DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYAN VELVER
SUPLEMENTO MENSUAL  DIRECTOR: IVAN RESTREPO  
EDICIÓN: LAURA ANGULO   LUNES 1 DE JUNIO 2009 
NUMERO ESPECIAL


Portada

Introducción

La basura sin rienda
Gerardo Bernache Pérez

Gestión de residuos y participación ciudadana en Tepic
Claudia Estela Saldaña

Los residuos sólidos en el estado de Chihuahua
Luis Armando Lozoya

La producción y manejo de los residuos sólidos en Morelia
Otoniel Buenrostro

La importación de llantas usadas en Baja California
Sara Ojeda y Elizabeth Ramírez

Aprendiendo a vivir con la basura
Ana Carolina Velásquez

Una mirada al tiradero municipal de Peñasco, SLP
Carmen Himilce Macías

Los basureros y comunidades contaminadas
Gerardo Bernache Pérez

El patio trasero: los desechos industriales en La Pedrera, SLP
Francisco Javier Rangel

Gestión integral de los residuos sólidos de la UAM-Azcapotzalco
Rosa María Espinosa, Sylvie Turpin, Griselda Polanco, Alfonso de la Torrea e Irma Delfín


Correo electrónico:

cecodes@laneta.apc.org

  

El patio trasero: los desechos industriales en La Pedrera , SLP

Francisco Javier Rangel Martínez
El Colegio de San Luis, Programa Agua y Sociedad
Correo electrónico: pacomunicarse@yahoo.com.mx

Nadie parece saber a quién pertenecía antes de convertirse en un tiradero abandonado de desechos industriales, el predio conocido como La Pedrera , ubicado en el municipio de Guadalcázar, en el altiplano del estado de San Luis Potosí. Los ejidatarios de El Huizache, la población más cercana al sitio, aseguran que se trataba de un hueco de hacienda, es decir, un lugar sin dueño, que abarcaba, además, territorios aledaños como El Salitre, El Barranco Blanco, Las Vigas y El Picacho del Orégano.

La comunidad de El Huizache

La Pedrera se sitúa en la falda de un montículo atravesado por un horrible barranco que se prolonga hasta El Huizache, y que en temporada de lluvia acarrea agua desde los contaminados suelos del actual tiradero hasta los vulnerables pisos de dicha comunidad.

Al comienzo del barranco, donde éste no forma más que una grieta angosta (precisamente donde se ubica La Pedrera ), crecen en sus pendientes de arena varios tipos de pastizales que hacen del lugar un buen sitio para la cría y pasto de ganado caballar. Por eso, los habitantes de El Huizache lo frecuentan de buena gana y han hecho del lugar su potrero comunitario. Al final de su extensión, el barranco se desagua en El Huizache, haciendo de las calles del caserío un ramal de arroyos y cauces de agua que van a dar hasta las orillas de la carretera a Ciudad Victoria, Tamaulipas, que atraviesa la comunidad, y en cuyos márgenes yacen enormes masas de arcilla.

El barranco, los cauces de agua y los ramales y torrentes en que se han transformado las calles de El Huizache se encuentran la mayor parte del tiempo secos y áridos, dependiendo de la intensidad de las sequías que suelen azotar a la región y que, según los lugareños, han llegado a durar hasta dos años. En El Huizache no hay ningún pozo de agua, por lo que sus habitantes, como en muchas otras comunidades del altiplano potosino –zona desértica por antonomasia-, se conforman con el agua borrosa de un estanque local que ha sido, por muchos años, su único reservorio de agua, el que hace las veces de presa de captación de agua de lluvia.

El estanque de agua

El agua que recibe el estanque no necesariamente proviene de las lluvias que caen en El Huizache. Mayormente se trata de las que cae en las partes altas de la sierra que rodea a la localidad en su lado sur, y cuyos escurrimientos en temporada de chubascos atraviesan La Pedrera , llegan a El Huizache y bastan para llenar el estanque. Una vez lleno, el estanque alcanza para surtir agua a los pobladores del lugar durante casi un año.

Hoy en día, como señala don Alfredo, los usos que los habitantes dan al agua del estanque son varios: para el aseo personal, lavar ropa, dar de beber a los animales, incluso para cocinar.

