Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 10 de mayo de 2009 Num: 740

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

José Emilio: el lector está contigo
ABELARDO GÓMEZ SÁNCHEZ

Eurídice
YORGOS YERALIS

Memorable cuerpo
JOCHY HERRERA entrevista con LUIS EDUARDO AUTE

El día que el teatro perdió su magia
JOSÉ CABALLERO

La guerra perdida de Calderón
ROBERTO GARZA

Una Ajmátova de Modigliani en México
JORGE BUSTAMANTE GARCÍA e IRINA OSTROÚMOVA

Porchia: un sabio ermitaño en Buenos Aires
ALEJANDRO MICHELENA

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
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Enrique López Aguilar
alapiz@hotmail.com

Día de la madre

El misterio de la maternidad ha sido celebrado y reverenciado en todas las culturas, y es imposible separarlo de las teogonías, de las explicaciones que el ser humano ha pretendido conjeturar para entender el origen del cosmos y la vida: casi todas las mitologías suponen la fusión de un principio femenino y uno masculino para engendrar el universo y sus criaturas. Además, ese misterio fue ligado a las secuencias estacionarias y a los tiempos de fertilidad, de cosecha y descanso de la tierra. El cristianismo trató de sobreponer las celebraciones de la Virgen en las fechas de las antiguas fiestas agrícolas y la fertilidad, con más o menos éxito: la de la Inmaculada Concepción ocurre el 8 de diciembre, pero casi todas las festividades alrededor de la maternidad se concentran cerca de los meses de abril y mayo (poetizados por Góngora en su Soledad primera: “Era del año la estación florida/ en que el mentido robador de Europa/ –media luna las armas de su frente/ y el Sol todos los rayos de su pelo–,/ luciente honor del cielo,/ en campos de zafiro pace estrellas…”), es decir, en el tiempo regido por el signo de Tauro.

Cuando Gœthe abordó el fenómeno del Eterno Femenino lo hizo en diversas obras, tratando de abarcar todos los arquetipos relacionados con la mujer, tanto de signo “positivo” como “negativo”: desde Carlota en Weimar hasta Fausto, donde los personajes de Gretchen, Helena y Carlota, por ejemplo, confirman la certeza del autor acerca de que “el Eterno Femenino nos atrae hacia lo alto”. Sin embargo, junto con los personajes mencionados, se encuentran Medea, Dido, las euménides, Medusa, Melusina y las sirenas, de manera que bien puede decirse que su anhelo metafísico por el Eterno Femenino se proyectaba sobre Carlota, pues en ella veía a la Madre –el Principio Universal– o, para decirlo mejor, la Idea misma de Eva: la mujer mistérica, la madre nutricia, la engendradora.

La percepción arquetípica de Gœthe encuentra un reflejo donde se sintetizan todos los nombres e identidades femeninos y forma parte de una de las zonas medulares de Piedra de sol, de Octavio Paz: “Eloísa, Perséfona, María,/ muestra tu rostro al fin para que vea/ mi cara verdadera, la del otro,/ mi cara de nosotros siempre todos […]/ despiértame, ya nazco: vida y muerte/ pactan en ti, señora de la noche,/ torre de claridad, reina del alba,/ virgen lunar, madre del agua madre,/ cuerpo del mundo, casa de la muerte […],/ recógeme en tus ojos, junta el polvo/ disperso y reconcilia mis cenizas,/ ata mis huesos divididos, sopla/ sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,/ tu silencio dé paz al pensamiento/ contra sí mismo airado; abre la mano,/ señora de semillas que son días.” Es cierto que, en contraste con Paz, Gœthe difícilmente hubiera pensado en Coatlicue como referencia femenina, pero la Idea de lo femenino incorpora a la terrible deidad náhuatl (casi abuela de la Santa Muerte).

¿Cómo es que desde esas prehistorias ahora llegamos al Día de la Madre? Para efectos mexicanos, la referencia es estadunidense. En 1905, Ana Jarvis promovió con vehemencia que el segundo domingo de mayo se celebrara el día antedicho. En 1912 creó la Asociación Internacional Día de la Madre para promover su iniciativa y, finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos la aprobó, dando a la fecha sugerida el carácter de fiesta nacional. Otros países se adhirieron al proyecto (México, entre ellos: entre 1922 y 1932, como parte de una campaña católica y antifeminista, el periódico Excélsior defendió la idea de promover la maternidad como destino esencial de la mujer mexicana para alejarla de la posibilidad de planificar sus embarazos; fue durante la gestión del ex presidente López Mateos que se retomó un proyecto excelsiorista y se construyó el Monumento a la Madre en el Parque Sullivan de Ciudad de México: desde el 10 de mayo de 1922, México celebra el “día de las madres”). El resultado fue algo tan ominoso como la Navidad : la gente, alejada del misterio, considera que los regalos, el dispendio, la comida y la cursilería son la impronta del día, con lo cual “se borran” las afrentas del año y se limpia el expediente.

Es indudable el lugar de las Madres. ¿Cuál es el de las malas, o nulas? ¿El de las biológicas que abandonan, maltratan y son omisas con sus hijos (porque llegó el galán, o internet es más interesante)? Una madre (como un padre) construye su papel todos los días estando ahí, con prudencia, amor y aprendizaje cotidianos. Lo demás sólo es nomenclatura “políticamente correcta”.