Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de septiembre de 2009 Num: 757

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Poema de los treinta años
RODOLFO USIGLI

El Viaje Adolescente
RODOLFO USIGLI

Riesgo inminente
ROLANDO GÓMEZ

Figuras de un apocalipsis en las ruinas de Nueva York
THOMAS MERTON

El 9/11 ocho años después: la herida abierta
NAIEF YEHYA

El hambre en Nueva York
EDITH VILLANUEVA SILES

Columnas:
Galería
RAÚL OLVERA MIJARES

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Riesgo inminente

Rolando Gómez

No, no se trata de un comentario sobre otra alienante película de Hollywood, con el simpático Harrison Ford esquivando disparos de fusiles automáticos con balas de salva mientras conduce un coche en llamas de utilería sin que se le arrugue la corbata, escapando de esos traficantes de droga colombianos de aspecto tan latino y tan siniestro, vendiendo esa visión de la realidad en la que los agentes de la cia aparecen por supuesto como los “buenos chicos”, siempre tan morales, tan bien afeitados y bien vestidos. No.

Se trata de comentar la noticia aparecida en la prensa internacional sobre un hecho real: el “acuerdo” que el actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, acaba de concertar con Estados Unidos para el asentamiento en territorio colombiano de bases militares estadunidenses. No una, sino cinco o siete bases distintas, según lo que reporta la prensa.

Esta noticia no nos puede dejar indiferentes. Se trata de uno de los hechos más aberrantes de la política internacional de hoy, por lo menos en lo que se refiere a esta parte del mundo que nos toca habitar, nuestra querida Latinoamérica.

Uribe Vélez recorre en estos días Sudamérica tratando de convencer a los gobernantes de los distintos países del sur que Colombia necesita otra vez de Harrison Ford y de Willem Dafoe.

No importa que muy recientemente haya dicho que él había ganado esa incomprensible guerra de más de sesenta años, y que tanto las FARC como los traficantes de droga están a la retirada. Colombia necesita más de los impecables soldaditos estadunidenses, siempre tan lindos en sus uniformes de fajina y sus caras pintadas para tratar de camuflarse entre la población local.

No importa que la población local de la dolida Colombia tenga que aceptar que esos mercenarios y uniformados extranjeros gocen de total impunidad si cometen crímenes, como violaciones a mujeres colombianas o tráfico de armas y drogas, los cuales ya ocurrieron, y no precisamente en películas.

No importa que el sentido estratégico de fondo de esas bases sea en realidad el mantenimiento de una estructura corrupta de poder económico imperial, siempre con el apoyo de una burguesía criolla que usufructúa la miseria de miles de sus compatriotas y obtiene sus obscenas prebendas del mantenimiento de un Estado burgués incompleto o inconcluso, ya desde hace generaciones.

No importa que sea totalmente incomprensible –para cualquier hombre o mujer de paz– el mantenimiento de esa guerra que parece ser la raison d' être de dos países que se complementan: el mayor productor de estupefacientes del mundo y el mayor consumidor de estupefacientes del mundo.

No importa que baste caminar sólo unas cuadras por las calles de Bogotá o Medellín para ver cómo las suntuosas mansiones están resguardadas por fusiles marca M 16 o Galil (¿cómo llegaron allí? ¿algún rogue state los fabricó y facilitó?).

No importa que el sentido actual de esas bases sea en realidad el de la posibilidad de apuntar sus fusiles hacia el sur.

Esas bases militares, con terrible capacidad de fuego sobre el pequeño terruño del cafetero Jairo Gutiérrez en los valles de Cundinamarca, no estarán allí solamente por Jairo, no. Estarán allí amenazando también a la negra Coromoto Valle, que vende arepas con chicharrón a los obreros en Puerto Cabello y en estos tiempos cree firmemente que las antiguas enseñanzas de Simón Bolívar tienen también validez actual. Amenazarán también al viejo Qhispe Mamaní, que todavía labora de sol a sol allá en las minas de Huanuni, y hoy siente que por fin está recuperando la patria de sus ancestros.

Es la misma sensación de amenaza que debe haber sentido el joven Guadalupe Vázquez, por acá por las montañas del estado de Veracruz, cuando su abuelo pelador de caña le contó las historias de aquel terrible desembarco en 1847.

Esas bases militares no son historias de Hollywood. Son una amenaza clara y presente para todos ellos y también para nosotros.

Hay que temerlas. Y hay que repudiarlas.