Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 31 de mayo de 2009 Num: 743

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Adriana Yáñez: entre filosofía y poesía
LUIS TAMAYO

Al compás de la OCDE (educación y cultura en México)
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Danilo Kis o el arte de mentir verazmente
GUY SCARPETTA

Reflexiones de Sándor Márai

La filosofía en tiempos panistas
ÁNGEL XOLOCOTZI YÁÑEZ

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Manuel Stephens

Festival en Mazatlán (II Y ÚLTIMA)

El XXIII Festival Internacional de Danza José Limón, en su subsede en Mazatlán, contó con una nutrida participación de compañías y coreógrafos extranjeros, cuyas piezas mostraron momentos de brillantez, pero que carecieron de una estructura que las cohesionara y, por lo tanto, de unidad. Ya nos hemos referido a Back, de P. J. Sabbagha con The Forgotten Angle Theatre Collaborative de Sudáfrica y a El privilegio de morir, de la española Carmen Werner, con Provisional Danza. Caso particular es el de la compañía colombiana Cortocinesis, que presentó también una coreografía de formato grande: Papayanoquieroserpapaya, de la autoría de Vladimir Rodríguez, espectáculo que explora aspectos de la identidad colombiana y, por inferencia, de los pueblos latinoamericanos. El título hace referencia a la expresión colombiana dar papaya (no es albur) que, según el programa de mano “se refiere a la conducta de no dar oportunidad y aprovechar cualquier oportunidad”. Tratando de encontrar un equivalente para México –y sin entrar en profundidades filológicas– tal vez sea algo así como estar pendiente de poder agandallarse algo. Bajo la negación de esta conducta en el juego de palabras del título (papá-ya-no-quiero-ser-papaya), Rodríguez busca explorar ámbitos que de manera automática e irreflexiva se identifican con Colombia: la guerrilla, el narcotráfico, la corrupción, etcétera. La obra está dividida en una breve introducción –puramente formal– y dos “actos”; en el primero, mediante un partido de futbol y un secuestro se alude a la pugna por el poder y a la subordinación extrema del otro; en el segundo, se recrean los vericuetos que hay que padecer al hacer trámites burocráticos, situación que al final puede leerse como la opresión de los pobres y sus países. Al nivel del contenido, la obra mantiene cierta lógica, sin embargo, el coreógrafo se excede al plantear sus temas, los alarga en demasía, dotándolos con una exasperante dosis del peor humor de pastelazo, con lo cual elimina cualquier impacto. Los bailarines evidencian falta de entrenamiento actoral (entender los diálogos era imposible) y dramáticamente la obra es laxa por entero. Sin embargo, Papayanoquieroserpapaya tiene dos “secciones” que valen por sí mismas; en ellas Rodríguez se muestra como un coreógrafo que no necesitaría apoyarse en recursos “extra dancísticos”, y que, apelando a la economía en su discurso, consigue ser contundente: el trío con balón en la primera parte, que revela una muy interesante aproximación al movimiento y la manipulación del objeto, y las danzas finales, en que los bailarines terminan cubiertos de polvo-coca y se hace referencia a estadios de esclavitud.

AH HA Productions, agrupación dirigida por Andrew Harwood con sede en Montreal, Canadá, presentó Un poco de vida en este mundo agonizante, obra basada en la improvisación de contacto, el uso de video y la música en vivo. Como sucede en este tipo de piezas, su buena consecución depende del grado de integración entre los involucrados y del cumplimiento de lineamientos establecidos previamente a la ejecución, mismos que terminan por hacerse transparentes al espectador. Bailaron Harwood, Paula Zacharias, Claudia Lavista y Omar Carrum, miembros de Delfos.

La participación nacional incluyó al grupo Athros, dirigido por Robert Spin (cuya función se empalmó con la de la compañía española), y la producción del propio Festival con el viii Ensamble José Limón y Danza Urbana, que presentaron, respectivamente, un fallido y penoso intento de combinación de danza y circo titulado El secreto de las mariposas, y una infortunada muestra de hip hop.


Delfos

Rincones de luz fue el programa presentado por Delfos, sin duda la compañía con el discurso más sólido del Festival. Compuesto por obras cortas y habiendo sido ya representado por un par de años, el programa ha madurado considerablemente: pasó de ser una muestra de piezas correctas, a exponer la madurez y el arrojo de algunos de los mejores bailarines mexicanos en la actualidad, quienes consiguen generar un espacio de goce y asombro en sus cuerpos. Las coreografías, unas mucho más logradas que otras, se unifican siguiendo un patrón basado en la utilización del elemento inesperado que se descubre hacia el final, lo cual no merma la suerte de la estrategia en cada una. Rincones de luz no persigue innovar; en términos generales se aboca al deleite en el movimiento y confirma a Delfos como una agrupación conquistadora de amplios públicos.