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Golpe de Estado en Honduras

Zelaya y Micheletti se reunirán el jueves en la residencia presidencial costarricense

El pacto no aterriza en las calles; golpistas y zelayistas miden de nuevo sus fuerzas

Los medios ya comienzan a hablar sobre el retorno del mandatario como un escenario

Aparece la esposa del mandatario encabezando una manifestación en Tegucigalpa

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Trabajadores, estudiantes, campesinos y feministas, entre otros sectores de la población, se manifestaron ayer en la capital hondureña en rechazo al golpe de EstadoFoto Reuters
Arturo Cano
Enviado
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de julio de 2009, p. 21

Tegucigalpa, 7 de julio. En las calles no hay acuerdo. Mientras Óscar Arias, presidente de Costa Rica y antiguo intermediario en conflictos de la región, acepta ser mediador entre el gobierno golpista y el presidente José Manuel Zelaya, los partidarios del golpe y los hondureños de la resistencia se miden nuevamente en la batalla callejera.

La atención de Honduras está, desde temprana hora, en la reunión de Zelaya con Hillary Clinton. Buscando adelantarse, el presidente de facto, Roberto Micheletti, informa en una emisora local que ha solicitado al presidente de Costa Rica, Óscar Arias, mediar en el conflicto. El también Premio Nobel, que obtuvo justo por su papel de mediador en los conflictos de otros países del área, dice desde San José que una mediación sólo tiene sentido si es aceptada por ambas partes. Agregó que el primer encuentro entre Zelaya y Micheletti será el jueves próximo en su residencia.

Zelaya acepta, tras su reunión con Clinton, pese a que Micheletti sostiene que el único punto no negociable es el regreso de Zelaya al poder.

Es una decisión acertada. De esa forma, en las próximas horas se va a encontrar la forma de restitución de mi gobierno, de mi presidencia, que es lo que han pedido las naciones del mundo, dice Zelaya a Radio Globo, única emisora radiofónica que da voz plena a los zelayistas y que fue sacada del aire tras el golpe, el 28 de junio.

En su primera aparición pública desde el golpe, Xiomara Castro, esposa de Zelaya, afirma que lo único que vamos a permitir negociar es que el presidente sea restituido en su puesto.

Castro no sólo ofrece una rueda de prensa en medio de gritos y vivas, sino que encabeza una marcha que recorre las calles de Tegucigalpa, saluda de mano a soldados que resguardan instalaciones oficiales y habla con su marido en una llamada que transmite Radio Globo.

En los noticiarios de televisión, que hasta ayer se referían a Zelaya como el ex presidente, se comienza a hablar incluso de su eventual retorno al poder como un escenario, pero no vendría con un cheque en blanco.

Cometió delitos, tiene que pagar, quiere atajar Micheletti, en referencia a los 18 cargos que le imputan a Zelaya, comenzando por traición a la patria.

Pero entre las cosas que no salen bien a los golpistas está la negativa de la Interpol, desde París, a la petición de captura de Zelaya, pues los cargos presentados por el gobierno golpista son de carácter político.

Estamos abiertos al diálogo, dice Micheletti a pesar de todo, quien encadena los medios para exigir a los profesores que se presenten a las escuelas e invita a los padres a llevar a sus hijos, con el argumento de que la seguridad de los menores está plenamente garantizada. En la misma cadena, sin embargo, se anuncia que se mantiene el toque de queda, aunque con un horario más corto: de 22:30 a 4:30. Así será, dice el gobierno golpista, hasta que desaparezca la situación de riesgo.

¿Cómo puede haber paz?

En prensa, radio y televisión se difunde ampliamente la convocatoria a nuevas concentraciones por la paz y la justicia, que organizan organismos civiles con fuerte apoyo del gobierno golpista, además de agrupaciones empresariales e iglesias, y que son fuertemente resguardadas por el Ejército y la policía. Se reúnen miles en las plazas del país. Aquí, con una grúa de la que cuelgan monigotes de Zelaya, Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales.

A esas concentraciones se refiere Xiomara Castro, refugiada tras el golpe en la embajada de Estados Unidos, desde el portón de la Universidad Pedagógica: ¿Cómo puede haber paz si se persigue al pueblo? ¿Cómo puede haber paz si la gente no puede salir de sus comunidades? ¿Cómo puede haber paz si hay toque de queda y suspensión de las garantías?, pregunta antes de emprender una larga caminata y luego de anunciar que en los siguientes días seguirá participando en la resistencia. No era justo que me estuviese refugiando mientras hombres y mujeres arriesgan sus vidas.

