Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 10 de mayo de 2009 Num: 740

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

José Emilio: el lector está contigo
ABELARDO GÓMEZ SÁNCHEZ

Eurídice
YORGOS YERALIS

Memorable cuerpo
JOCHY HERRERA entrevista con LUIS EDUARDO AUTE

El día que el teatro perdió su magia
JOSÉ CABALLERO

La guerra perdida de Calderón
ROBERTO GARZA

Una Ajmátova de Modigliani en México
JORGE BUSTAMANTE GARCÍA e IRINA OSTROÚMOVA

Porchia: un sabio ermitaño en Buenos Aires
ALEJANDRO MICHELENA

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Naief Yehya
naief.yehya@gmail.com

Pornotortura: desencanto y entretenimiento de una sociedad en guerra (II Y ÚLTIMA)

TORTURA REAL Y DE MENTIRA

Es claro que existe una conexión lógica entre el auge de la tortura en el cine de horror y los escándalos desatados a raíz de la institucionalización de la tortura por el gobierno de Bush júnior. La publicación de las fotografías de actos sexuales simulados entre presos desnudos, de cautivos siendo humillados y maltratados, y de iraquíes asesinados en Abu Ghraib dio lugar a un debate nacional e internacional en torno a la tortura. Al tiempo en que el presidente Bush aseguraba que eu no torturaba, presumía que las técnicas especiales de interrogación (que incluían pero no se limitaban al tormento del agua o waterboarding) estaban siendo usadas para extraer confesiones a ciertos prisioneros. Esta hipocresía fue el tono dominante del régimen, y si bien millones se oponían a este tratamiento del enemigo, una parte de la población era indiferente o estaba de acuerdo o aceptaba la tortura como algo inevitable, especialmente debido a la enorme promoción que se daba al escenario de la “bomba a punto de estallar”; esa falacia supone que extraer una confesión justo a tiempo puede salvar vidas y es uno de los temas dominantes en la serie televisiva 24 , que ya va en la séptima temporada, y Jack Bauer sigue amenazando y torturando para defender a la patria. El cine es un infalible barómetro social, un producto artístico y comercial en continuo cambio y evolución, y el género de horror tiene la cualidad de registrar los miedos, temores e inseguridades generacionales. La serie Saw, comienza en 2004 y Hostel, en 2005 e, independientemente de cualquier juicio que podamos tener de ellas, son testimonios de un tiempo en que la tortura es gozada como entretenimiento y es usada como política en tiempo de guerra (el verano de 2003 marca la intensificación de la lucha en Irak). Saw es un thriller cuyo leitmotiv es: ¿de qué eres capaz con tal de sobrevivir? Hostel es una lectura de estereotipos políticos y culturales que juega con el miedo a lo extranjero y la paranoia de lo que es ser estadunidense en un mundo turbulento y repleto de enemigos.

SENTIMIENTOS SIN REFERENCIAS

El dolor es una expresión inexplicable, un sentimiento que no podemos compartir, pero que al verlo en la pantalla se transforma en fuente de ansiedad y paradójico placer. En su libro The Body in Pain, de Elaine Scarry reflexiona en torno a la relación entre dolor y cultura, y en particular con el lenguaje, con la imposibilidad de articularlo en términos comprensibles: “El dolor físico –a diferencia de cualquier otro estado de conciencia– no tiene contenido referencial… el dolor se resiste a la objetivización del lenguaje.” El mecanismo que eligen estas cintas para ponerlo en escena es la tortura, que es una especie de ritual de poder, en donde cada parte del proceso tiene como finalidad provocar dolor. Pero si en la vida real la tortura se aplica a disidentes, al enemigo y a sospechosos para obtener confesiones, en estos filmes se usa en contra de inocentes como mero entretenimiento. No importan los motivos o idiosincrasia del (o de los) torturadores, lo único que importa son las acciones del torturador y la mecánica mediante la cual opera.

LOS SETENTA Y AHORA

El cine de horror explícito de la década de los setenta respondía a la guerra de Vietnam, a un tiempo de valores en transición y de ruptura. No se puede asesinar a decenas de miles de personas en guerras distantes sin esperar un costo moral, social y político. Entonces el gore y el slasher ofrecían visiones de la perversión sangrienta que estaba carcomiendo a la sociedad estadunidense, y de la brutalidad siniestra que subyacía a la apacible apariencia del sueño americano. Estas expresiones del horror macabro tenían como finalidad estremecer al público para hacerlo reaccionar, para despertarlo de la modorra cultural en que estaba hundida la nación. El horror de hoy carece de una narrativa que pueda hacer algo semejante por lo que la tortura es el espectáculo, y éste es reiterativo, obsceno, ombliguista y explícito.

EL ESPECTADOR

Lo que más parece haber cambiado es el propio público, el cual ha perdido su capacidad de asombro. Además ahora los dvd s exponen a los muy jóvenes a este horror extremo. El público masivo estadunidense de hoy ya no es solamente ingenuo, paranoico, militarista y arrogante, como el los años setenta, sino que tras el 11 de septiembre, se ha tornado vengativo y se ha desensibilizado al sufrimiento ajeno. Y esa actitud no es patrimonio de un solo país, sino que se ha globalizado. Al depositar nuestra atención en la tortura fílmica, estamos escapando a la tortura real y sustituyéndola por una imagen reconstruida, despolitizada, carente de contexto o historia. De esta manera podemos “participar” en el debate sobre la tortura sin tener la menor idea de lo que es, representa o implica.