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Disquero
Ópera para niños
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Pablo Espinosa
disquero@jornada.com.mx
Periódico La Jornada
Sábado 12 de septiembre de 2009, p. a15

Primero la orquesta, que tiene más de cien guerreros en sus filas, narra la historia completa sintetizada en una obertura, preámbulo, umbral, prólogo orquestal (orchestervorspiel). Enseguida se escucha la voz de la protagonista, que canta así, con una voz poderosísima, capaz de remontar la fuerza de los cien músicos que yacen en el foso, vivos: Oídme, gentes de otros lugares, yo soy Siglinda y ésta es mi historia. Mi historia no comienza el día que nací, pues ése no lo recuerdo. Mi historia empieza el día en que la puerta de la casa de mi marido se abrió y entró un hombre que no era mi marido.

La orquesta brama, escupe fuego, regurgita sonidos sublimes. Torna la atmósfera en un halo atemporal, un espacio mítico que remonta las eras. Es una de las historias de Edda, esa saga nórdica que inspiró todas las óperas de Wagner y una buena parte de la historia occidental.

Sigue Siglinda, canta: la casa estaba construida alrededor de un fresno, un fresno grande y fuerte como el que alberga a las nornas que tejen nuestras vidas.

(Las nornas son las deidades nórdicas del destino. Tres de ellas las principales, una narra lo que ha ocurrido, otra lo que ocurre ahora y la tercera lo que debería suceder o es necesario que ocurra. Una de ellas también cumple el papel de valquiria. Otra de ellas suele representársele con la imagen de un ángel, que reproducimos aquí abajo a la derecha, mientras que a la izquierda esplende una paráfrasis de El beso, de Gustav Klimt, personificando a los héroes de esta ópera, en el cuadernillo del disco.)

La orquesta entera desarrolla ahora los arquetipos wagnerianos: la potencia infinita, la elevada tensión emocional, efluvios cósmicos aterrizados. Los elementos de su invención: el leitmotiv, o tema motívico que injerta a cada uno de los personajes, para narrar con música. La melodía infinita, ese oleaje calmo que refleja el amor. Sus temas: la redención por el amor, por el eterno femenino, el libre albedrío frente a las más elevadas potencias.

Canta Siglinda: el hombre que entró aquel día era un extranjero, pero su cara parecía un reflejo de mi cara y su voz me traía ecos de la mía.

Ambos guerreros forman parte del universo wagneriano que se despliega en una novedad discográfica de excelencia: La Walkiria, ópera de Richard Wagner con la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan y un elenco insuperable: Gundula Janowitz es Siglinda, Jon Vickers encarna a Sigmundo, Martti Talvela a Hunding, Thomas Stewart a Wotan, Régine Crespin a Brunilda, Josephine Veasey a Fricka. Deslumbrante.

Esta grabación forma parte de una serie de 15 discos, correspondientes a igual número de óperas distintas, que el sello alemán Deutsche Grammophon lanzó en España a mediados del año pasado y que ahora llega a México con una identidad particular: la colección se titula Ópera para niños.

Óperas célebres (Carmen, Aída, Rigoletto, Madame Butterfly) junto a títulos menos socorridos (Cosi fan tute, Las bodas de Fígaro y La flauta mágica, de Mozart).

El procedimiento consiste en reducir la ópera completa a sólo un disco, en una síntesis excelente pero sobre todo convertir el libreto en un cuento, incluido en el cuadernillo del disco.

Llama la atención por lo pronto y es plausible que una ópera de Wagner, un autor que pide mucho al escucha y le da más, se aproxime a los niños, que son las personas más inteligentes, sensibles, amorosas y geniales en el planeta entero.

Albricias.