Don Alfredo, uno de los 160 ejidatarios que habitan el lugar relata lo siguiente:

“Ese tanque ha salido bien bueno pa' guardar agua; dura más de medio año y alcanza para todo: pa' lavar la ropa, pa' bañarse uno y pa' que tomen agua los animales. Antes, hasta nosotros (los habitantes del lugar) bebíamos agua de ahí, pero ahora ya casi no, lo que pasa es que esa agua está contaminada. No ve que cuando trajeron los tambos a La Pedrera los tenían afuera (a la intemperie), y se calentaron, y se les botaron las tapas; luego se vino la lluvia y se mezcló con los desechos de los tambos, y así se trajo el agua pa'l estanque. Y pues se quedó todo el aceite ahí abajo; quedó como encerada la cosa… por eso no se va el agua. Fíjese, hasta de lo malo se saca algo bueno, por eso aguanta más el agua”.

Previo a la instalación del tiradero en La Pedrera , el consumo humano del agua del estanque era general: todos bebían de ella. Actualmente, luego de cinco años de recibir aproximadamente 20 mil toneladas de residuos peligrosos, y después de 12 de la clausura del tiradero, la mayoría de los lugareños beben del agua del estanque sólo cuando está lleno; conforme baja el nivel del agua, apenas los más viejos, los más pobres y los que piensan que su “tanque de reserva” no se ha contaminado, se animan a beber el líquido allí almacenado.

Desde la perspectiva de don Clemente

De entre estos últimos destaca don Clemente, un viejo agricultor de pequeña escala. Es un hombre muy delgado, de cara pequeña, ojos de mirar astuto que conoce muy bien la historia de La Pedrera , pues trabajó en el sitio los casi cinco años que éste duró en operación. Sobre La Pedrera , le gusta contar la siguiente historia:

“En La Pedrera la chamba estaba buena, apilábamos hartos tambos, así de alto como ese árbol (aproximadamente, cinco metros de altura); pero no crea que así nomás, primero le poníamos una lona negra, de esa que hay en los techos de las casas, ¿si las ha visto? Pues de allá se las trajo la gente. No, si la gente era cabrona: se traían hasta los tambos de ahí donde andábamos. Dicen que en las noches sacaban varias camionetas cargadas de tambos para venderlas aquí a los alrededores: en La Pólvora , Los Amoles, Santo Domingo, El Entronque, y más pa' allá. Fíjese, le vaciaban la basura y se los llevaban a vender. Ora la gente los usa pa' guardar agua. Eso está más contaminado que el tanque ¿no?

“Bueno, como le decía, le poníamos la lona esa negra, y luego le poníamos ladrillo y concreto, y luego otra capa de lona. Estaba todo muy seguro, nomás que la gente no sabía lo que andaba uno haciendo. ¿Que estaba contaminado? N'ombre, yo trabajé cuatro años y mire, no me pasó nada, ni a mí ni a ninguno de los que andábamos ahí, había gente de todos los ranchos de por aquí…

“Supimos de la chamba de oídas, como siempre, así se entera uno. ¡Qué por allá hay trabajo! y pues ‘ai va uno, pagaban poco, yo ganaba 80 pesos diarios, fíjese, pero luego se iba a poner bueno. Íbamos a construir unos hornos, grandotes, para quemar todo aquello, pero luego llegó la gente de la presidencia (de Guadalcázar) y nos dijo que ya no íbamos a trabajar ahí. Lo que pasó fue que escarbamos a un ritmo, yo creo, medio lento y no alcanzábamos a enterrar todos los tambos que llegaban, y se nos fueron juntando, y como era puro alcohol, de ese que ya no sirve, y pinturas, y rebaba de fierro, pues con el calorazo unos tambos se reventaron y a la gente ya no le gustó. Teníamos dos fosas grandísimas, pero a veces llegaban más de veinte trailers en un día, y no nos dábamos abasto; entonces faltaba gente p'al trabajo, y no trabajo pa' la gente, como ahora que está la cosa muy triste.”

Sobre la posible contaminación del agua del estanque, don Clemente señala:

“Hace unos 10 años, después de lo del tiradero, unos trabajadores del municipio desasolvaron el estanque, y por eso, desde entonces, agarra mucho más agua, nombre, que va'star contaminado, si está bien limpio, de ahí toman los animales, y hasta uno. Lo que pasa es que la gente ya se acostumbró a tomar agua de la botella, y cuando les invita uno un trago de esta agua pues luego, luego se enferman de la panza; por eso dicen que está contaminada el agua. Fíjese como es la gente de laberintosa, una vez fui a la cabecera municipal (de Guadalcázar, que por cierto se ubica a más de 40 kilómetros de distancia y está mediada por un cuerpo muy grande de sierra) y ahí en la placita me puse a platicar con una señora que me preguntó de dónde era yo, y cuando le dije que era de El Huizache me contestó: ¡Ah! de allá donde está el mugrero, y me dijo: ¡Mire, mire! ¿Ya vio los árboles? están todos contaminados por culpa de los pájaros que vienen de allá d'onde es usted. N'omás dígame,”

