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Ver día anteriorLunes 27 de abril de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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América. Paradojas continentales (Primera de dos partes)

Reporte Económico
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15 años de la primera Cumbre de las Américas (Miami, 1994), convocada por Estados Unidos para el lanzamiento del área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) –una especie de TLCAN hemisférico por fortuna frustrado– 34 naciones (Cuba siguió siendo la gran ausente) se reunieron entre el 16 y el 19 de abril en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, para llevar a cabo la quinta edición de dicha cumbre.

América, perfil básico.

Las 35 naciones independientes que integran América tienen una población de 920 millones de personas (2008), siendo las más pobladas: Estados Unidos (302 millones), Brasil (193), México (106), Colombia (46), Argentina (39), Canadá (33), Perú (28) y Venezuela (27) (Gráfico 1).

Los países de mayor superficie son: Canadá (10.0 millones de km2), Estados Unidos (9.6) y Brasil (8.5), y los de mayor den-sidad de población son: Barba-dos (686 habitantes por km2), El Salvador (343) y Haití (352).

Por su peso económico, los países con mayor PIB (2007) son: Estados Unidos, (13.8 billones de dólares, 4.4 veces más que todo el resto), Canadá (1.3 billones), y Brasil (1.1).

Los países con el más alto PIB per cápita (2007) son: Estados Unidos, 45 mil dólares anuales promedio por habitante); Canadá (40 mil); Bahamas (22 mil); Trinidad y Tobago (15 mil); Antigua y Barbuda (14 mil); Barbados (12 mil); y Saint Kitts and Nevis (10 mil). Los países con el más bajo son Guyana (1 mil 457 dólares), Bolivia (1 mil 335), Nicaragua (1 mil 22), y Haití (650).

Rescatando la integración

América Latina tiene todo para ser una región próspera, estable y positivamente influyente en el convulsionado mundo actual y futuro; es, sin embargo, un área asediada, frágil e inestable, pletórica de desigualdades y rezagos. Aunque en vías de reconfiguración geopolítica, si alguien quisiera diagramar hoy su proceso de integración acabaría dibujando un laberinto.

Dicho proceso inició hace medio siglo con la creación de la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) en 1960, un proyecto de avanzada en su época; el MCCA (Mercado Común Centroamericano), en 1960; la Carifta (Caribbean Free Trade Association), en 1965; la Comunidad Andina, en 1969, y el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) , en los años 70.

El ímpetu de este regionalismo en América Latina fue visto como obstáculo y competencia por el capital trasnacional, y como un fortalecimiento inaceptable del traspatio por el gobierno estadunidense (y otros); vino entonces la era de los gorilas, golpistas castrenses auspiciados por el Norte que, insostenibles por su rapiña, crímenes y abusos, fueron conminados por sus patrocinadores a pasar el gobierno a la nueva oleada de políticos y economistas neoliberales, que les garantizaron impunidad y recursos.

Así, la derecha militar y civil boicoteó desde los años 70 el proceso de integración latinoamericana. La ALALC fue transformada en 1980 en ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) para diluirse en la historia; el MCCA fue transformado en 1991 en el SIECA (Sistema de Integración Económica Centroamericana); Carifta cambió en 1973 a Caricom (Caribbean Community and Common Market), y la Comunidad Andina fue casi extinguida.

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En los años 80, los países del Sur fueron alineados al GATT, hoy Organización Mundial del Comercio (OMC) y a su modelo abierto de liberalización comercial. En los 90 se soltó la plaga de los acuerdos de libre comercio, de los cuales hay a la fecha 49 vigentes en América (incluyendo a Estados Unidos y Canadá) firmados entre países, con agrupaciones del continente o con terceros. Existen además al menos cinco acuerdos marco y 30 de alcance preferencial en materia de comercio entre países latinoamericanos.

Legal, institucional y opera-tivamente la integración econó-mica de América Latina ha sido convertida, como se ve, en un galimatías comercial del cual se benefician casi en exclusiva los corporativos locales y trasnacio-nales, no la región, su desarro-llo ni mucho menos los pueblos.

Es hasta años recientes que, tras tres décadas de oscurantismo y regresión, nuevos gobiernos democráticos van marcando distancia con el neoliberalismo y prendiendo algunas luces en el túnel. En el tema que nos ocupa, la reactivación integracionista latinoamericana parece haber cobrado un nuevo impulso con un Mercosur redinamizado y la gran promesa de Unasur.

El Mercosur (Mercado Co-mún del Sur) fue creado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, relanzado en 2000, y revitalizado con la incorporación de Venezuela, en 2006.

Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) nace formalmente en mayo de 2008 incorporando al Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela), a la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú), y a Chile, Guyana y Surinam. Por su concepción y alcances constituye hasta ahora el esfuerzo integracionista más visionario, completo y realista emprendido por la región.

Unasur surge que la convi-cción de que “un nuevo modelo de integración no puede estar basado únicamente en las relaciones comerciales (…) (requiere) de una Agenda de Integración Social y Productiva (…) de una articulación económica más amplia, así como de formas de cooperación política, social y cultural (…) para un desarrollo más equitativo, armónico e integral (…) (que erradique) los grandes flagelos que afectan a la región: la pobreza, la exclusión y la desigualdad”. Por ello, Unasur tiene como objetivos económicos específicos, entre otros:

–La integración energética, financiera, industrial y agrícola.

–Una especial atención a las pequeñas y medianas empresas, privadas y sociales, y al empleo

–Una infraestructura de interconexión regional.

–La firme protección de la biodiversidad y el medio ambiente.

–Impulso regional a la investig-ación, innovación, transferencia y producción tecnológica, y

–La superación de asimetrías para una integración equitativa.

Al margen de ésta –la gran odisea latinoamericana del siglo XXI– a México lo han encajonado entre un muro de desprecio y fracasos al norte y un muro de indiferencia y desconfianza al sur. Trágico presente que habremos de cambiar para tener futuro.

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