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Los Diablos se consumieron en un infierno de impotencia; expulsaron a Cristante y Mancilla

Con tintes heroicos Indios eliminó a Toluca y avanzó a semifinales

El portero Cirilo Saucedo tuvo una gran actuación, apoyado por Juan de la Barrera y Javier Malagueño

El clásico sí se puede de los choriceros cambió por la exigencia “¡pongan güevos!”

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El técnico uruguayo Héctor Hugo Eugui corrió a felicitar a sus pupilos, quienes lograron la hazaña de dejar fuera del torneo al campeón TolucaFoto Reuters
Marlene Santos Alejo
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 18 de mayo de 2009, p. 2

Toluca, Méx., 17 de mayo. A pie firme y con tintes heroicos, Indios defendió la pírrica ventaja de 1-0 conseguida en Ciudad Juárez. Durante 90 minutos el campeón Toluca se consumió en un infierno de impotencia, desesperación y furia, que concluyó con su eliminación y las expulsiones de Hernán Cristante y Héctor Mancilla.

El equipo de la tribu, con la nómina más baja de la liga, resultó millonario en orgullo, amor propio y disciplina. Los defensas Juan de la Barrera y Javier Malagueño parecían unas torres gemelas que no dejaron pasar nada, mientras el portero Cirilo Saucedo tuvo una actuación excelsa y de gran fortuna, pues los palos jugaron en su favor un par de ocasiones.

La afición mexiquense colmó el estadio Nemesio Diez y desempolvó añejas porras, como aquella de ¡Sí se puede, sí se puede!. Inclusive exigió: Otra coooopa, queeeremos otra copa...

Sin embargo, el cuadro fronterizo bordeó la perfección defensiva y desde el inicio aplicó una cerrada marca; los escarlatas no dejaban de sentir la respiración de sus adversarios en la nuca.

A los Diablos los pases les salían con dificultad, aunque pudieron generar opciones, pero Mancilla, Sergio Santana, Sinha y compañía erraron una tras otra, unas veces por la mala puntería provocada por la creciente ansiedad y otras por la buena labor defensiva y de Saucedo.

Al minuto 15 Toluca comenzó a dominar, pero sólo conseguía tiros de esquina e Indios se defendía con los 11 hombres. Carlos Esquivel y Sinha recurrieron a jugadas de filigrana, pero apenas eludían a dos rivales y les caían encima dos o tres más hasta desarmarlos. Entonces optaron por merodear, aunque sin lograr acercarse a la meta.

La tribu también tuvo ocasiones de ataque. Al minuto 35 el uruguayo Juan Pablo Rodríguez dio centro al Tripa Pérez, cuyo disparo hizo volar en gran atajada a Cristante, y con el silbatazo que decretó el medio tiempo los choriceros hicieron una especie de team-back, donde se miraron con cara de ¿what?

El técnico visitante, Héctor Hugo Eugui, de extracción toluqueña, le ganó la partida al hoy pasivo José Manuel de la Torre. El uruguayo ingresó en el complemento a Edwin Hernández, después a Ricardo Esqueda y a Daniel Frías, quien con su pasado de niño de la calle redondeó la labor.

El ¡Sí se puede! cambió por la exigencia: “¡pongan güevos diablos, pongan güevos!”. El Chepo echó la juventud por delante: Néstor Calderón y Raúl Nava, pero el dramatismo creció con el pelotazo al travesaño de Sergio Santana y luego Martín Romagnoli no logró conectar un gran centro.

En la recta final se tejieron varias escenas dramáticas. Marco Vidal hizo un taponazo oportuno ante Santana y Juan de la Barrera casi marca autogol; Paulo da Silva sangró de su nariz fracturada y Mancilla echó la pelota a un lado de manera increíble.

En tiempo de compensación el silbante Marco Antonio Rodríguez marcó una falta contra Toluca fuera del área; Cristante reclamó con insultos, algo que no toleró Chiquimarco, quien se encendió cuando observó gesticular al portero, como indicando que el árbitro estaba loco, y enseguida lo expulsó.

Entró César Lozano y el sacrificado fue Manuel de la Torre.

Concluido el cotejo, Eugui corrió a abrazarse con sus pupilos en explosivo festejo, mientras Mancilla persiguió al árbitro para cuestionarle por qué sólo agregó tres minutos: él se rio, se burló y yo me calenté más, pero no lo agredí, dijo el chileno, quien intentó empujar del brazo al nazareno.

Cristante y Sinha golpearon la puerta del vestidor de los árbitros: ¡Siempre es lo mismo con este tío!, vociferaba el portero, quien rechazó entrevistas: ¡Métanse los micrófonos por donde les quepan!