Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 19 de julio de 2009 Num: 750

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La pasión de Carl Dreyer
RODOLFO ALONSO

Descenso
YORGUÍS PABLÓPOULOS

La riqueza del bilingüismo
ADRIANA DEL MORAL entrevista con KIRAN NAGARKAR

La frase de Marx sobre el opio en su contexto
ROLANDO GÓMEZ

En recuerdo de Jorge Negrete
MARCO ANTONIO CAMPOS

Mathias Goeritz: ecos del modernismo mexicano
LAURA IBARRA

Amélie Nothomb: del narrador a lo narrado
JORGE GUDIÑO

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Jornada de Poesía
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Paso a Retirarme
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La riqueza del bilingüismo

Adriana del Moral
entrevista con Kiran Nagarkar


Foto tomada de: www.magazine-deutschllland.de

Kiran Nagarkar es uno de los pocos escritores indios que han tenido éxito en más de un idioma. Su primera novela, Saat Sakkam Trechalis (traducida al inglés como Seven Sixes are Forty Three) obtuvo excelentes críticas cuando se publicó en 1974. Su novela más popular, Ravan and Eddie, apareció en 1994. Cuckold (1997) ganó el Premio Sahitya Akademi y ha sido traducida a varios idiomas. Su más reciente novela, God's Little Soldier (2006), fue traducida al español como El soldadito de Dios . También ha escrito para teatro y su trabajo como guionista incluye The Broken Circle, The Widow and Her Friends y The Elephant on the Mouse, una película para niños. Realizó también la versión cinematográfica de su novela Ravan and Eddie, que actualmente es filmada por el director Dev Benegal. Nagarkar es amable, posee un gran sentido del humor que puede llegar a ser ácido o sarcástico. Además, es un gran oyente y está interesado en la literatura latinoamericana.

¿Está enamorado de Bombay? Muchos de sus libros ocurren ahí.

–Mis padres nacieron aquí, yo nací aquí. Pertenezco aquí. Y la amo y la odio. No por la ciudad en sí misma, sino por la gente que vive en ella. Una ciudad junto al mar puede ser muy hermosa, como lo es Miami o muchas otras. Pero Bombay es muy conflictiva, sucia, ha crecido mucho. Todos saben que la ciudad está muriendo, pero nadie presta atención a eso. El pronóstico es que tendremos más población que Ciudad de México en no más de diez años, mucha más. Mucha gente vive en la calle y no tiene un lugar a dónde ir. Pero la ciudad tiene cosas maravillosas, no sólo esta cara horrible. Sin embargo, a veces es difícil verlo. Por ejemplo, esta mañana salí a caminar, pero pronto volví a casa por la contaminación. En buena medida, esto es culpa de los políticos y los empresarios; ellos no miran hacia el mañana, sólo quieren hacer dinero y dinero y dinero. Aún así, no sabría a dónde ir. Me encantaría ir a otro país, pero, ¿quién quiere a los indios?

–Escribió su primera novela en maratí, ¿por qué decidió empezar a escribir en inglés?


Foto: Volker Derlath

–Estudié en maratí sólo cuatro años, cuando era un niño y el resto de mi educación fue en inglés. Así que quizá la pregunta sea por qué empecé a escribir en maratí. Por años no hablé maratí y quizá lo estaba olvidando cuando empecé a escribir mi primera novela. Debí estar completamente loco. Pero fui muy afortunado porque el idioma volvió a mí. Y al final escribí muy distinto de como escribe la gente que estudia en maratí. A quienes le gustó mi libro dijeron que había revivido un idioma que llevaba cientos de años olvidado. La novela maratí existe desde el siglo XIX, y durante mucho tiempo fue principalmente didáctica u horrenda, y las obras eran terribles. El lenguaje difícilmente era contemporáneo. En comparación, mi gramática era diferente, mi sintaxis era diferente. El libro estaba escrito de un modo muy distinto, aunque cuando lo estaba escribiendo no era consciente de eso. Incluso para estos días es un libro muy fragmentado. Si tienes paciencia, puedes leerlo. Uso muchas técnicas cinematográficas: flash back, escenas cortas… tienes que tener paciencia, si no la tienes y estás buscando una estructura normal te pierdes. De hecho, Seven Sixes Are Forty Three e s considerado como uno de los dos libros más importantes que se han escrito en maratí después de la independencia India. Hay muchos escritores en maratí, pero muy pocos que sean bilingües. Es muy raro encontrar escritores que escriban en dos lenguas, tres o cuatro de 60 o 70 millones de personas.

