Opinión
Ver día anteriorViernes 3 de abril de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Nueva Izquierda busca venganza

Por querer montarse en el gobierno lo perdió casi todo

E

s hora de la venganza porque los tiempos apremian y para Nueva Izquierda tal vez no exista otra oportunidad.

Cada vez con menos instrumentos de poder, los chuchos chicos, que se sintieron dueños de la política en el DF, ahora defenestrados por la población que les ha dado la espalda, claman eso: venganza.

Ahora es en contra del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, a quien consideran su enemigo. Pero ya casi no tienen formas de articular ningún desquite, sólo queda la triste figura de Víctor Hugo Círigo, hermano y testaferro de René Arce, quien, desde la Asamblea Legislativa de la ciudad, trata de comandar una ofensiva que destruya alguno de los planes de gobierno de Ebrard.

La historia más reciente cuenta que esos chuchos chicos pretendieron, bajo signos de amenaza y chantaje, someter a sus caprichos a todo el perredismo y al gobierno. No les importaba lo que dijera la gente, tampoco lo que merecían las otras tribus, y menos aún lo que planeara el gobierno, porque supusieron que ellos eran el gobierno.

Así, desde ese balcón de vista cerrada trataron de obligar el jefe de Gobierno a entregarles así, sobre la mesa, todo el poder, o casi, de la capital del país. De ellos fue la idea de involucrar a Marcelo Ebrard en la contienda, para después, si no saciaba sus apetitos, acusarlo de meter las manos en la elección.

Y sí, aunque no partió de la jefatura de Gobierno, tuvieron un ofrecimiento: las cosas se quedarían como estaban, es decir, ellos operarían la jefatura delegacional en Iztapalapa, Venustiano Carranza, y obtendrían la mayoría de candidatos a las diputaciones federales y locales.

No aceptaron. Arce quería más. Exigió también el control de la delegación Gustavo A. Madero, cuando menos. En otras palabras, la intención era montarse sobre el gobierno. Se le advirtió que de no aceptar corría el riesgo de perder casi todo. No aceptó y perdió casi todo.

Ahora busca la revancha, por eso Víctor Hugo Círigo pretende echar abajo la intención de Ebrard de dar una tregua impositiva al sector restaurantero de la ciudad para reactivar la economía en lo que toca a ese giro comercial.

Con eso, Nueva Izquierda se ha convertido, entre el afán de notoriedad y la venganza, en el enemigo de los restauranteros del DF, y eso para sus propósitos inmediatos, que es llevar a Arce a la candidatura por la jefatura de Gobierno dentro de tres años, tendrá un costo fundamental.

De pasadita

Escuché, hace unos días, una voz que pretendía hacer creer a un grupo de personas que el primer deber de un Estado es brindar seguridad a quienes lo pueblan. Con ese argumento pretendía justificar la matanza entre mexicanos que ha propiciado el gobierno federal en guerra contra el narco.

Se le olvidó decir, porque debe de ser olvidadizo, que el ejército de sicarios, de asesinos, que reclutó el narco, no proviene de las universidades, ni tampoco de los centros de trabajo con obreros bien pagados, o cuando menos en condiciones laborales aceptables.

Los asesinos son jóvenes y viejos que, en la mayoría de ocasiones, no hallaron formas de sobrevivencia en un régimen de derecha preocupado, eso sí, por proteger a los poderosos.

Esto viene a cuento porque en una de las mañanas del principio de esta semana, al presentar un libro sobre la reconstrucción de barrios que ha hecho el gobierno de Marcelo Ebrard, caímos en la cuenta, gracias a la gente, de que cuando desde el poder se impulsa el trabajo colectivo y se conjuga el nosotros para hacer valer el yo; cuando las becas, los hospitales, el seguro de desempleo forman parte del quehacer político, la delincuencia se abate, y la seguridad brota casi espontánea. ¿Será que la seguridad que reclamaba aquella voz era sólo para los poderosos, para los muy poderosos?

Ojalá no sea así, porque si se sigue asfixiando a este país, muy pronto, de los desempleados con título universitario y de las oficinas, y de las fábricas, se nutrirá el ejército de sicarios que peleará a muerte contra los de su propia raza, dicen esas voces que en nombre de la seguridad justifican los abusos actuales.