Opinión
Ver día anteriorJueves 16 de julio de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Washington y el golpe en Honduras
Ángel Guerra Cabrera
E

n Honduras se está decidiendo el destino político de América Latina pues si el golpe de Estado llegara a consolidarse, pronto volverían las dictaduras de seguridad nacional en muchos países, o cuando menos los gobiernos quedarían al arbitrio de los gorilas. Sobran por eso sectores económicos, políticos, militares y mediáticos imperialistas animados a fortalecer y extender el experimento hondureño ya que el nuevo rumbo independiente e integracionista tomado por numerosos gobiernos latinoamericanos y caribeños perjudica sus intereses. Más aún, ven como una grave amenaza los gobiernos constitucionales donde exista algún espacio político para opinar y organizarse en un momento que el ánimo levantisco de los pueblos está al alza. No se olvide que el más grave de los delitos achacados al presidente Zelaya por los golpistas y los consorcios mediáticos –justo el que precipitó el golpe– fue su proyecto de consultar al pueblo si aprobaba someter a referendo en las elecciones de noviembre la opción de convocar a una Asamblea Constituyente.

Recientemente, Fidel Castro, en el título de una de sus Reflexiones, sintetizó descarnadamente la dramática disyuntiva que argumentaba: O muere el golpe o mueren las constituciones. Ante el grave peligro denunciado por el líder cubano cabe analizar de qué depende que el golpe se mantenga vivo. Lo primero que destaca es que el Frente Nacional contra el Golpe de Estado no ha cejado en su lucha; ha logrado hostigar a los gorilas cada minuto durante casi tres semanas desde que se produjo la asonada y la excelente cobertura de Telesur y Venezolana de Televisión (al menos hasta la expulsión de su personal por el régimen de facto) ha hecho posible que a pesar de la burda manipulación de CNN y demás consorcios mediáticos se conozca en el mundo la verdad. A la vez, la condena internacional ha sido rotunda después que la conferencia de cancilleres de la OEA, la Asamblea General de la ONU, y recién, la XV Cumbre de los No Alineados, exigieran la restitución inmediata e incondicional de Manuel Zelaya en la presidencia y que la mayoría de los países latinoamericanos y varios europeos retiraran a sus embajadores de Tegucigalpa.

El Frente Nacional contra el Golpe de Estado se ha propuesto ahora impulsar la huelga general como instrumento para derrocar a la dictadura, en frontal desafío al asesinato de líderes populares y la detención de cientos de activistas. También ha exigido a Washington el cambio de su actitud ambigua ante el golpe.Y es que Estados Unidos, por acción u omisión, dilata la solución de la crisis y fortalece a los golpistas: no ha retirado a su embajador, mantiene gran parte de la ayuda económica y militar y sus tropas en territorio hondureño, el departamento de Estado se niega a calificar al golpe por su nombre puesto que de ser así la Casa Blanca estaría obligada por ley a cortar toda la ayuda a los gorilas. Lo mismo puede decirse de la llamada mediación entre Zelaya y la dictadura, propuesta por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y encargada nada menos que a Óscar Arias, ergo encargársela a ella misma. El movimiento antigolpista ha dicho que los gorilas han usado la mediación para ganar tiempo y Zelaya les ha dado un ultimátum para que esta misma semana acaten las mencionadas resoluciones o la daría por fracasada, postura rechazada por Washington argumentando que no deben ponerse plazos artificiales y que hay que dar tiempo a las partes. ¿Dónde queda la inmediata e incondicional restitución de Zelaya” a la que dio su voto en la ONU y la OEA?

Noam Chomsky ha razonado: Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la ayuda estadunidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos. The New York Times reporta que los golpistas concurrieron a las pláticas con Arias acompañados de asesores privados estadunidenses que redactaron sus propuestas. Entre ellos Bennet Ratcliff y Larry Davies, relacionista público y abogado, ligados nada menos que al ex presidente Clinton. Es innegable que al golpe lo mantienen vivo el Departamento de Estado, jefes militares y corporaciones detrás de los cuales está la ultraderecha de Estados Unidos. A menos que Obama modificara este cuadro radicalmente puede olvidarse de su nuevo comienzo en América Latina.