¿A qué cree que se deba esto?

–Es una buena pregunta. Muchos maratíes pueden pagar una mejor educación en inglés y pareciera que hablar inglés se ha convertido en una cuestión de estatus. Muchos taxistas, relojeros, conductores de rickshaw dicen mom y dad en inglés, parece que prefieren el inglés. El maratí hablado es más común.

Bombay es probablemente la única capital de un estado indio donde muchas personas piensan que hablar en la lengua estatal rebaja su dignidad. En Calcuta los mercaderes hablan el bengalí de forma fluida; aquí la gente piensa que el maratí es un idioma de sirventes. El inglés está adquiriendo cada vez más importancia, y creo que en todos lados pasa lo mismo. Yo creo que no tienes que escoger entre un idioma y otro; entre más aprendas más rico eres. Ningún millonario te puede dar un idioma. Nuestros idiomas están en peligro, las lenguas están muriendo rápidamente en el mundo. Hay veintidós lenguas oficiales en India y ochocientos o más dialectos y personas que los hablan.

–¿Piensa que la sociedad india es tolerante?

–Si tenemos una visión histórica, India ha albergado gente muy diferente. Los musulmanes llegaron aquí, también los judíos. La historia dice que uno de los apóstoles de Jesús vino aquí; Kerala tiene una larga tradición de cristianismo. Y todas esas devociones existen aún aquí. Los zoroastristas, que son una comunidad muy pequeña, también fueron recibidos con los brazos abiertos. India acepta a todas las culturas. Cuando llegaron los británicos era una sociedad multicultural. Cuando vas a Delhi, cuando vas a Agra, hay muchas comunidades de musulmanes que están completamente mezcladas con el resto de la población. Incluso en Bombay hay muchos musulmanes.

– Sin embargo, India también es una sociedad muy conservadora en ciertos aspectos. Por ejemplo su obra Bedtime Story, que está basada en el Mahabarata, fue extraoficialmente prohibida durante diecisiete años.

–Es cierto. En Maharashtra se necesita un certificado de censura antes de presentar una obra. En mi caso, el censor pidió setenta y ocho cortes, algunos de una página entera, lo cual no dejaba mucho del original. Entonces busqué a un amigo, el profesor M. P. Rege y fui a ver al comité de censura acompañado por él. Él era uno de nuestros mejores filósofos y activistas en el mejor sentido de la palabra. Los censores pensaron que él se les iba a unir, pero él apoyó la obra. Entonces aceptaron que hubiera sólo veintocho cortes en lugar de setenta y ocho. Finalmente conseguimos el certificado de la censura y entonces fue cuando la censura extra legal empezó. La obra fue prohibida por grupos conservadores como el Shiv Sena.

–¿Cree que el conflicto entre musulmanes e hinduistas o entre fanáticos de cualquier religión es un fenómeno de respuesta a la modernidad o es parte de ella?

–Cuando llegaron los musulmanes colonizaron a los hindúes y trataron de convertirlos, pero en un país tan grande es difícil convertir a todos. El hecho es que en los últimos cincuenta o setenta años, especialmente los últimos veinte años ha habido más problemas entre hinduistas y musulmanes. Y la intolerancia puede llevarnos a niveles terribles de violencia.

–¿Es un deber para el escritor tocar temas que son importantes para su país?

–Los autores no hacen manifiestos. El punto es si eres un buen contador de historias, encontrar tu voz. Debes buscar cómo presentar las historias de manera fuerte, que sean creíbles. Además, hay temas cuya perspectiva depende del país y de la época. Por ejemplo, si ahora yo quisiera dormir con un muchachito sería un pervertido, pero para los griegos era perfectamente normal tener relaciones con jóvenes. Yo no elijo escribir sobre temas contemporáneos. Tengo un libro que transcurre en el siglo XVI y aún así aborda temas muy contemporáneos.

