Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 26 de julio de 2009 Num: 751

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El lenguaje erótico y lo humano
JUAN MANUEL GARCÍA

La igualdad de los muertos
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con JUAN GOYTISOLO

Ricardo Garibay: cómo se escribe la vida
RICARDO VENEGAS

Buscar la aventura
J. M. G LE CLÉZIO

50 aniversario del movimiento ferrocarrilero
AGUSTÍN ESCOBAR LEDESMA

Haruki Murakami: el adolescente que fuimos
JORGE GUDIÑO

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Columnas:
La Casa Sosegada
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VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

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LUIS TOVAR

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El Mono de Alambre
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L'Aquila: entre la ausencia y el bostezo

¿A qué fue el presidente a Italia? Pues vaya, fue a hacer valer la imponencia de su discurso. A establecer su visión del mundo. A entregar a las naciones más ricas del orbe, que seguramente habrán estado desde la víspera con el Jesús en la trompa, la riqueza de sus opiniones y razonamientos. Felipe Calderón Hinojosa fue, por decir lo menos, a refrendar la trascendental importancia que en el concierto de las naciones deben tener seguramente sus propuestas: fue a poner en alto el nombre de México, creo en ti. En las conferencias de la ciudad italiana de L'Aquila, el grupo del G8 habría de quedarse con la bocota abierta ante la contundencia retórica del chaparrito pelón de lentes.

Qué, ¿no me cree usted?, pues vaya mucho entonces a la tierra de los inconformes sempiternos, los enemigos del progreso, los desdeñados del amor patrio y guadalupano y entienda de una buena vez que México es grande en el mundo, que su presidente es un líder de carisma seductor para sus colegas presidentes. Allí están, para certificar su grandeza, su elocuencia irresistible y la prístina brillantez de su pensamiento las crónicas, los reportajes, las escenas de Televisa, de tv Azteca, de algunos periódicos precursores de la honestidad y el sano nacionalismo y, claro, del sitio de internet de la Presidencia.

Pero, hay que decir también lo malo: hay un complot internacional en contra del hijo favorito y desobediente de Michoacán; he coincidido, por felices y personales circunstancias, con la comitiva mexicana en Europa. Prendo la tele en el hotel porque es cosa que francamente me quita el sueño y busco en España, en las televisoras italianas (no olvidemos que el presidente de Italia, Berlusconi, es un poco el Azcárraga de los Abruzos), en los programas alemanes y suizos y holandeses y… nada. Pero cómo. Ni una mención, ni una escena de las que se ven en México, ni una sola frase de su discurso. Sobre todo eso mismo: ni una escena de las que se ven en México, donde un Calderón templado se sube al podio con gallardía y serenidad y canta al planeta su mensaje de paz y progreso. Pinches europeos pichicatos: Y… ¿dónde está el presidente?

Pérate: ahí está, sí fue a las europas en gira de trabajo. Es ése que sale en la tele europea aunque fugazmente, en un paneo de cámara que dura exactamente 2.03 segundos, durante un noticioso de tv 1 Española, pero no, no puede ser, pero sí. La única escena en la que vemos a Calderón es cuando sale bostezando con una güeva inmarcesible, con lagrimita y todo. Pérate otra vez: ¿eso fue un cabeceo?, ¿y el presidente templado y firme?, ¡pero si ése que vemos está, como dicen los valencianos, despendolao!

¿Pero y el discurso, desgraciados?, ¿y su conmovedora propuesta del fondo verde para todas las naciones?, ¿y los aplausos a sus intervenciones, las ovaciones a su arrojo e inteligencia?

Nada. Cabrones. Nomás pasaron a Felipillo enseñando las amalgamas mientras se estiraba riquísimo, de ésos que se estiran y contagian el estiramiento, el bostezazo y la riquísima, muy mexicana y disfrutable güevita. Pinches europeos. Es un complot, como ya dije. Aunque no pudieron evitar que el presidente mexicano fuera fotografiado con cara de pedir favores junto al presidente estadunidense.

Pero del discurso mexicano, nada. Nada más que un largo y elocuente, silencioso bostezo. Eso y una ausencia ecuménica de los asuntos que realmente parecieron interesar al cónclave de poderosos reunidos en L'Aquila, y entonces uno no puede dejar de pensar que el presidente mexicano no fue solo, que nunca lo hace, que habrá arreado consigo un serrallo de lameculos y oportunistas que se dieron, se dan, se darán siempre la mejor de las vidas a expensas de nuestra pasividad y nuestra estupidez y nuestra ignorancia. Y también de nuestra indolencia y de nuestra pereza, esa como relajación de todo que impide cumplir o exigir cumplimientos, de ganas de hacer las cosas que el país necesita realmente y no porfiar en un sistema injusto, clientelar y elitista, pero qué flojera, oye, mejor un chabocho estirón y un bostezo y luego, como nuestro ínclito presidente, unos parpadeos de estupor, de decir ¿y yo qué chingados hago aquí si lo que quiero es irme a echar un coyotito?

A lo mejor es lo que falta nos hace, una siesta, desconectar del pinche mundo, aunque luego nos filmen jetones –o bostezando impúdicamente perdida la digna y protocolaria compostura. Aunque ahora que lo pienso no sería malo que los asesores del presidente le enseñen a bostezar con el chipo cerrado…