Opinión
Ver día anteriorLunes 4 de mayo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Estado fallido

La pobreza, el verdadero virus

Miguel Ángel Velázquez
L

a pregunta es: ¿está preparado el Distrito Federal, México entero, para reiniciar actividades después de la gripe? La respuesta simple es: no. Levantar, por ejemplo, la suspensión de clases sería, a todas luces, un acto suicida, criminal. Baste recordar que más de 10 mil escuelas en todo el país carecen de drenaje, que no cuentan, casi todas, con servicios sanitarios funcionales, y que meter allí a una población tan vulnerable como la de los niños sería exponerlos a que esta o cualquier otra epidemia los ataque ya o dentro de algunos días o meses.

Por lo tanto, las autoridades federales deberían considerar mantener la suspensión hasta que las condiciones de higiene aseguren que los centros de educación son aptos, cuando menos, en cuestiones de higiene, para recibir de vuelta a los menores. Eso, se diga lo que se diga, lo saben las autoridades federales, por eso decretaron el cierre de las escuelas y por eso mismo no deberían ponerlas en marcha mientras no se hagan los trabajos requeridos para, como dijimos, asegurar la higiene total en los planteles.

Es muy probable que en la esfera de las atribuciones de la administración de la ciudad de México no esté el dotar de drenaje y agua a las escuelas, más bien es una atribución de las autoridades federales, pero cuando menos el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, consciente del problema, empezó a formar brigadas de limpieza en los planteles, y aunque la medida es un atenuante, de ninguna manera resuelve el gravísimo problema.

Esta condición, la del descuido y el abandono de los centros escolares, debería haber sido explicada profusamente por los encargados de la salud pública, tanto federal como de la capital. Pero para el primero, que no se dedica más que a dar números, aparentando con ello una transparencia tramposa, y ofrecer entrevistas a modo, el problema real no existe; mientras para el segundo, visitador incansable de redacciones, donde pretende explicar lo inexplicable, el motivo real del contagio seguramente cayó del cielo.

Es obvio que al cumplirse diez días de la emergencia sanitaria que ha estremecido a la ciudad de México la incógnita principal no se ha resuelto, por más fácil que parezca su respuesta, y esto se debe, seguramente, a un gran temor, a la cobardía de llamar a las cosas por su nombre y al miedo de hacerse responsables de esto que se ha vivido como suplicio, aunque de por medio esté el poder.

La epidemia, que ha matado a un número aún indeterminado de mexicanos, tiene una raíz que se ha alimentado de injusticia durante los 25 años anteriores y no ha cambiado su nombre: pobreza.

En los círculos del poder lo que nadie se atreve a aceptar es que la causa de que, al contrario de lo que pasa en otros países, en México la gripe humana mate a sus habitantes, es eso que no aceptan: las condiciones de sobrevivencia cada vez más precarias agravadas por los dos últimos gobiernos panistas.

Y no necesitamos hablar sólo de los que no tienen empleo, o de los que no desarrollan defensas porque carecen de una buena alimentación, también hablamos de una gran parte de la población que habita lugares insalubres, sin agua, sin drenaje, que no tienen una educación que les permita ejercer funciones de higiene mínimas, aun fuera de su ámbito, hablamos de los que fueron olvidados por el sistema neoliberal que dejó de lado las obligaciones del Estado hacia los más necesitados para proteger los fracasos de la iniciativa privada.

De eso hablamos, de que después de más de 25 años de un sistema que creó hombres inmensamente ricos, produjo, al mismo tiempo, lugares con condiciones de pobreza profunda, mortal, lugares propicios para la infección, hombres, mujeres y niños débiles, impotentes físicamente para luchar en contra de cualquier enfermedad, se llame como se llame.

Es entonces el gobierno, que dejó de cuidar mediante un sistema de salud fuerte a sus gobernados, el culpable; es el gobierno, que dejó de construir redes de agua potable, que se negó a tender las líneas de drenaje, que abandonó el sistema educativo, al que podríamos llamar el verdadero virus o la madre de todos los virus.

Eludir el tema no sirve de nada, por el contrario, acrecienta las responsabilidades, que tarde o temprano serán cobradas por la población, por lo que se debe señalar que es en las ciudades donde más casos se hallaron y tratar de explicar que el virus no es un asunto sólo de pobreza, es olvidar que en las ciudades reina, además, el hacinamiento, la falta de servicios, la más grande de las miserias que trajo un modelo que ahora más que nunca advierte, le pese a quien le pese, un Estado fallido.