–Además de ser novelista, usted ha escrito guiones. ¿Qué tan difícil cree que es hacer la película de una novela?

–Soy un gran fan del cine. Creo que algunas historias son muy difíciles de convertir en películas. Por ejemplo, de mi novela Cuckold han venido muchos directores diciéndome que quieren hacer una película. Pero en este sentido soy una persona muy difícil. Cuckhold costaría 80 o 90 millones de dólares estadunidenses, y sería maravilloso ver la película. La historia habla sobre Mirabai, una poeta mística, y sobre conflictos políticos entre los sultanes de Malwa, Gujarat y Delhi; ocurre a inicios del siglo xvi . El personaje principal es el esposo de Mirabai, que es casi ignorado por la leyenda hindú. Creo que sería difícil hacer esa película.

–Muchos escritores como Gabriel García Márquez han escrito para el cine. ¿Cómo explicaría usted esta relación?

–Los narradores de historias buscamos diferentes medios. Es normal que alguien que desea contar historias se sienta automáticamente atraído al cine.

–¿Piensa que una película pertenece más al director o al guionista?

–Algunas personas piensan que al director, otras que al guionista y otras más al editor. Pero mucha gente es necesaria para hacer una película. Juntos pueden hacer la obra. Yo no tengo problema en decirle a un director: “es tu medio”; sólo me importa que mi trabajo sea respetado. Esta discusión sobre quién es más importante es algo que los medios han alimentado, pero no está entre mis preocupaciones.

–Algo que me sorprendió de su novela El soldadito de Dios es que cada cosa que menciona tiene relación con un suceso posterior. Eso es común para historias cortas o cuentos, pero no para una novela.

–A mí me gusta ir hacia adelante y hacia atrás en la historia, dar saltos, usar diferentes perspectivas. Pero en esta novela fui muy tradicional. Soy indio, y si lees la literatura tradicional descubrirás que en ella se empieza a decir una historia, y de ella surge otra historia. Y así hasta llegar a cinco o diez, y entonces se vuelve a la trama original. Me gusta esa forma de historias dentro de otras historias. A mí me gusta mezclar tramas para hacer la narración más fuerte, muy hipnótica.

–Usted realmente se mete en los personajes y permite al lector saber cómo piensan. No sé si es habitual en la literatura india que el narrador omnisciente vaya tan profundamente en la mente de los personajes.

–Escribí mi novela de un modo muy anticuado, con el narrador que cuenta lo que ocurre dentro de las personas. Trato de contar la historia de acuerdo con sus propias demandas. Mi segunda novela habla de un personaje muy joven y tiene un estilo narrativo muy divertido. A veces incluyo digresiones que son totalmente innecesarias, poco comunes en la literatura india. Elijo mi modo de contar de acuerdo con lo que la historia me demanda. Trabajo más por instinto, hay veces que pienso “nunca contaría algo de esa manera”. No estoy buscando ser deliberadamente original, si la historia me exige ser anticuado, no me importa, no tengo problema.

–¿Cree que su escritura demuestra su identidad como indio?

–Yo no pienso en eso, sino en lograr que a la gente le convenza la historia, le guste la historia. Sólo hay dos cosas que me importan: contar la historia y ser verosímil. No pienso en ser indio cuando cuento algo, aunque estoy muy agradecido de tener detrás de mí toda una tradición, pero también tengo la tradición de otros lugares del mundo. El arte es universal: gente de todo el mundo puede disfrutar las canciones que Krishna escribió. Aunque no me interesa ser un autor indio, al mismo tiempo no puedo olvidar que cualquier cosa que escribo viene de una conciencia india. Por eso es que ni siquiera tengo que hablar sobre si mi escritura es india o no. Aunque quisiera negar mi raíz y mis orígenes, éstos van a mostrarse de un modo u otro. También existe un cierto exotismo y la trampa en la que caen muchos expatriados que escriben en Estados Unidos: reciclar las mismas cosas una y otra vez. Uno de mis más grandes temores es la pereza. Por otra parte es cierto que muchos escritores indios no hemos dominado varios géneros; para mí es una vergüenza: me encantaría hacer un thriller.