La marcha avanza al ritmo de un sonsonete que Zelaya utilizaba para sus giras como presidente: “Levantemos las banderas rojo y blanco…”, dice, en referencia a los colores del Partido Liberal, al que pertenece el presidente. El fin de semana un sector de los manifestantes portaba esas banderas, pero quienes han mantenido la resistencia en las calles de Tegucigalpa más bien se arman de banderas rojas y rojinegras. Andan aquí con sus mantas y camisetas los sindicatos magisteriales, que rechazan el reinicio de clases hasta en tanto no se restituya el orden constitucional. Otra fuerza importante son las organizaciones agrupadas en Vía Campesina, además de otros sindicatos de empleados públicos, feministas, católicos y evangélicos que se rebelan a sus pastores, indígenas y militantes zelayistas del Partido Liberal que juran no votar por el candidato de su partido, Elvin Santos, porque es golpista.

En la primera protesta, el mismo domingo 28 de junio, apenas éramos 300 personas, reconocen los dirigentes. El movimiento fue creciendo y alcanzó su techo el pasado domingo, en la manifestación hacia el aeropuerto. Pero gran parte de sus contingentes vienen del interior del país, lo cual complica sostener la resistencia en la capital.

Aunque Zelaya dice hoy que el pueblo tiene que mantenerse en la calle, los dirigentes resienten el desgaste. Desde el domingo algunos hablaban de llevar la resistencia a los departamentos, de estrangular las carreteras (en lo que tenemos mucha experiencia) y de bloquear el abasto de combustibles.

La base social zelayista es heredera de la revuelta que en 1988 prendió fuego al consulado de Estados Unidos en esta ciudad. Sin embargo, ahora ni siquiera han tratado de hacer pintas en ese edificio ni en las oficinas de la Organización de Estados Americanos o la Organización de Naciones Unidas. Sólo porras y letreros de agradecimiento.

La salida del sur y la salida del norte

En el mundo al revés de la crisis hondureña la dura condena de Estados Unidos es contra el gobierno de facto, luego de que el canciller Enrique Ortez llamara negrito a Barack Obama. Hugo Llorens, embajador de Estados Unidos, es visto con recelo por los zelayistas, aunque éstos aseguran que los golpistas lo engañaron hasta el último minuto haciéndole creer que no habría golpe. Lo hicieron quedar como estúpido ante sus jefes de Washington, dice un colaborador del presidente Zelaya.

Llorens tuvo hoy una pequeña revancha en un comunicado: Expreso mi profunda indignación en relación con los desafortunados comentarios irrespetuosos y racialmente insensibles del señor Enrique Ortez Colindres sobre el presidente Barack Obama. Dichos comentarios son profundamente indignantes para el pueblo estadunidense.

La respuesta del embajador, sin embargo, es lo de menos, luego de que Obama dijera en Moscú que apoya el retorno de Zelaya, aun cuando se haya opuesto con fuerza a políticas estadunidenses.

Por la noche, el Frente de Resistencia contra el golpe de Estado discutía los siguientes pasos, así como el nombramiento de sus representantes que viajarán a Costa Rica. No vamos allá a hablar de otra negociación que no sea el retorno al orden constitucional, adelantaba Rafael Alegría, uno de los principales líderes de la resistencia.

Por el lado del gobierno de facto se hablaba de una delegación integrada por empresarios, representantes de los partidos políticos y de la sociedad civil.

Todo en una jornada que había comenzado por una posibilidad deslizada por el vocero de la Corte Suprema de Justicia, la misma en cuyas decisiones está fundamentado legalmente el golpe: la de que el Congreso concediera amnistía al presidente Zelaya para que éste pudiese volver al país. ¿Amnistía? Será para los golpistas, replica el diputado Marvin Ponce, del Partido Unificación Democrática.

Para no variar, como desde el día del golpe militar, Micheletti se queja de que el mundo no ha escuchado la versión de Honduras, sino únicamente la de los países del sur, en referencia a los miembros de la Alternativa Bolivariana de las Américas.

Pero tras el mensaje de Obama en Moscú y la reunión de Zelaya en Washington, un locutor de Radio Globo resume cómo se lee la jornada en estas tierras: Mel creía que podría tener su salida en el sur, y la está encontrando en el norte.

Las posturas irreconciliables se enfrentan este jueves al plan que Arias ha anticipado a partir de que Zelaya, Micheletti y los acompañantes de ambos entren a su casa: No dejarlos salir de aquí hasta que haya un acuerdo.