse con quienes no dudan de que la vida sea una novela. Sospecho que las construcciones estéticas, por su apariencia de perfección y por su capacidad especulativa, hacen que el lector se sienta subyugado por esas formas tan precisas, pues permiten, desde sí mismas, una visión más reveladora y profunda de la vida.

George Steiner lo dice redondamente en el comienzo de un ensayo que todos deberíamos leer, Tolstoi o Dostoievski : “De un modo evidente y sin embargo misterioso, el poema, el drama o la novela se apoderan de nuestra imaginación. Al terminar de leer una obra no somos los mismos que cuando la empezamos. Recurriendo a una imagen de otro campo artístico, diremos que quien ha captado verdaderamente un cuadro de Cézanne, verá luego una manzana o una silla como si nunca las hubiera visto antes.” Lo cual no obsta, desde luego, para que el receptor de una obra nunca sepa ni entienda cómo va a intervenir ésta dentro de su sensibilidad y su intelecto. Vislumbrados así los caminos de la recepción artística es más sencillo entender por qué, desde diversas sensibilidades, pareciera natural el hecho de confundir vida y arte: si Cézanne plasmó estéticamente algo que pudiera llamarse la esencia de la manzana, la mirada que regresa de la pintura hacia el frutero ya estaría preñada con una visión que antes no tenía.

Así puede entenderse el proceso por el que se trastornó la mente de Alonso Quijano: la lectura voraz de las novelas de caballerías, sumada a un talante melancólico, lo llevó a un estado de alteración llamado “locura”, aunque Cervantes nunca se empeñó en ahondar en la patología de ese padecimiento. Extremando lo escrito por Steiner, lo captado por Alonso Quijano en las novelas lo llevó a ver de otra manera la realidad: “En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros […] y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.”

El resto es bien conocido: Alonso Quijano, metamorfoseado en el caballero don Quijote, padece un trastorno de sus percepciones que lo hace vivir la vida como si fuera una novela: donde todos miran molinos, él ve gigantes; cuando las aspas del molino lo derrumban, él interpreta que fue la fuerza del gigante la que lo ha vencido… Y no se me escapa el hecho de que es dentro de una novela que Cervantes presenta a un personaje cuya confusión entre vida y literatura se ha vuelto celebérrima: la pretensión quijotesca de vivir literariamente la vida no es sino uno de los indicios del complejo sistema de cajas chinas con que el escritor construyó su obra. El hecho es que don Quijote tiene una mirada alucinada por la literatura y que el contraste entre sus percepciones y la realidad son el soporte donde descansa la arquitectura de la novela cervantina.

Si volvemos a las deliberadas confusiones entre arte y vida, encontramos que lo fascinante en un texto literario puede ser insoportable en la vida cotidiana. ¿Qué sería vivir con El Quijote o con alguien como don Quijote? (pongamos por caso, con una persona cuya visión literaria de la vida trastorne sus percepciones hasta el punto de que su realidad no coincida con la percibida por los demás). Cuanto se aprecia como divertido, magistral y bien estructurado en la novela será, en la vida, enojoso, perturbador y enfermizo. Esta conclusión puede parecer perogrullesca, pero el salto del arte a la vida tendría que darse más como lo propone Steiner que en el estilo quijotesco. Es mejor, como dice Borges en “Animales de los espejos”, que una frontera se interponga entre los habitantes del mundo especular y el nuestro, no sea que un día los seres del arte decidan salir de sus recintos para asaltar eso que llamamos “realidad”.