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Golpe de Estado en Honduras

Agitan el discurso del antichavismo para justificarse, afirma el periodista Manuel Torres

Golpistas, envalentonados; controlan los tres poderes y los medios de comunicación

Esta crisis no puede verse en blanco y negro pues tiene orígenes múltiples, considera

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Roberto Micheletti (al micrófono), nombrado gobernante interino de Honduras luego de un golpe de Estado, reiteró ayer en una rueda de prensa desde la casa presidencial en Tegucigalpa, su rechazo al ultimátum de la OEA para que abandone el cargoFoto Ap
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El presidente Manuel Zelaya poco antes de hablar ante los medios de comunicación en PanamáFoto Reuters
 
Periódico La Jornada
Viernes 3 de julio de 2009, p. 22

A nivel internacional, el golpe de Estado en Honduras está abortado; el repudio mundial y la ofensiva diplomática son irreversibles. Pero, advierte el periodista Manuel Torres, internamente “les está funcionando. El gobierno de facto tiene el control de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y un dominio férreo de los medios de comunicación. También, hay que reconocerlo, a causa de la desinformación un sector de la población le responde a ellos”.

Veterano del periodismo crítico hondureño y analista reconocido, Torres expresa en entrevista telefónica que “a juzgar por la forma como las fuerzas golpistas de Honduras están agitando el discurso del antichavismo para justificarse, como en el pasado esa misma clase política esgrimió el anticomunismo, lo que estamos viendo en Honduras estos días es el primer capítulo de la nueva guerra fría en la región”.

Investigador del Centro de Documentación de Honduras (Cedoh), señala que desde las primeras horas del golpe de Estado las marchas y contramarchas en Tegucigalpa reflejaron la extrema polarización de la sociedad no de ahora, sino como una condición que los políticos alentaron desde hace años. Y en este marco de sociedad dividida, el bloque de ultraderecha tiene la ventaja de contar con el respaldo de la alianza empresarial, mediática y militar.

Recuerda que la decisión de derrocar a Zelaya fue respaldada por los dos partidos mayoritarios, el Nacional y, significativamente, el Liberal, que decide derrocar a uno de los suyos. Torres describe a los partidos políticos hondureños como caparazones carcomidos. Cita, como ejemplo, la cifra de votos obtenidos por los dos principales en las últimas elecciones presidenciales de 2005: el PL ganó apenas con 16 por ciento y el Nacional perdió con 14 por ciento.

Agrega que esta crisis de orígenes múltiples no puede verse en blanco y negro, y debe reconocerse que se gestó en un estado generalizado de irrespeto a las instituciones constitucionales y a la legalidad del que el presidente depuesto Manuel Zelaya también fue partícipe. El golpe de Estado es reprobable desde todos los ángulos, pero eso no hace a Mel un gran demócrata, sentencia.

Como ejemplo de situaciones en las que la clase política actuaba fuera de la ley menciona a los dos principales candidatos a la presidencia para los comicios del 27 de noviembre, Porfirio Lobo, del PN, y el vicepresidente Elvin Santos, del PL. Ambos fueron ratificados por el tribunal electoral, aunque ambos estaban legalmente impedidos para contender.

Además, hay que sumar la profundización de la brecha social, la riqueza cada vez más concentrada en grandes bloques, como el de los empresarios de la electricidad y los medios.

Frente al insostenible deterioro económico, hacia mediados del año pasado Zelaya tuvo la habilidad de percibir la necesidad de un cambio y empezó a virar su discurso, con un contenido más antioligárquico. Yo creo, sin embargo, que le faltó recorrer la enorme distancia entre las palabras y los hechos. Su acercamiento al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y a las políticas de la ALBA despertaron aquí a los viejos fantasmas anticomunistas de la derecha más recalcitrante. La fuerte reacción en su contra no fue tanto por sus acciones, sino por lo que decía, por el temor de lo que pudiera hacer.

Tres escenarios; todos negativos

De ahí el maniqueísmo que domina el debate político y que precedió a la ruptura. De ahí, también, que en opinión de Torres la reinstalación de Zelaya no puede darse en las condiciones que prevalecían antes del 28 de junio sino con una propuesta distinta. El problema –reconoce– es que no hay quien la formule.

El analista considera que el repudio internacional a la ruptura legal es fundamental para reencauzar la institucionalidad, pero critica el aislamiento. Medidas como el bloqueo comercial que impusieron los vecinos centroamericanos afecta a los sectores populares. La gente en Honduras está hoy más pobre que nunca. Por primera vez no hay presupuesto de egresos e ingresos y las instituciones públicas no tienen ni para pagar el salario de los servidores públicos. Esta crisis hace avanzar el estado de calamidad social.

En su perspectiva, estos son los escenarios posibles para los próximos días:

“Uno, que regrese Zelaya y se ejecute la orden de captura en su contra. En este momento ya están armados 41 procesos para encarcelarlo y el gobierno de facto tiene de su lado al Poder Judicial. Su captura significará una imprevisible ola de violencia que con seguridad dejará un saldo trágico. Representa la consolidación de un régimen autoritario con abusos de poder.

“Dos, que regrese y no lo capturen, por conveniencia política; pero que no se abra el espacio ni para su reinstalación en la presidencia ni para el reconocimiento de Roberto Micheletti. Las consecuencias serán las mismas: violencia.

Entiendo que el menos malo de los escenarios sería una negociación entre las dos partes confrontadas antes del retorno del presidente. Pero no se ha dado ni un paso en este sentido.

–¿Hay indicios?

–No. Por el contrario, el gobierno golpista está envalentonado.