Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 14 de junio de 2009 Num: 745

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Las otras mujeres
ANDREA BLANQUÉ

Chipre '74
LINA KÁSDAGLY

Las andanzas del marxismo tropical
LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

Che Guevara: una política de la transfiguración
GUSTAVO OGARRIO

Adiós al papel… periódico
ROBERTO GARZA ITURBIDE

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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Ganar a morir (II Y ÚLTIMA)

De acuerdo con Fernando Lebrija, cinerrealizador que debutó en largometraje de ficción con Amar a morir, dicha cinta es todo lo siguiente: pertenece al cine mundial, fue hecha para entretener, así como para sacar al público de la realidad, no es palomera y aborda una o varias “temáticas fuertes que dejen algo en la audiencia”. De todo lo destacado en itálicas se habló aquí hace siete días, quedando pendiente sólo aquello de las “temáticas fuertes” y el “algo” que se deja en la audiencia.

Si se toman en cuenta la megalomanía, la grandilocuencia y el amor al exceso que impregnan hasta la médula a buena parte del cine mundial contemporáneo, sobre todo el que particularmente en estas fechas de cada año ocupa un porcentaje obsceno de la cartelera comercial; si no se olvida que, por mucho que sea el afán innovador de quien quiere contar una historia, no son los temas la materia renovable –sabido es que temas hay cinco y nada más; el resto son derivaciones y conjunciones– sino los modos, esos sí infinitos, de abordarlos; si, en fin, se considera asimismo que en términos de sociedad nos está tocando protagonizar una época más que curada de espanto en cuanto a todo aquello que alguna vez pudo caber bajo la denominación “temáticas fuertes”, entonces no será difícil coincidir en que Amar a morir no se plantea, ni de lejos, el desarrollo de ningún tema “fuerte”, si con este último vocablo quiere entenderse, como pareciera ser el caso, “crudo”, “difícil”, e inclusive “escandaloso”, o bien psicológica o emocionalmente impactante, moralmente reprobable...


Ilustración de
Juan Gabriel Puga

Véase si no. Lo que Amar a morir cuenta cabe entero en la siguiente frase: un hombre se enamora de la mujer del prójimo, es correspondido en amores y, en compañía de la infiel, sufre las consecuencias, en este caso letales, de la natural y previsible reacción del mancornado.

Incluso Todomundo estará de acuerdo en que, sin salirse un ápice del universo narrativo cinematográfico, pocas historias han sido tan sobadas, traídas, llevadas y abusadas como lo ha sido ésta. Empero –y siendo congruentes con lo que se dijo antes en el sentido de que temas no hay muchos y, por lo mismo, no es reprochable per se que se abunde una vez más en uno de los más manidos–, el asunto está en el cómo dicha historia es nuevamente contada, donde dicho cómo ha de dividirse en dos vertientes: la primera consiste en las circunstancias de tiempo y lugar elegidas, así como en la construcción de los personajes que, idealmente y en virtud del volumen y peso específico que se sea capaz de conferírseles, dejarán de ser meros arquetipos. La segunda vertiente de ese cómo contar otra vez una historia más que contada consiste, desde luego, en la elección que se haga de estas o aquellas herramientas del lenguaje cinematográfico, así como en la manera de usarlas.

Con todo lo anterior en mente cabe preguntarse los motivos por los cuales a los guionistas Fernando Lebrija y Harrison Reiner les pareció “fuerte” el tema mismo de la infidelidad con ulterior castigo; o si la “fuerza” proviene, por ejemplo, del perfil conferido al protagonista –Guapo Joven Rico (GJR) que huye del control familiar–, o del concedido a la protagonista –Guapa Chica Ingenua (GCI) según esto, a pesar de lo que sigue–, o del asignado al antagonista –Feo Envejecido Narcotraficante (FEN), cacique del lugar adonde Guapo Joven Rico fue a dar en su huida.

¿Puede ser considerado “fuerte” este playero replanteamiento del archiconocido boy-meets-girl del que se nutren todas y cada una de las películas de corte romántico-dramático? ¿Será “fuerte” la balacera de la que GJR naturalmente logra escapar –y digo naturalmente porque tiene lugar a media película– o la otra, de la cual GJR y GCI no salen bien librados? ¿Lo será la vinculación entre FEN y el piquete militar apostado en un retén en la carretera? La primera pregunta se responde sola; por lo que hace a las dos restantes, basta ojear un periódico y enterarse de cuántos muertos dejó este día la dizque guerra contra el narcotráfico, o qué nuevo comandante, sargento, capitán o etcétera dobleteaba chamba y centuplicaba sueldo sirviéndole a este o aquel cártel de la droga. El asunto, vale insistir, está en el cómo , y el caso es que en Amar a morir la droga, la impunidad, la venalidad, la corrupción, son meros elementos decorativos, fondo para un primer plano compuesto por el romance del guapo con la guapa, la furia del feo y la tragedia que ello desata.

En la misma entrevista aquí citada, el director habla de que próximamente hará “cine en inglés con historias mexicanas”. Quién sabe si mexicanas o “mundiales” pero eso sí, hollywoodenses a morir, hechas para ganarse una buena lana.