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La política de Obama cambia el panorama: vocero de la ONU

Oportunidad histórica de eliminar el arsenal nuclear, dicen activistas

Sede de 62 conferencia en la materia, el DF se une al movimiento antibélico

Blanche Petrich y Georgina Saldierna
 
Periódico La Jornada
Sábado 12 de septiembre de 2009, p. 18

Un diplomático chipriota inventó un aforismo en los pasillos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), haciéndose eco de la frustración por las eternas trabas que las potencias pusieron siempre a los procesos para frenar la carrera armamentista: desarmar, verbo irregular sin primera persona y sin tiempo futuro.

La frase fue citada ayer por el alto representante para Asuntos de Desarme de la ONU, el brasileño Sergio Duarte, recordando los obstáculos que históricamente enfrentaron todas las entidades –oficiales o no– que buscaban avanzar en el cumplimiento de los tratados internacionales contra la proliferación de armas convencionales o nucleares.

Pero –añadió Duarte–eso fue en el pasado; los tiempos están cambiando.

Lo que se hizo patente en la clausura de la 62 conferencia de organizaciones no gubernamentales ¡Desarme Ahora! fue esa sensación de que hoy, con la determinación del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de revisar la política bélica nuclear de su gobierno, se vive una oportunidad histórica de cambiar esa trayectoria de discursos huecos y convenios incumplidos para lograr lo que, en palabras del alcalde de la ciudad de Hiroshima, Tadatoshi Akiba, puede llegar a ser una verdadera revolución: la reducción a cero de todo el arsenal nuclear existente, para el año 2020.

Akiba, quien preside la organización Alcaldes del Mundo por la Paz, incluso propuso un nombre para esta revolución: Cosmos, que así se llama una flor que se da en su país, pero también es el nombre de la casa común de la humanidad. De paso, anunció que a partir de ayer la ciudad de México pasó a ser un miembro más del movimiento que él preside.

Pero si algunos oradores hablaron de optimismo y esperan con los ojos puestos en la próxima reunión cumbre del Consejo de Seguridad de la ONU para el desarme, que presidirá el 24 de septiembre el mismo presidente de Estados Unidos, en Nueva York, otros no olvidaron el mundo en que viven.

Así destacó el discurso de clausura de Roberto Zamora, el abogado costarricense que en 2001 desafió la decisión de su gobierno de apoyar con fuerza pública la guerra ilegal de George Bush contra Irak, y que obtuvo en su favor un fallo de inconstitucionalidad de la Supre- ma Corte de Costa Rica.

Recordó que los cinco países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que pueden vetar las resoluciones de los demás integrantes son los mayores productores de armas en el mundo. ¿Con qué autoridad pueden decidir sobre la paz si basan su política internacional en la amenaza del uso de la fuerza con bases militares?.

Recordó a los latinoamericanos que Ecuador, Venezuela y Colombia sufren una crisis política producto de las bases militares estadunidenses en este último país. Así, mientras unos apuestan sus fichas a las negociaciones en la ONU por el desarme, Zamora puso el dedo en la llaga: mientras exista el veto estalinista (en el Consejo de Seguridad), jamás habrá imperio de la ley.

Golpes de Estado

El análisis crítico de Zamora enfiló también hacia las condiciones en Latinoamérica y en su país. ¿Qué hacen las naciones pequeñas, como las centroaméricanas, con ejércitos? Para golpes militares es que sirven, nada más. Y ahí vino la única alusión que hubo en este congreso de pacifistas al golpe de Estado de Honduras. Seguimos con un presidente en el exilio, Manuel Zelaya, debido a los ejércitos pequeños. Y cosechó el único aplauso que interrumpió un discurso.

Costa Rica –su país– no quedó exento de su crítica, porque en su tratado de libre comercio con Estados Unidos accedió a desgravar armas y maquinaria de guerra y ha permitido que fábricas militares estadunidenses se instalen en su territorio para abatir costos, convirtiendo a una nación neutral por historia en una maquiladora bélica.

Por último, Charles Hitchcock, presidente del encuentro, leyó los resolutivos de la conferencia.

En materia de desarme nuclear se acordaron las siguientes medidas: proponer planes para el desarme y para la reforma del Consejo de Seguridad, de modo que este órgano sea eficaz para sancionar violaciones a los tratados de desarme y no proliferación nuclear, entre otras.

En materia de armas pequeñas y convencionales: mejorar los controles del comercio y su uso; evitar la proliferación entre la población civil, reforzando y haciendo más estrictas las licencias, el registro y la regulación para la posesión; apoyar la creación de un tratado internacional de comercio de armas que prohíba transferencias de este tipo de arsenales a los países que violen la legislación internacional, sobre todo de garantías individuales y derecho humanitario.

Se proponen también reforzar las campañas para lograr el pleno cumplimiento de los tratados para la prohibición de minas terrestres y de municiones de racimo.

En tanto, las ONG presionarán a sus gobiernos y a los organismos para que el gasto militar se canalice a alternativas productivas y socialmente responsables que permitan reducir la brecha entre pobres y ricos.