Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 9 de agosto de 2009 Num: 753

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

9:19 am–12:32 pm
YUNUEN CUENCA

La política de las fantasías conspirativas
MAURICIO SCHOIJET

Música de la música
(200 años de E. A. Poe)

ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

La estafa
JUAN GELMAN

Migración y ciudadanía hoy
RAÚL DORANTES Y FEBRONIO ZATARAIN

Telescopio SASIR: cinematografía cósmica
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ

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Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Ser es ser visto

El cuarto proyecto de la renovada Compañía Nacional de Teatro y el primero que se presenta bajo la dirección escénica de su titular Luis de Tavira, entraña varias particularidades dentro de los parámetros de trabajo de la propia CNT. Lo primero que resalta es su origen en la paráfrasis y en el laboratorio; la primera a cargo del propio De Tavira y Stephanie Weiss a textos de distintos autores alemanes, y la segunda se relaciona con el modo de construir, con los actores miembros, el texto y la puesta en escena. De la conjunción de estos dos factores se desprende una escenificación que muestra, a manera de collage, seis escenas sin relación directa entre sí, aunque en su conjunto refuercen la idea de la fascinación que la cultura y el teatro alemanes ejercen sobre De Tavira, y, en un plano acaso más difuso, pretenden articularse como un todo enmarcado por el título de la puesta: un juego de miradas en las que formula la tesis de que, en tanto que seres inconclusos, necesitamos de la mirada del otro para completar el reconocimiento que por alguna u otra razón no podemos hallar en nosotros mismos.

De Tavira y Weiss se basan en textos de Botho Strauss, Goethe, Friedrich Rükert y Wilhelm Müller, representantes, a excepción de primero, de varias etapas del romanticismo alemán, y edifican una paráfrasis general que ubica situaciones, personajes y conflictos en un contexto contemporáneo y citadino, aunque en su estilo de puesta en escena se perciba cierta atemporalidad que pudiera servir como uno de los ejes que articulan las distintas historias independientes.


Luis de Tavira

Hay en Ser es ser visto una irregularidad notoria; no sólo por las distintas calidades actorales y la variedad en los registros de los miembros de la CNT –que en su totalidad intervienen en la puesta–, sino por la evidente disparidad dramática de los distintos textos. No todos alcanzan un desarrollo completo y efectivo, no todos contribuyen a reforzar la tesis del proyecto en general, no todos funcionan para dejar ver el talento de los actores de la Compañía. Y en el balance general este desequilibrio ocasiona que la puesta, que se extiende hasta las cuatro horas de duración, no alcance unidad ni organicidad plenas. Se suscitan entonces, sobre todo en la segunda mitad del espectáculo, una serie de reiteraciones y acumulaciones que minan la receptividad del espectador y coadyuvan a su agotamiento, en parte también porque pareciera que De Tavira, Weiss y los miembros de la cnt han querido enarbolar un discurso totalizante, en el que caben referencias y alusiones a tópicos germanistas de todo tipo como la reunificación, el nazismo, el Holocausto, el racismo y muchos otros. Esta desmesura opera a favor de la falta de cohesión y de la aparición, Peter Brook dixit, del “demonio del aburrimiento”. La escena final, la del fotógrafo y sus fotografiados, es elocuente en este sentido.

En otros, por el contrario, hay momentos de alta factura. Sobresale Visitantes, y en específico la historia que enfrenta a un actor consagrado y a uno en ciernes en una disputa egóica y cruel por encontrar verdades escénicas; Claudio Obregón y Rodrigo Vásquez ofrecen un duelo actoral compacto, notable, lleno de matices. Diego Jáuregui y Luis Rábago regalan en Kalldewey los pasajes que rescatan una historia de una evolución intermitente y dispar, que no permite que Érika de la Llave, por ejemplo, se desenvuelva con la solvencia que acostumbra. Interfon, la estampa que ostenta mayor fluidez en su manejo del ritmo narrativo, de los tiempos de la comedia y del contorno de sus personajes, habilita a Carmen Mastache para encarnar uno de esos personajes equidistantes de la fortaleza y la fragilidad que tan bien suele cimentar. Gabriela Betancourt, Julieta Egurrola, Rocío Leal, Enrique Arreola y Roberto Soto, entre otros, inciden de igual forma en la construcción de los episodios más destacados de la puesta. Pero al final permanece la idea de que se ha presenciado un espectáculo por momentos hipertrofiado, y que además remarca la sensación de que el estilo de puesta en escena de De Tavira y sus recursos formales dan visos de cansancio. Y también de que mucho del talento de la cnt se ha subutilizado en aras de amalgamarlo en un solo proyecto. Otra de las asignaturas pendientes del director de la Compañía parece ser la de encontrar las vías para canalizar y aprovechar cabalmente ese talento que ha conseguido acoger bajo su ala.