Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 16 de agosto de 2009 Num: 754

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Tres cuentos
JORGE DEGETAU

Envío
LYDIA STEFÁNOU

El secreto de los últimos musulmanes en España
ADRIANA CORTÉS KOLOFFON entrevista con LUCE LÓPEZ-BARALT

Casa Lamm: quince años de memoria plástica
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Medio siglo de El almuerzo desnudo de Burroughs
EDUARDO ESPINA

La espada de Rubén Darío
ALFREDO FRESSIA

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 


Jorge Marín, Bernardo oriental monumental, 2008

La exposición Casa Lamm y sus artistas articula no sólo su historia, compuesta por veintiocho artistas, sino también una revisión de todas las tendencias estéticas que a lo largo de este tiempo han registrado sus artistas. Pero vamos a las obras que se presentan en este catálogo: Abelardo López nos presenta un excelente óleo sobre tela titulado Desde Yagul hacia el norte que, forzando la composición, nos lleva al plano de la narración del cuadro. Carla Aparicio, por su parte, fascinada por la impresión digital, nos conduce a descubrir su mundo poético y demuestra el estudio a conciencia de las tracerías de la era digital, así como la transformación cromática que hace irreales y fascinantes sus obras. La idea de utilizar el color como un diferenciador temporal me parece eficaz en esta muestra. Las obras de arte tienden a afirmarse priorizando los elementos cromáticos que las diferencian, y que con frecuencia alcanzan a vertebrar el conjunto. Carlos Sandoval, Demián Flores, Eduardo Rincón, Edmundo Ocejo, Marisa Lara y Arturo Guerrero, Megs Inniss Suárez, Manuel Zavala y Mónica Mariscal son claros ejemplos y arrasan con su sencillez visual. José Luis García, Ricardo Ortega, Edurne Esponda, Javier Cruz y Luca Bray presentan obras importantes para su evolución creativa que no necesitan el contrapunto de nadie –Toledo, Tamayo, Kiefer, Tàpies, Balthus, Barceló, Raymond Hains, Ràflos-Casamada– y parecen hechas de espaldas y al margen de alguna remota analogía formal exigida por la fuerza de la convocatoria. Este conjunto de artistas refuerza en el dibujo, el grafismo, el gesto y, sobre todo en el color, medio plástico al que someten los demás elementos formales –línea, composición, luz–, casi reducidos a meras modificaciones estructurales. El color en estas obras posee unas cualidades expresivas intensas que pugnan por minimizar el haz de relaciones formales que equilibran el conjunto pictórico. Un cuerpo, un árbol, cualquier objeto cotidiano se multiplica en una estela de variables expresivas siempre distintas en las que predomina, bien el efecto de unidad –el impacto visual–, bien la tensión de las relaciones espaciales que el color establece sobre la superficie, a partir, casi exclusivamente diría, de valores abstractos, como la armonía, el tono y el volumen. Sin embargo, la luz transforma el color en una atmósfera de combinaciones espaciales –al estilo de Zurbarán, Juan Gris y Esteban Vicente, maestros del color y de la luz– y se convierte en un efecto estético prioritario, como calibraron los venecianos, Velázquez, Rembrandt y los impresionistas.


Carla Aparicio, 33_10 (3/3), 2008

La crítica ha hablado hasta hace poco de la ansiedad de las influencias (Harold Bloom), del peso de la historia de las formas sobre cualquier recurso figurativo del artista, obligado a reproducir, a menudo inconscientemente, viejas polémicas formales, o a convertir en metáforas creativas complejas iconografías de una tradición que se negaba empecinadamente. La criba de lenguajes plásticos de la modernidad, decretada por el desvergonzado sincretismo actual y la obstinación narcisista de demasiados consagrados, no basta, sin embargo, para eliminar la huella de un fuerte pasado artístico que, por el hecho nada desdeñable de ser nuestro, nos exige respuestas valientes o sencillamente habilidosas, a menudo al margen de las formas. En esta exposición se multiplican los ejemplos –aunque lo importante es el rigor del enunciado.


Marisa Lara y Arturo Guerrero,
Viaje del sol por el cielo

Sergio Hernández interpreta, o mejor dicho, reinterpreta su pasado desde un realismo cromático, que es lo suyo, y el resultado es notable. Rubén Leyva interpreta desde Paul Klee, Miró y Tamayo una pintura plana fuera de serie, llena de signos, enigmas y poesía, casi fauvista, y nos atrapa con su energía. Javier Marín presenta una escultura “clásica”, esto es, dentro de su discurso figurativo, deudor de la escuela renacentista pero de una calidad impecable y, como siempre, demostrando que el arte no tiene tiempo ni espacio, sino un descubrimiento constante. Enrique Cattaneo recurre al paisaje más íntimo y poético, lleno de la magia de Seurat, Ingres y Monet; un espacio convencional pero inquietante que reivindica el punto de mira fijo –la “camera lucida”– y presenta con escrupulosidad casi “fotográfica” una secuencia sorprendente de su discurso estético. Sandra Pani y Laura Hernández aciertan, a mi entender, en captar el desafío de la convocatoria y traducen en observaciones corporales y florales –luz, color, materia– las fuertes presencias emotivas de su poética visual, para una serie de pinturas de trazado complejo que descubren su pasión por la figuración más sublime. Árbol , de Sandra Pani es una metáfora que la devuelve a sus motivos esenciales: la destrucción de la imagen y su “purificación” mediante la materia plástica.


Demián Flores, Eterno retorno, 2007

Es difícil alcanzar la ecuanimidad en el debate artístico. Los artistas reunidos en esta ocasión demuestran que el arte es elocuente cuando se le sabe someter a una sagaz interpretación individual y reflexiva, más allá de las complicidades de la tradición o quizá en su contra. “La naturaleza es muy compleja, como las emociones de los hombres”, ha escrito cierta hechicera incombustible del arte de siempre.

* Fragmento del texto del catálogo Casa Lamm y sus artistas, editado por el Centro Cultural Casa Lamm, México, 2009. La exposición permanecerá abierta hasta septiembre del 2009.