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Argumentan que la Benito Juárez emitió un oficio donde se especifica la medida

Niegan en restaurante uso de sanitarios a los clientes por órdenes de la delegación

Protestan paseantes porque en los parques faltan botes de basura y tomas de agua

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Familiares de reos acudieron a la visita en el Reclusorio NorteFoto Víctor Camacho
Bertha Teresa Ramírez y Agustín Salgado
 
Periódico La Jornada
Lunes 4 de mayo de 2009, p. 25

En establecimientos de la cadena Burger King, como el ubicado en avenida Universidad y Pilares, en la colonia Del Valle, donde se vende comida para llevar, impiden a los clientes el uso de sanitarios y lavabos, por instrucciones de la delegación Benito Juárez, según informaron dependientes.

El domingo varias de las personas que hicieron fila afuera de ese comercio para adquirir comida para llevar exigieron que les permitieran usar los sanitarios para lavarse las manos, como lo indican las autoridades de salud; sin embargo, los dependientes lo negaron, argumentando contar con un oficio en el que se les informa que los sanitarios no deben estar en servicio, lo que provocó protestas.

En otros negocios localizados cerca sí se permitía a los clientes el acceso a esos servicios, según se confirmó durante un breve recorrido.

El domingo nuevamente decenas de personas escogieron parques y jardines para sentarse a comer sus alimentos. Uno de ellos fue el parque conocido como de Las Arboledas, localizado en esa zona, ahí la gente se quejó de la falta de botes de basura y los desechos que están tirados, así como de la falta de sanitarios públicos y tomas de agua tanto para beber como para el aseo de las manos.

Es el segundo domingo de alerta sanitaria y los habitantes de la ciudad de México no se han acostumbrado. El encierro de los pasados 10 días ha provocado que se extrañen las aglomeraciones. Ahora la apuesta es que las actividades regresen el 6 de mayo, aunque ello no signifique el retorno a la normalidad.

Ya no son mayoría los rostros cubiertos a medias y las compras ya no se dan con la intensidad con la que ocurrieron en las primeras horas de la alerta epidemiológica.

Los centros comerciales permanecen vacíos, las calles de la ciudad semidesiertas y el encierro ha producido lo inimaginable, pues ya son varios los menores que anhelan el regreso a las actividades escolares.

La ciudad sigue pasmada y hasta ahora el único signo de alarma real fue la reyerta del viernes pasado en la explanada del Reclusorio Norte.

Se le prohibió a los restaurantes recibir comensales; se clausuró temporalmente la actividad de museos, exposiciones y conciertos, y tampoco hay manera de congregarse para prácticas religiosas.

Las sesiones de los Clubes de Optimistas fueron canceladas y el desdén hacía los mensajes gubernamentales –que desapareció de golpe la noche del 23 de abril– vuelve a permear a los habitantes del Distrito Federal.

Ayer se anunció que ya son tres las jornadas sin fallecimientos y el anunció que ahora se espera es el retorno a lo cotidiano.

Ahora, se extrañan los embotellamientos de automóviles.

Han sido días de guardar, pero también de tedio. Días de contingencia que todos quisieran superar de una vez por todas.

¿De qué sirve no tener clases si no hay nada que hacer? Al principio te divertías dentro de la casa, pero cuando no puedes salir a la calle te aburres de la televisión, de las películas y hasta de los videojuegos, refiere Juan Ignacio, quien junto con sus padres, le brindó una tregua al encierro y acudió a comprar un helado a una paletería.

Se extraña lo cotidiano y se espera que el miércoles por lo menos restaurantes, vida nocturna y actividades escolares regresen a la normalidad.