La versión de doña Chuy

Para contrastar la versión de don Clemente, está la narración de doña Chuy, empleada de una fonda ubicada a la orilla de la carretera, mujer vivaz, a quien los borrachones parecen temer cuando les advierte que si no han de traer alguna ganancia, por lo menos no hagan tanto pinche barullo:

“Mal sabor no hay; pero que si se dañó el tanque, sí se dañó. Porque más antes, en años pasados, antes de ese tiradero, se estaba acabando el agua, y no había problema de nada. Juntaba el agua uno así, hasta la que se hacía en las pezuñas de las vacas; ¡mmm! pa' de aquí a otro día ya estaba asentadita, clarita que se la volvía uno a tomar. Cuando se estaba acabando el agua en el tanque, digo, cuando chasqueaba uno el agua, y juntaba uno así, el vivo lodo, de a tiro el vivo lodo, pa'l otro día ya estaba clarita, de a tiro clarita. Y ahora, desde que empezó esa cochinada que echaron ahí, ya no puede uno juntar nada de agua, porque se está acabando el agua, y agarra un color nijayotudo, nijayotudo; espeso, espeso… y ya no se la puede uno tomar como antes. Ahora, se hace esa agua así, y luego, este, se le hace una nata, como color azulito bajito. Entonces, eso es lo único, porque el jabón hierve muy bien, se baña uno muy bien con esa agua, la ropa queda muy bien lavada con esa agua, nomás eso es lo malo, que agarra ese color. Pero sí, ya teniéndola uno en los tambos de diitas sí se apesta”.

Sobre eventos que suelen generar sospecha de contaminación (como problemas de salud inexplicables, mal olor en el ambiente, descarga evidente de químicos en el estanque, exceso real o aparente en la ocurrencia de casos de cáncer en la comunidad, reacciones en la piel y ojos, enfermedades gastrointestinales, náuseas, mareos, inflamación de las vías respiratorias, dificultades para respirar y dormir), doña Chuy concluye:

“Mire, pa qué anda uno con mentiras: no se han muerto animales por el agua, nada; ni han nacido niños deformes como dijeron que iban a nacer niños deformes, y que quién sabe qué y que quién sabe cuántos. No, nada, porque yo tengo unos hijos que empezaron a trabajar ahí, y pos sus hijos están todos bien, no les falta nada.

Fíjese que no; eso no es dañino. Antes, decían los que vinieron, porque vinieron unos ingenieros, que si ese trabajo se abriera, habría empleo para toda la gente de esta población, y sus alrededores; no habría necesidad de que los hombres se fueran al otro lado; no habría necesidad que se marcharan a Monterrey, a San Luis, como andan horita. Mire, orita no haya usted aquí hombres; hay uno que otro, pero todos salen a buscar la vida fuera de aquí. Dijo uno de los ingenieros que si aquí hubieran dejado que se abriera ese trabajo, habría hospitales para que las señoras dieran a luz a sus hijos; habría costureros, fábricas de hacer ropa, fábricas de hacer todo pa' levantar esta comunidad. Pero asunto que en Guadalcázar no quisieron que abrieran el trabajo, trajeron su gente, vinieron y pusieron ahí a los federales, y nos quitaron el pan de la boca”.

El riesgo: contaminación y salud

Los estudios de las localidades afectadas por el entierro de residuos peligrosos industriales rescatan la historia de miles de familias que viven junto a tiraderos de este tipo de desechos y que han visto lo que puede hacer a su salud por dormir, virtualmente, con el enemigo al lado.

Y es que las comunidades rurales se han convertido, muy a menudo, en lugares recipientes de residuos peligrosos. Estos pueblos pequeños resultan ser los sitios preferidos para esta mala disposición de residuos pues su tierra suele ser muy barata y estar esparcidamente poblados. No pocos analistas señalan que las compañías consideran que los pobladores de estos lugares rara vez se quejarán y que, tal vez, ni siquiera se darán cuenta del problema que tienen al lado.

Esta problemática se amplía al considerar los hallazgos más frecuentes en este tipo de estudios: 1) Los pobladores de las comunidades rurales recipientes de residuos no cuentan con información suficiente sobre el asunto; 2) Las autoridades locales no están capacitadas para evaluar la situación; 3) Las autoridades federales actúan sólo si el problema se torna crítico, y 4) Las compañías responsables suelen reaccionar hasta que surge la presión política y mediática. El peor de los mundos posibles. Como en La Pedrera.

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