Foto: Heriberto Rodríguez

 

 

Voces de Perú

Después de Bagua

Alfredo Rodríguez, asesor de Aidesep  (Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana). Los 120 decretos impuestos por el presidente Alan García sin la aprobación del Congreso fueron cocinados en los bufetes legales de las transnacionales interesadas en la explotación salvaje de la Amazonía. El pretexto para imponerlos es que se necesitaban para armonizar la legislación nacional con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, firmado en 2007. La mayoría de los decretos no tenía nada que ver con el tratado. El movimiento de los indígenas amazónicos ha protestado contra once de los decretos que los golpeaban a muerte y, hasta ahora, obtuvo la anulación de cuatro. La excesiva reacción del gobierno, que llegó a la matanza de Bagua, ha puesto en evidencia que tras los decretos hay un meganegocio con las transnacionales y que probablemente muchas comisiones ya fueron pagadas.

Además de las actividades extractivas, hay dos nuevos business en programa para la Amazonía. Uno son los monocultivos extensivos para producir biocombustible. El otro es la compra de millones de hectáreas de selva para su reventa a los países industrializados como tiraderos de co2, según el programa Reducción de Emisiones de Carbono por la Deforestación y la Degradación de los Bosques de la onu.

Los hechos de Bagua atrajeron la atención, pero ya antes hubo episodios de lucha y resistencia que pusieron en crisis al Estado: en Camisea, en la Estación 5 de Petroperú, en el río Napo, en el Corrientes, con su capacidad de bloquear el tráfico fluvial y carretero y los mismos oleoductos, el movimiento indígena de la Amazonía ha demostrado poder tocar las venas más sensibles de la economía nacional, el flujo de gas y petróleo. En mayo bloquearon el río Urubamba, a la altura de Atalaya. Siete mil asháninkas bajaron del Gran Pajonal —nunca se había visto tal cantidad de indios de la selva en la ciudad de Atalaya. Una cosa inédita, los pobladores urbanos no sólo se solidarizaban con ellos, sino que los hospedaban y alimentaban. Sin embargo no fue noticia.

Las compañías gasíferas y petroleras que ya operan en la selva contaminan los ríos y matan a los peces, que siempre han sido un recurso alimenticio importante para las comunidades. Los comuneros sienten que su sociedad es destruida por los fuereños, que las únicas cosas que dejan son enfermedades, contaminación, destrucción del ambiente y de un modo de vida milenario. Para ellos es una cuestión de vida o muerte.

Aidesep siempre se ha mantenido distante de los partidos políticos. Sus dirigentes siempre se han centrado más en lo indígena que en lo político. El dirigente indígena, Alberto Pizango, rompió con esta tradición, acercándose a la Confederación General de Trabajadores del Perú, y a la izquierda, para formar un frente en defensa de la Amazonía. Fue él quien abrió una relación entre el movimiento indígena y las fuerzas políticas, que no existía antes. El primero de mayo, Pizango aceptó la invitación de los comunistas para participar en la gran manifestación de la Plaza Dos de Mayo. Era la primera vez que un líder selvático tomaba la palabra en un mitin de la clase obrera y lo hizo para pedir solidaridad de todos los trabajadores con la lucha de los indígenas en defensa de la Amazonía. Fue ahí que la lucha para la Amazonía se convirtió en lucha nacional.

Leandro Calvo, vicepresidente de la orpian (Organización Regional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía del Norte) adherente a Aidesep. Nadie se esperaba que el 5 de junio, día mundial del ambiente, el gobierno lanzara un ataque armado contra nuestros hermanos. Era el día 57 del paro amazónico, una lucha totalmente pacífica y democrática contra los decretos inconstitucionales que ignoran nuestros derechos. Según el Convenio 169 de la OIT, los pueblos indígenas tienen que ser consultados para todo proyecto que los afecte y que involucre sus territorios ancestrales. En el Perú, que firmó, este tratado tiene rango constitucional y no se pueden emitir leyes que lo violen, como los decretos de Alan García.

Lo que le interesa al gobierno son las grandes inversiones extranjeras. Nosotros también estamos a favor del desarrollo, pero por un desarrollo colectivo, que deje algo a la población, a las generaciones futuras. Los funcionarios del gobierno nunca han venido a nuestras comunidades a ver las carencias. En vez de pensar sólo en extraer oro, madera, petróleo, ¿por qué no nos apoyan en salud y educación? En la frontera norte sólo tenemos dos maestros para 150 alumnos, un solo médico para curar a cuatro mil personas y sin suficientes medicamentos. Ahora que hay tanta preocupación por el cambio climático, se debería entender que nosotros defendemos la Amazonía no sólo para nuestra gente, sino para toda la humanidad, para el planeta.

Daysi Zapata, presidenta de Aidesep. El presidente Alan García menciona que Brasil ha puesto en concesión, de un solo golpe, 67 millones de hectáreas y que en Perú, según su lógica del perro del hortelano, esto no se podría hacer porque provocaría demasiadas protestas. Lo que Alan García se olvidó de decir es que aquella superficie de tierra representa sólo el diez por ciento del territorio amazónico brasileño y que, gracias a estos números, el gigante continental tiene un mayor margen de maniobra en su política ambiental. Pero Perú no puede darse este lujo, no puede bajar la guardia, y menos aún tomar el camino del suicidio ecológico.

Santiago Alfaro Rotondo, sociólogo. La Amazonía peruana es una región que siempre ha sido poco controlada, sea por el Estado colonial o republicano, y esto contribuyó a la resistencia de las identidades étnicas, mucho más que entre los indígenas andinos, que actualmente se identifican como campesinos. Los indios amazónicos todavía se sienten shipibo, asháninka, awajún, wampis, shawi, además de peruanos. Es desde final de los años 60, que se formó un movimiento indígena que reivindica derechos colectivos, como la conservación de sus lenguas y territorios ancestrales, y que ahora se ha vuelto visible a nivel internacional con los hechos de Bagua. La visión del movimiento indoamazónico es hacer coincidir el desarrollo con el respeto de su identidad y autonomía y con la conservación de sus territorios y los recursos renovables.

 

Entrevistas: Gianni Proiettis

Corresponsal en Latinoamérica del periódico italiano Il Manifesto.

 

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