Opinión
Ver día anteriorLunes 17 de agosto de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿País con futuro? Inversión educativa
Víctor Flores Olea
E

ntre las plagas que se han abatido sobre México en tiempos recientes, hay una tremenda que ha sido anunciada sordamente y que tiene el peligro de irrumpir de pronto en el panorama nacional, con efectos perniciosos, destructivos a más no poder del futuro mexicano.

El 12 de agosto el secretario de Hacienda Agustín Carstens anunció en comparecencia ante el Senado que al final del año habrá un faltante de 300 mil millones de pesos, lo que motivará que el Ejecutivo presente para 2010 un paquete financiero con nuevos impuestos, recortes presupuestales en varios rubros y un endeudamiento moderado. Si esto es leído a la luz de otras declaraciones de funcionarios públicos, como la del secretario de Educación Pública, quien pidió en junio a las universidades públicas hacer un esfuerzo para autolimitar sus presupuestos, vemos que la tendencia sigue sus derroteros habituales: a falta de recursos fiscales, los primeros que se afectan son los educativos y del gasto social.

La primera cuestión es el impresionante vacío de proyecto de país que distingue una vez más al gobierno de la República. Porque abandonar la educación a su suerte resulta hoy uno de los mayores contrasentidos imaginables: muchos, en todas partes, han repetido con argumentos irrefutables que la mejor y más redituable de las inversiones en un país que se propone el desarrollo y el avance social es precisamente la educativa.

Estamos empeñados en una guerra contra la delincuencia organizada; con gastos multimillonarios en armas, se desea vencer la desocupación, que avanza a pasos agigantados; nos proponemos proteger los bancos e instituciones financieras para impedir que se despeñen el mercado y las finanzas, y sin embargo dejamos a la cola de las necesidades nacionales la absoluta exigencia de que contemos con un futuro digno de ese nombre, que sólo puede lograrse por medio del desarrollo científico y tecnológico en todas las áreas, en el campo de las humanidades y en el de las llamadas ciencias duras. Sin un serio avance científico y tecnológico, sostenido y a largo plazo, no podemos pensar en un país que trascienda la delincuencia organizada y que aspire a figurar entre los países con porvenir.

Como simple ejemplo: “desde su independencia, en 1947, la India de Nerhu recurre a la ciencia para responder a sus problemas nacionales, creando o renovando su tejido científico y universitario. El gobierno se enfrenta con enormes necesidades agrícolas, sanitarias, energéticas, educativas, industriales y militares, pero es el conjunto del aparato industrial y científico el que decide las prioridades… Los viveros de nuevas sociedades de tecnología de punta (biotecnología, informática, farmacia... ) florecen en torno a los campos universitarios. Las grandes ciudades universitarias crean parques tecnológicos en los que jóvenes empresas innovadoras pueden instalarse para aprovechar una infraestructura fiable (electricidad, agua, telecomunicaciones, etcétera)” (Comisión Europea sobre la Investigación Científica, 31/5/02).

Por fortuna, los responsables de la educación superior en México, y en primer lugar el doctor José Narro, rector de la UNAM, han salido con determinación, en diferentes ocasiones, a defender sólidamente no sólo el presupuesto de la institución, que ya se ha devaluado en 30 por ciento debido a la crisis económica, sino su ampliación, ya que en momentos de crisis, la educación superior debe recibir incrementos y no disminuciones en su presupuesto. Además, “se trata de una tarea y una responsabilidad estratégica para el desarrollo del nuestro país…, un recorte a la educación superior pública de México es una de las peores medidas que se pueden asumir... Por el contrario, tenemos que ampliar la cobertura en este ámbito; se trata de un problema de todos y de un compromiso de las estructuras gubernamentales en el terreno federal, estatal y municipal, y también del resto de la sociedad… La educación tiene que ser una de las grandes palancas para salir adelante”.

Por su lado, René Drucker, director general de Divulgación de la Ciencia en la UNAM, ha dicho que la actividad científica en México siempre ha tenido que trabajar con escasos recursos. Ni el Ejecutivo ni la Cámara de Diputados han tenido hacia la ciencia ningún interés real. De hecho, esto se puede comprobar fácilmente echándole un ojito al histórico del porcentaje del PIB que se destina a este rubro, digamos desde 1980 (o sea, un cuarto de siglo), y veremos que ha estado fluctuando entre 0.3 y 0.4. En otras palabras, mientras en otros países la inversión en ciencia y tecnología fluctúa entre 1.0 y 4.0 por ciento del PIB (véase Suecia, Estados Unidos, Francia, Alemania, España, Corea, Japón, etcétera), México se aferra a mantener la inversión sin grandes cambios presupuestales y, más bien, dándonos el sobrante del presupuesto (La Jornada, 19/1/07).

Resumiendo: entre los abandonos del actual gobierno está su olvido de la ciencia y la tecnología y de su importancia para el desarrollo económico y social de México, vistos sobre todo a mediano y largo plazos, en perspectiva histórica.

Esta renuncia es un escándalo para el país y los mexicanos. Sí, es absolutamente imprescindible el cambio del modelo económico, pero también es imprescindible el impulso excepcional que debiera recibir la educación superior en México y considerar que tal inversión es la principal de las inversiones posibles. Sin ella será imposible levantarnos; habremos perdido el país que deseamos.