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En compañía de Seis y Son del Solar, el músico dio tres horas de salsa dura, en el Auditorio

En magnético acto salsero, Blades demostró la plenitud de su talento

Entre otros temas y confesiones cantó Pablo pueblo, que marcó el origen de mi compromiso social

Cerró con Cantares del subdesarrollo, prueba de su agudeza para retratar a la sociedad

Foto
Todos vuelven es el nombre de la gira con la que el salsero se rencuentra con el público y sus viejos colegasFoto Yazmín Ortega Cortés
Ernesto Márquez
 
Periódico La Jornada
Sábado 12 de septiembre de 2009, p. 6

Nunca un acto salsero había sido tan profesional, correcto y humanamente emocionante como el concierto que brindó Rubén Blades la noche del jueves 10 en el Auditorio Nacional. Simplemente algo para recordar por mucho tiempo.

Fueron tres horas de salsa dura con temas del periodo más fructífero de Blades con Seis y Son del Solar. Momentos aderezados de comentarios oportunos, puntuales y descriptivos con los que el panameño daba contexto a una secuencia de canciones inteligentes en las que se inscriben crónicas sociales, historias de malandros, aspectos de la familia, conceptos nacionalistas y la exhortación a integrar una América Latina unida, cómo la que Bolívar soñó. Textos, que algunos piensan son poesía, montados sobre distintas ritmáticas, que van del complejo del son cubano a los géneros caribeños, del funk al doo woop callejero, de la salsa a formas jazzísticas.

Rencuentro con viejos colegas

Blades se había retirado de los escenarios para cumplir un compromiso con Panamá. Hubo de esperar a que concluyera su función como ministro de Turismo en el gobierno de su amigo Martín Torrijos para iniciar esta gira del rencuentro con sus viejos colegas. La llamó Todos vuelven, ya que, en sus palabras, es un homenaje a esa relación musical que existe entre él y los músicos que lo acompañan: Óscar Hernández (piano), Eddie Montalvo (tumbadoras), Ralph Irizarry (timbales), Robby Ameen (batería), Mike Viñas (bajo), Arturo Ortiz (teclados) y Richie Marrero (vibráfono), con quienes exploró nuevas rutas sonoras, haciendo arreglos de mentalidad moderna que sustituyeron las secciones típicas de viento y la percusión latina por sintetizadores, batería y elementos de jazz.

Vestido totalmente de negro, con su clásico sombrero, Blades apareció en escena, tras la introducción instrumental de Caminos verdes, cantando El padre Antonio y el monaguillo Andrés. La cosa comenzaba bien. Y si alguien albergaba dudas sobre el Blades que iba a encontrarse las disipó todas a partir de ese momento. El hombre está entero. Física y musicalmente luce en espléndidas condiciones.

Cuentas del alma y Amor y control dieron continuidad a un programa integrado por las canciones más votadas en su página web. El ex ministro de Turismo de Panamá prosiguió con Decisiones, tema al que dio tratamiento diferente, launchesco; continuando con Buscando guayaba, donde los trombonistas invitados, Reinaldo Jorge y Jimmy Bosch, destacaron sus cualidades de ejecutantes, y Plantación adentro, tema del inmenso compositor boricua Catalino Tite Curet Alonso y uno de sus primeros éxitos con Willie Colón, de quien dijo seguir considerando su amigo.

La encendida convivencia del público salsero mexicano con el juglar panameño se manifestó en una suerte de empatía gozona. La reacción danzaria se dio donde se pudo y el tempo de la clave cubana llevada con las manos se escuchó en todo el recinto.

Ideas musicales

A esta altura del concierto Blades presentaba Pablo pueblo como uno de los primeros temas políticos que escribió, justo cuando cursaba las carreras de derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Panamá. Esta canción marcó el origen de mi compromiso social, dijo, aunque señaló que al mundo no lo cambiarán las canciones: el mundo se va a cambiar a través del acto, de la voluntad; tenemos varias formas para hacer eso.

Blades hacía confesiones, narraba historias, arrancaba sonrisas –el primer trompetista negro que es presidente, dijo en referencia a Barak Obama– y dejaba algunas ideas para la reflexión. Pero ante todo demostraba que su talento musical seguía intacto.

En medio del goce recordábamos la cantidad de ideas musicales y literarias que este personaje fundamental ha incorporado a la música popular caribeña y latinoamericana. ¿A quién se le podía ocurrir decir, en medio de tambores y trombones, Como en una novela de Kafka, el borracho dobló por el callejón? O citar, en una guaracha (Juana Mayo), a Jorge Manrique: Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte? ¿A quién, un álbum de salsa inspirado en cuentos de García Márquez? del cual esa noche destacó Ojos de perro azul y Agua de Luna.

En la recta final del concierto recordó al poeta peruano César Miró, autor del vals que él transformó en salsa, Todos vuelven. Todos vuelven por la ruta del recuerdo..., coreábamos al unísono. Porque todos estamos hechos de memorias y recuerdos. Vino entonces el guaguancó Patria, con su verso feliz: Patria son tantas cosas bellas, mientras en la pantalla aparecía la insignia mexicana que avivó el fervor nacionalista. El efecto lo aprovechó Rubén para mencionar el gran afecto que le tiene a este país y agradecer a quienes hicieron posible su llegada a nuestro país. Ojala me vuelvan a invitar.

Artista sin ataduras

Concluyó con lo programado y vinieron los bises, en total cuatro, y con ellos una sorpresa: el compositor transformó el enorme recinto en la sala de su casa e invitó a la concurrencia a una velada íntima para explicar cómo hace sus canciones. Tomó una guitarra y ejemplificó con el tema Adán García, el ladrón que para asaltar bancos usaba el révolver de agua de su chiquillo. Aquello fue magnético y magnífico; todos en silencio presenciamos el noble y gran oficio de componer.

Ya para el final y tras cerrar con Muévete, tema de Juan Formel que trocó en himno antirracista, Rubén presentó su más reciente producción musical, Cantares del subdesarrollo, edición con ritmo y corazón donde demuestra una vez más esa agudeza para ver y retratar la sociedad, con un toque de humor y sarcasmo que nunca sobra.

“En Cantares del subdesarrollo toqué todos los instrumentos, desde la guitarra acústica, de seis y 12 cuerdas, el tres cubano, el bongo, la clave, las maracas y puse todas las voces”, nos dijo en la charla previa al concierto, y subrayó que para él la música es una pasión, por eso le da valor especial.

Me siento muy bien, sin ataduras de nada. Por eso puse a la venta este álbum en Internet, sin marcarle valor económico, para que la gente que quiera tenerlo pague por él lo que crea que vale.