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Un paciente afortunado
Gabriel León Zaragoza
 
Periódico La Jornada
Lunes 4 de mayo de 2009, p. 8

El reporte médico que dan de mi hijo es que su estado de salud es grave, pero a pesar de ello me dicen que es un enfermo afortunado, porque ya lo trasladaron a terapia intensiva, donde ofrecen mejor atención las 24 horas del día, comenta entre lágrimas la señora Antonia, quien ha permanecido desde el pasado 22 de abril frente al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), en espera de que su familiar sane de influenza A/H1N1.

De oficio tablajero, casado y con tres niñas de cuatro, seis y ocho años –relata la señora Antonia–, el pasado viernes 17 el joven llegó a su casa, ubicada en el municipio mexiquense de Chimalhuacán, con mucho cansancio, dolor de cabeza, ojos irritados y tos que lo lastimaba. Acudió al médico y después lo internaron en el INER, donde dos días después confirmaron a la familia que contrajo influenza.

“Cuando ingresó no lo veía tan mal, pero ha ido empeorando y ahora está en terapia intensiva, donde lo reportan muy grave. Tiene sondas y recibe respiración artificial. Sólo hoy en la mañana me dieron esperanza, poca, de que viva, porque me dijeron que en la nueva radiografía se ven mejor sus pulmones.

Pero no me engaño. Es una valoración reservada, porque por sí mismo no respira, comenta. Indica que a las 19 horas ingresaría al área de los de influenza, donde estaría media hora –no permiten más– con su hijo, de 28 años, quien comparte el pabellón con otros ocho enfermos.

“No me hago a la idea de que se vaya, pues tiene por quién vivir. El sábado de la semana pasada fue la última vez que me habló. Nada más abría los ojos y me respondía ‘bien’ cuando le preguntaba cómo estaba. Un día después sólo escribía y al otro ya no. Quedó inconsciente.”

Ante el anuncio de un periodo de estabilización de la enfermedad, ayer, en la zona oriente del Distrito Federal, vendedores de comida rápida, instalados en las inmediaciones de hospitales y clínicas, violaron las medidas de sanidad, luego de una semana de restricciones.

En las inmediaciones de la clínica 25 del Instituto Mexicano del Seguro Social y el hospital del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado que se encuentra enfrente, así como en un centro de salud familiar aledaño, comerciantes de alimentos y aguas frescas vendían sus productos sin cubrebocas. Ello a pesar de que la gente se aglomeraba para comer tacos, tortas y beber jugos.