DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYAN VELVER
SUPLEMENTO MENSUAL  DIRECTOR: IVAN RESTREPO  
EDICIÓN: LAURA ANGULO   LUNES 30 DE MARZO 2009 
NUMERO ESPECIAL


Portada

Introducción

Codorniz mascarita, la extinción toca a la puerta
Horacio de la Cueva

El muro fronterizo: una amenaza para especies en peligro
Óscar Moctezuma O.

El borrego cimarrón, monarca del desierto mexicano
Roberto Martínez Gallardo

Los oasis de palma de abanico en las Californias
Ernesto Franco

Un murciélago en el delta del Río Colorado
Lourdes Mexicano

¿Basta la norma oficial para la observación de ballenas?
Refugio Chávez Ramírez

El tiburón ballena: ecoturismo para su conservación
Tania Paola Romero Brito

Tijeretas, las aves pirata de isla Santa Margarita
Mónica González Jaramillo

Aves inmutables en el Pacífico: ángeles de Guadalupe
Mario Guerrero Madriles


Correo electrónico:

cecodes@laneta.apc.org

  

¿Basta la norma oficial para la observación de ballenas?

Refugio Chávez Ramírez
El Colegio de la Frontera Norte (Colef)
Correo electrónico: refugiochavez@gmail.com


Foto: Jorge Hernández Mayor

La biodiversidad de México se debe en parte al gran número de especies de mamíferos marinos; en la península de Baja California hay más diversidad que en ambas costas de Estados Unidos, lo que hace al país uno de los lugares favoritos para la observación de ballenas.

México ya reconoce a los cetáceos como componentes importantes de la industria ecoturística y tiene cuatro zonas protegidas para observarlos: Guerrero Negro, bahía Magdalena y laguna San Ignacio en Baja California Sur, y bahía de Banderas entre Jalisco y Nayarit. Pero existen por lo menos otros diez lugares de avistamiento que generan ingresos superiores a los 50 millones de dólares anuales.

Los polos de la observación de ballenas en México

Laguna San Ignacio es una zona patrimonio natural de la humanidad aún prístino y con casi 4 mil habitantes. La observación de ballena gris es la actividad económica principal en la temporada de avistamiento. En 2007, ocho empresas con 24 embarcaciones menores autorizadas, atendieron a más de 7 mil visitantes, los cuales dejaron una derrama económica de casi 10 millones de dólares.

San Ignacio e s un lugar consolidado en el ecoturismo y su desarrollo obedece a esfuerzos de conservación y aprovechamiento de los recursos naturales. Es un ejemplo a nivel mundial de cómo otorgar servicios ecoturísticos sin ocasionar grandes alteraciones al medio ambiente.


Foto: Jorge Hernández Mayor

Por otro lado, bahía de Banderas, con una población de más de 387 mil habitantes y una afluencia turística anual de casi tres millones de personas, es también una región de alta incidencia de cetáceos, especialmente la ballena jorobada, que se reproduce en la zona. En bahía de Banderas, la observación de ballenas representa el uno por ciento del turismo. En 2007, casi 30 mil personas realizaron avistamientos generando una derrama económica de 59 millones de dólares.

La ampliación de los espacios turísticos-urbanos sin ordenamiento territorial, así como la sobreexplotación de recursos, ocasionaron serios problemas. Destacan el incremento de transporte, la ampliación de carreteras, el creciente uso del agua y su escaso tratamiento. Todo ello desencadenó un proceso de degradación ambiental.

Las secuelas

Aunque el mercado de turístico de la observación de ballenas depende directamente de los recursos naturales, en México sólo se consideran los factores económicos y se ignoran los legales, físicos y biológicos, entre muchos otros.

La emisión de permisos para los prestadores de servicios en esta actividad es preocupante porque se realiza en forma indiscriminada y los requisitos que se necesitan para obtenerlos son mínimos.


Foto: Jorge Hernández Mayor

El crecimiento del turismo, de las zonas habitacionales costeras y la mayor incidencia del cambio climático generan efectos sobre la observación que afectan la calidad del servicio, contaminan el agua y causan cambios en el ambiente que pueden ser irreversibles.

Estos efectos se generan aun con la NOM-131 que vigila la actividad. Es urgente reformarla a fin de adecuarla a las necesidades cambiantes del entorno.. Además, dicha NOM ignora la observación de otras especies. Por ello, es importante que la investigación científica de la actividad sea constante, periódica y genere información útil para tomar decisiones respecto a las especies y su conservación.

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