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Formación de bailarines en México

Profesionales consultados por La Jornada hablan sobre el sistema educativo de la danza

Planes de docencia dancística del país no vinculan físico e intelecto

Estamos al día en número de escuelas, mas no en calidad académica: Gladiola Orozco, de Ballet Teatro del Espacio

No se trata sólo de enseñar, sino de crear artistas: Rosana Padilla

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Los expertos también destacaron la importancia de que los planes educativos se revisen de manera constante, ya que las técnicas de la danza cambian todo el tiempoFoto José Carlo González
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El docente debe ser una persona que ha bailado profesionalmente y que constantemente se actualiza, consideró Claudia Lavista, coreógrafa y directora de la Escuela Profesional de Danza De Mazatlán
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A partir de 2006, el INBA ofrece el grado de licenciatura en interpretación, creación y docencia en seis escuelas de danza. Las imágenes de estas páginas corresponden a pequeñas ballerinas durante un ensayo en las instalaciones de la Compañía Nacional de Danza, en 2005
Fabiola Palapa Quijas
 
Periódico La Jornada
Domingo 16 de agosto de 2009, p. 2

Consenso entre expertos: la educación dancística en México debe implementar nuevos planes de estudios en los que exista coherencia entre la formación teórica y la práctica, para que los bailarines desarrollen habilidades tanto físicas como intelectuales. Asimismo, los programas educativos requieren de revisiones constantes, porque la danza cambia todo el tiempo, igual que la formas pedagógicas y las técnicas.

Profesionales de la danza e investigadores mexicanos consultados por La Jornada comparten su visión sobre el sistema educativo de la danza, con el propósito de encontrar medidas que permitan motivar en los estudiantes el pensamiento lógico y crítico, para formar compañías dancísticas con lenguaje diferente.

En la actualidad, la Subsecretaría de Educación Superior tiene registradas en su página de Internet alrededor de 19 instituciones con reconocimientos de validez oficial de estudios, entre las que figuran Contempodanza, Espacio de movimiento AC, en la ciudad de México; Escuela de Danza Gloria Campobello, en Baja California; Escuela Superior de Danza Folclórica Mexicana C’ ACATL, en Puebla; Centro Municipal de Artes de Mazatlán, en Sinaloa, y el Instituto Superior de Educación Artística Calmecac, en Zacatecas.

Estatus de Bellas Artes

A partir de 2006, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) ofrece el grado de licenciatura en interpretación, creación y docencia en las escuelas Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, Nacional de Danza Folclórica, Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, la Superior de Música y Danza de Monterrey y en la Academia Mexicana de la Danza.

El plan de estudios de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, autorizado en 1994, se ha modificado en 2002 y en 2006, cuando pasó de nivel técnico a licenciatura. Pero las otras instituciones mantuvieron el mismo programa durante 12 años.

Las escuelas de danza del INBA con la incorporación de licenciaturas de 2006 a 2009, cuentan con una matrícula de dos mil 937 alumnos: 558 en la Academia de la Danza Mexicana, 578 en la Nellie y Gloria Campobello, 658 en Danza Folclorica, 598 en Danza Clásica y Contemporánea y 545 en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey.

De acuerdo con datos de la Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas, en el ciclo escolar 2007-2008 los alumnos egresados de las Escuelas Superiores de Intérprete de Danza de Concierto, Bailarines, Profesional en Educación Dancística y Licenciaturas, fueron 89.

Métodos anquilosados

Para mejorar la educación artística y ayudar a los alumnos a desarrollar su sensibilidad y creatividad, la bailarina y coreógrafa Claudia Lavista propone modificar los planes de estudio cada año, ya que uno de los principales problemas del sistema educativo ha sido mantener el mismo programa durante años.

Cuando la Secretaría de Educación Pública (SEP) o el INBA aceptan un plan de estudios parece que es para siempre; esto no puede suceder, porque los programas deben revisarse anualmente para modificarse y evitar que la educación se vuelva anquilosada al repetir temas, libros y frases.

Lavista, quien dirige la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), asegura que un buen plan de estudios debe ser interdisciplinario, para trabajar en la formación de los estudiantes los aspectos teórico, intelectual y filosófico.

Asimismo, considera que la libertad de cátedra es vital, porque permite a los docentes que se encuentran en activo transmitir el quehacer artístico cotidiano, el que se vive en el escenario.

El plan de estudios de la EDPM incluye historia del arte, pintura, literatura y música. El nivel de aprendizaje está relacionado con aspectos artísticos y con el conocimiento coreográfico que comparten los maestros.

Tratamos de que el alumno pueda trabajar un proyecto personal desde lo que quiere decir como artista. El profesional de la danza tiene libertad de elegir y decidir cómo resolver problemas a nivel corporal, pero con una apertura hacia los diversos estilos y movimientos.

Quien comparte la opinión de Lavista acerca de crear nuevos planes de estudio es Elizabeth Cámara, directora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza, José Limón (Cenidi-Danza). La investigadora considera que el mayor reto de la educación dancística es que exista conexión entre la formación teórica y la práctica, porque siempre se acusa a la danza de desarrollar habilidades físicas mas no intelectuales.

La coautora del libro La enseñanza de la danza contemporánea. Una experiencia de investigación compartida, detalla que la creación de licenciaturas en danza ha generado interrogantes y resistencias, pues hay quien considera que la formación de artistas no requiere de licenciatura.

Ha sido un proceso que ha enriquecido a los propios maestros de danza, mientras a los egresados les permite competir en un mercado de trabajo con licenciados en danza de otras universidades.

Cámara recordó que la educación formal de la danza en México se inició hace más de 70 años para que la formación de los bailarines no fuera empírica, sino que estuviera estructurada.

