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Presuntos homicidas, del Ejército de Dios

Impune, asesinato de tzotzil en Mitzitón
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La investigación prometida por el gobierno chiapaneco del asesinato de un campesino indígena adherente a la otra campaña no ha arrojado resultados. Los presuntos responsables del crimen pertenecen al Ejército de Dios, grupo evangélico inspirado en los kaibilies, de infausta memoria en Guatemala. En imagen de marzo pasado, integrantes de esa asociación, en San Cristóbal de Las CasasFoto Elio Henríquez
Hermann Bellinghausen
Enviado
Periódico La Jornada
Domingo 26 de julio de 2009, p. 15

San Cristóbal de Las Casas, Chis., 25 de julio. Sin resultado alguno en la investigación prometida por el gobierno estatal, está por cumplirse una semana de la muerte del campesino tzotzil Aurelio Díaz Hernández, atropellado criminalmente en Mitzitón por un vehículo conducido y tripulado por hombres de rostro cubierto que disparaban contra ejidatarios de la localidad.

Los agresores pertenecen a un grupo que encabezan Carmen Díaz López y Refugio Díaz Ruiz, pastores de la iglesia Alas de Águila y miembros del Ejército de Dios, organización de corte militar que dice seguir designios divinos. Se inspiran en la filosofía de los kaibiles (de infausta memoria en Guatemala), y de ellos tomaron su lema: Si avanzo, sígueme. Si me detengo, empújame. Si retrocedo, mátame.

Promovida por el pastor tuxtleco Esdras Alonso, comandante de ese ejército y activo político, la iglesia Alas de Águila posee, pues, un brazo de defensa (social y político, lo llaman), en principio no armado, que cuenta con un estado mayor de 12 miembros y una milicia de centenares de elegidos. Son soldados cuyo deber es difundir la palabra de Dios.

Su uniforme incluye boina verde con la insignia de su grado, pantalones de camuflaje y botas de campaña. Realizan prácticas militares y estudian las Escrituras. Son de este grupo los campesinos tzotziles, originarios también de Mitzitón, que amenazaron a los ejidatarios hace ocho días, y los dos días siguientes se dedicaron a cumplir la amenaza.

Sin proclamar abiertamente su adscripción partidaria, sus pastores están vinculados con el PRD, y uno de ellos es actualmente regidor en el ayuntamiento de San Cristóbal. A su vez, Esdras Alonso fue coordinador de asuntos religiosos y secretario de la presidencia municipal en la administración pasada.

Así, en un municipio gobernado por el PRI, las bases del Ejército de Dios son perredistas (en un estado gobernado en lo que aquí se entiende como PRD).

Una explicación muy socorrida ahora sobre el conflicto en Mitzitón –que el pasado día 21 provocó la muerte del campesino tzotzil, adherente de la otra campaña, y cinco más resultaron heridos de gravedad– es que se trata de diferencias religiosas salidas de control. Existiendo una historia de esta índole, en general en los Altos de Chiapas y en particular en el municipio de San Juan Chamula y sus sucesivas diásporas a otras localidades (una de las cuales es Mitzitón, si bien data de 70 años atrás), es importante considerarla.

Uno de los capítulos más dramáticos de la historia reciente de los pueblos indígenas en los Altos fue la persecución religiosa y política de protestantes en San Juan Chamula y otros lugares del corazón geográfico tzotzil. Una historia de sufrimiento que transformó la conciencia de ese pueblo y su condición.

En la década de los 80 fueron expulsados de Chamula unos 30 mil indígenas. Hubo asesinatos sangrientos, caseríos arrasados, templos incendiados. Los expulsores eran los caciques chamulas, en un impenetrable bastión histórico del PRI estructurado en torno a una variante tradicionalista del catolicismo, al consumo de alcohol (posh) como parte del ritual, y la pertenencia obligatoria al tricolor.

Decenas de iglesias reformistas de todo tipo acogieron a esta peculiar disidencia. La migración al vecino municipio de San Cristóbal fue masiva. Las áreas rurales se poblaron de asentamientos que con el tiempo se convirtieron en ejidos y comunidades. La ciudad cambió profundamente. Dejó de ser la orgullosa Ciudad Real de los caxclanes (o mestizos), para convertirse en la mayor ciudad indígena de México, sólo comparable con Juchitán y Tehuacán. Barrios y colonias chamulas rodean la ciudad, y los indios dominan importantes estratos de la economía y el territorio.

Esas colonias están erizadas de templos y centros de múltiples denominaciones evangélicas: presbiterianas y testigos de Jehová, entre otras. También, aunque suele obviarse, miles de católicos seguidores de la iglesia liberacionista del obispo Samuel Ruiz, o simplemente católicos vaticanos, cosa que en Chamula, en los años del horror, equivalía a disidencia, pues los caciques priístas eran enemigos de la diócesis progresista de San Cristóbal.

En este clima, y ante la indefensión y los prejuicios que aquejaban a millares de expulsados evangélicos, surgió la organización de autodefensa Guardián de mi Hermano, antecesora directa del Ejército de Dios.

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