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Probando... uno, dos, tres... probando
Ér

amos pocos y parió la abuela. Justo cuando parecía que el mundo se estaba encaminando hacia el desarme nuclear, la República Democrática Popular de Corea (RDPC) hace una de sus travesuras armamentistas periódicas. El pasado lunes Pyongyang anunció que había llevado a cabo otro ensayo de un artefacto nuclear. Fue su segunda prueba. La primera, en 2006, no fue muy exitosa. ¿A qué le tira Kim Jong Il?

La reacción internacional a este segundo ensayo nuclear fue inmediata y se ha especulado mucho acerca del propósito de esta prueba. Desde un punto de vista científico y técnico seguramente se debe a la necesidad de demostrar al mundo que sí posee una capacidad nuclear. Desde un principio los países que han jugado la carta nuclear han tenido que decirle al mundo: aquí estoy, soy potencia nuclear. Y lo hacen mediante una prueba. En el caso de la RDPC, la primera no fue del todo exitosa. Al parecer, esta sí lo ha sido.

Además, para tener una capacidad nuclear creíble es menester contar también con los vectores para transportar las bombas. Y aquí la RDPC ha manejado muy bien sus tiempos. Su ensayo inicial de hace tres años no hubiera provocado tanto el temor de sus vecinos de no haber estado lanzando durante una década proyectiles de corto, mediano y largo alcance. La República de Corea y Japón se sintieron aludidos. Ahora los norcoreanos han tejido más fino al ensayar un proyectil el pasado martes. En otras palabras, en espacio de 48 horas lograron demostrar los dos elementos antes citados: artefacto nuclear y vector.

Desde un punto de vista político, este ensayo de la RDPC podría obedecer a distintas razones. Una estaría relacionada con la sucesión que algunos insisten se avecina en Pyongyang. Según esta hipótesis, Kim Jong Il está muy delicado de salud y las fuerzas en el poder quisieran asegurar una transición tranquila, como la de 1994 cuando, tras la muerte de Kim Il Sung, el fundador de la RDPC en 1948, asumió el poder su hijo. Ahora algunos piensan en el nieto, Kim Jong-un, quien tiene apenas unos 25 años de edad. Quizás esté muy joven para perpetuar la dinastía. De cualquier forma, el ensayo nuclear sirve para demostrar a la población norcoreana que, pese a las carencias de todo tipo que sufre ese país (sobre todo alimentarias y energéticas), la familia de los Kim está velando por su seguridad frente a las amenazas del exterior.

Otra hipótesis de carácter político es que Pyongyang quiere que el nuevo presidente de Estados Unidos le haga caso a su gobierno. Desde el inicio de su gestión el presidente Barack Obama ha estado tratando de resolver una variada gama de problemas. Ciertamente no le ha dedicado mucho de su tiempo a la RDPC. Ahora lo tendrá que hacer. Y los norcoreanos quieren que lo haga directamente con ellos, dejando de lado los mecanismos diplomáticos multilaterales a los que Washington ha recurrido en el pasado, en particular el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y las llamadas pláticas a seis bandas (RDPC, Corea del Sur, Japón, China, Estados Unidos y Rusia).

¿Será este el desafío al que aludió en octubre de 2008 el senador Joseph Biden, entonces candidato del Partido Demócrata a la vicepresidencia de Estados Unidos? En aquella ocasión Biden pronosticó que al principio de su administración el presidente Obama enfrentaría una crisis internacional que pondría a prueba su entereza como dirigente.

Pues bien, Obama ya ha reaccionado y lo ha hecho de manera previsible. El mismo lunes pasado dijo que el ensayo nuclear norcoreano es una violación descarada a la ley internacional, agregando que no sólo está profundizando su propio aislamiento, sino que también invita a una presión internacional más fuerte. Y concluyó diciendo que la RDPC no encontrará seguridad y respeto mediante amenazas y armas ilegales.

¿Por qué ilegales? Y, ¿qué será una presión internacional más fuerte?

Si las armas nucleares de la RDPC son ilegales, también lo son las de Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Israel, India y Pakistán. Pyongyang tiene el derecho de desarrollar un arsenal nuclear. Desde luego que cuando firmó el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) se comprometió a no hacerlo. Pero el propio TNP contempla la posibilidad de que un país se retire del mismo si decide que acontecimientos extraordinarios han comprometido sus intereses supremos. Y la RDPC se salió del TNP en 1993, para luego regresar, y volver a retirarse en 2003.

¿Qué más puede hacer el Consejo de Seguridad tras sus resoluciones de 2006? En ellas exigió que la RDPC dejara de lanzar proyectiles balísticos y abandonara su programa nuclear. Le impuso sanciones, incluyendo la prohibición de importar materiales susceptibles de ser empleados en la fabricación de armas nucleares.

Por un azar del destino desde un principio pude seguir de cerca esta cuestión. Cuando en 1993 el presidente Bill Clinton asumió el poder en Washington, yo ya llevaba casi cuatro años como representante en Ginebra. Un buen día mi colega de la RDPC me hizo una visita. El embajador Ri Tcheul había llegado a Ginebra en 1987 y ahí sigue más de dos décadas después. Era y es el representante permanente de su país ante los organismos internacionales con sede en esa ciudad. Al parecer su gobierno ha tomado muy en serio su carácter de representante permanente.

El embajador Ri me vino a ver en muchas ocasiones para platicar sobre la nueva administración en Washington. Quería mi opinión acerca de cómo tratar a esos funcionarios. Desde un principio le dije que encontraría a interlocutores honestos y dispuestos a escuchar. Ri me habló de las intenciones de su país acerca del TNP y me adelantó mucho de lo que ha ocurrido desde entonces. La RDPC sigue probando.