Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 12 de julio de 2009 Num: 749

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

De cine y literatura, el híbrido caso de Alberto Fuguet
JUAN MANUEL GARCÍA

Tensar un arco: tres poetas brasileños
JAIR CORTÉS

El pensar apasionado de Franco Volpi
ÁNGEL XOLOCOTZI YÁÑEZ

Diálogo con Franco Volpi (fragmentos)
ÁNGEL XOLOCOTZI YÁÑEZ

Luciano Valentinotti, un partisano en México
MATTEO DEAN

Elemental, querido Borges (150 aniversario de sir Arthur Conan Doyle)
RICARDO BADA

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Bastardeando (I DE II)

De Los bastardos (2008), el segundo largometraje de ficción (SLF) dirigido por Amat Escalante, puede afirmarse algo muy similar a lo dicho aquí hace poco en torno a Voy a explotar, a su vez el SFL de Gerardo Naranjo, pues uno y otro presentan más de un rasgo en común: en los dos casos es ineludible remitirse a las óperas primas respectivas, lo mismo que al hecho de tratarse, tanto en Drama/Mex –la de Naranjo– como en Sangre –la de Escalante–, de películas que han llegado a éste, su país de origen, precedidas de un notable éxito en festivales; en ambos casos, inevitablemente, mucho de la expectativa generada consistía en averiguar qué tan capaces serían sus realizadores de mostrar una vez más, en su segunda obra, las virtudes y las buenas hechuras exhibidas en la primera. Dichos rasgos en común alcanzan incluso para una coincidencia interesante, pues aunque ninguno de los dos ha radicado ahí de tiempo completo, ambos cineastas tienen una evidente relación vital con el estado de Guanajuato.

(Azar este último entre paréntesis para destacar que, gracias a tal coincidencia geográfica, entre otras ventajas, está la de darle un buen mentís a la sempiterna y por fortuna cada vez menos justificada lamentación según la cual “todo” el cine mexicano contemporáneo es eminentemente urbanita con ínfulas cosmopolitas, clasemediero, fresón o decidida y estereotipadamente chilango. Si no bastaran las ya citadas Sangre y Voy a explotar, cuyas tramas tienen lugar en la tierra de Diego Rivera, recuérdense entre otras Quemar las naves, del aguascalentense Francisco Franco, filmada en Zacatecas; La sangre iluminada, del zacatecano Iván Ávila Dueñas, que sólo parcialmente sucede en el DF, así como la mejor parte de la filmografía de Juan Antonio de la Riva , compuesta entre otros títulos por Vidas errantes, Pueblo de madera y El gavilán de la sierra, a las que se sumará Érase una vez en Durango, en todas las cuales De la Riva se concentra en su patria chica. Sin olvidar, desde luego, a Ignacio Ortiz, cuyos filmes La orilla de la tierra, Cuento de hadas para dormir cocodrilos, Mezcal y El mar muerto suceden en o, quizá mejor dicho, en más de un modo son Oaxaca.)


Mediomundo

Pero más importante que todo lo anterior es, a juicio de este juntapalabras, que tanto en el caso de Naranjo como en el de Escalante, se trata de propuestas cinematográficas bastante a contrapelo de toda suerte de concepción cinematográfica/esquemas de producción/estrategias de promoción tendientes o de plano entregados a la complacencia. Esto, que desde luego no obedece a ninguna suerte de acuerdo entre ellos, es más bien manifestación de una tendencia o, si se quiere, de un estilo, así resulte indispensable calzarse zapatos de plomo para que el empleo de tales términos no desemboque, más pronto que tarde, en uno más de los constantes abortos de ésos que al cine mexicano tanto le complace practicarse –cual harakiris– cuando la boca de sus hacedores, sus comentadores y sus espectadores redescubren el calificativo “nuevo”.

EL ESTILO ES EL CINE

Con todo y las reservas ya apuntadas, este sumaverbos no resiste la tentación de ubicar en un mismo rincón de la memoria filmes como los ya mencionados Drama/Mex, La sangre iluminada, Sangre, Voy a explotar y Los bastardos, lo mismo que otros como Familia tortuga, Eros una vez María, ¿Dónde están sus historias?, Lake Tahoe, Autobiografía de un automóvil, y, sin afán de ser exhaustivos, en menor medida el ya citado Quemar las naves, así como Párpados azules y Dos abrazos. Más allá de las características particulares de cada uno de dichos filmes, ya sean temáticas, plásticas, formales, de ritmo, etcétera, en ellas es posible percibir, como no llega a serlo en otros filmes contemporáneos, una vocación de estilo que –es preciso insistir– nada le pide, nada le roba y, muy al contrario, todo lo evita o intenta evitar de ese otro cine fotográficamente lucidor, histriónicamente casado con ciertos nombres que se quieren de renombre, sonoramente víctimas de la mercadotecnia que exige un soundtrack bien vendible por separado...

Volviendo al SLF de Escalante, tómese como muestra la primera secuencia: una mañana soleada, Jesús (el no-actor Jesús Moisés Rodríguez) y Fausto (el tampoco actor Rubén Sosa) caminan, sin prisa y sin pausa, por el cauce de un canal seco. Caminan y caminan. La cámara los sigue en un andar que se prolonga durante una cantidad de tiempo suficiente para que Mediomundo se pregunte a qué horas va a “pasar algo”, sin que el pobre Mediomundo sea consciente de que es precisamente así como Escalante lo quiere y ha logrado ponerlo: impaciente, un tanto hastiado, sin saber bien qué hacer con los ojos y los oídos, listo para lo que viene.

(Continuará)