Las escuelas han tenido propósitos diferentes según la época; por ejemplo, en la etapa de las hermanas Campobello, quienes fundaron la Escuela Nacional de la Danza, la idea era crear propuestas dancísticas con corte nacionalista, acordes con los proyectos posrevolucionarios, así como la formación de maestros que pudieran lograr un sistema educativo nacional para enseñar danza en todos los niveles.

Si bien han cambiado los propósitos de las escuelas de danza, también ha evolucionado el perfil del docente: los estudiantes requieren maestros creativos, con técnica sólida, que inciten a la reflexión para formar verdaderos artistas.

En la educación de la danza, el profesor necesita conocer todas las técnicas y contar con visión amplia para generar arte, porque si no se desarrolla como artista, será incapaz de forjar nuevos talentos.

Sin embargo, la investigadora del Cenidi-Danza, Patricia Camacho Quintos, considera que en México faltan maestros creativos que propicien la reflexión y la búsqueda. El maestro tiene que ser un artista con un compromiso consigo mismo y con sus alumnos.

La calidad educativa en el país también preocupa a la directora del Ballet Teatro del Espacio, Gladiola Orozco, quien asegura que estamos al día en número de escuelas, pero no en el nivel de enseñanza. No hay docentes buenos; se deben preparar más.

De acuerdo con la bailarina y coreógrafa, existen profesores titulados que llegan a su compañía a solicitar trabajo, pero no están capacitados para atender a un grupo. Sin una técnica sólida y documentada que pueda transmitirse a los alumnos, no se puede producir el arte. El joven bailarín no logrará expresarse ni ser un excelente intérprete al no contar con buenas bases.

Claudia Lavista, a su vez, opina que el docente de danza debe ser una persona que ha bailado profesionalmente y constantemente se actualiza, porque las técnicas se han ido modificando. El maestro tiene una sensibilidad particular para la pedagogía, porque trabaja con el cuerpo de otras personas, por tanto, las clases requieren de sentido humanista.

El problema en cuanto al aspecto educativo de la danza que percibe Héctor Hernández Valle, ex integrante del Harlem Ballet de Nueva York, es que los docentes mexicanos no están interesados en formar verdaderos artistas.

No puedo reconocer un maestro mexicano con méritos propios. Han traído profesores cubanos, pero no han logrado producir el mismo talento que existe en la isla. Yo prefiero trabajar con un sistema adecuado a nuestra cultura y orígenes; desafortunadamente el ballet no importa en un país que vive en la pobreza.

Hernández Valle fue maestro de sus hijos Esteban e Isaac, quienes han ganado medallas en diversas competencias de ballet clásico. Su sistema de aprendizaje es formativo, y según las necesidades físicas del alumno, desarrolla un método que permite corregir la condición del bailarín y su técnica.

Por su parte, la sicóloga y especialista en formación dancística, Rosana Padilla, asegura que “el ejercicio profesional como maestro de danza, no consiste en sólo enseñar, sino es una forma de crear artistas. Es la posibilidad de transmitir sentimientos, imaginación, creatividad y experiencias estéticas, mediante el cuerpo.

Es un compromiso personal de fomentar la enseñanza de la danza a temprana edad, por medio de un sistema especializado. Esto lo he desarrollado durante mi formación y práctica como docente.

Para alumnos con vocación

La apertura de espacios de formación profesional en la ciudad de México y en provincia es alentador para los jóvenes interesados en la danza, ya que representa una opción para quienes no obtuvieron un lugar en las escuelas del INBA.

Al respecto, la coreógrafa y directora de Contempodanza. Espacio en movimiento, Cecilia Lugo, detalla que su escuela es un espacio alternativo para las personas con vocación para la danza y que quieren una formación sólida, ya que en las instituciones oficiales el perfil de ingreso es muy específico.

A decir de Lugo, “un bailarín debe ser integral, en el sentido de que integre su mente, su cuerpo y su espíritu. Un bailarín que no trabaje sólo con sus piernas, sino que piense, que lea, que participe, que sea creativo, que pueda aprender diferentes técnicas de movimiento para lo que el coreógrafo le solicite.

Creo que un bailarín bien preparado podrá expresar mejor lo que quiere en el escenario. El bailarín integral debe saber la técnica de la danza clásica y escénica.

Entre los nuevos espacios de formación para los jóvenes bailarines figura el creado por la compañía Barro Rojo, que dirige Laura Rocha, el cual tiene como propósito crear canales de comunicación en la producción escénica del grupo mediante una formación metodológica con conceptos y técnicas.

La Escuela Profesional de Danza de Mazatlán tiene como misión formar individuos independientes que puedan crear su propia compañía; la base del aprendizaje es la técnica clásica, que permite la formación muscular, así como el conocimiento de otras técnicas más contemporáneas y alternativas.

De la EPDM han egresado 85 bailarines en ocho generaciones, y los estudiantes han creado hasta el momento agrupaciones dancísticas como Lux Boreal, La Serpiente, Hunab Ku, La Luciérnaga y Danza Joven de Sinaloa, entre otras.

La primera Escuela de Danza de la Secretaría de Educación Pública se fundó en 1932, y de acuerdo con el libro Danza y poder, de Margarita Tortajada Quiroz, buscaba “promover una danza que cumpliera con su función social, y no constituir una forma de adorno y esparcimiento burgués; esto es, que tendiera hacia la transformación social del país, que se divulgara y se encauzara para el beneficio de las mayorías.

Pero la educación artística tanto en nivel escolar como en profesional necesita mejorar, porque, como señaló el crítico de arte Juan Acha (Perú 1916-México, 1995), en su libro Educación artística escolar y profesional, el arte es el medio ideal para enriquecer y enmendar, ampliar o afirmar la cultura estética de los individuos y sus relaciones con la naturaleza.