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Zelaya quería mantener muertos por muchos años a hondureños, argumenta Micheletti

“Gracias Brasil por proteger a Mel”, claman antigolpistas en Tegucigalpa

Estima el gobernante de facto que tras las elecciones generales de noviembre volverá la calma al país

Enojo de algunos sectores por reunión del mandatario constitucional con los candidatos presidenciales

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Un simpatizante del Manuel Zelaya lanza consignas contra el gobierno de facto en pleno centro de la capital hondureñaFoto Ap
Arturo Cano
Enviado
Periódico La Jornada
Domingo 27 de septiembre de 2009, p. 21

Tegucigalpa, 26 de septiembre. Dueño de las noches de los hondureños, Roberto Micheletti, el presidente de facto, reinventa también las frases hechas y las posibilidades humanas: Preferimos vivir de rodillas seis meses y no muertos por muchos años.

Así que ahora el mundo, siempre desinformado de lo que sucede en Honduras según los golpistas, sabe que el presidente José Manuel Zelaya Rosales pretendía seguir en el poder sólo para mantener muertos por muchos años a sus compatriotas.

Por lo pronto, lo que no vive es el diálogo tan cacareado toda la semana –así sea bañado de toletazos, gases y nuevas armas químicas–, luego de que el lunes 21 de septiembre, para sorpresa de todos, Zelaya reapareciera en el corazón mismo de su país.

El martes y el miércoles fueron de golpizas brutales contra los zelayistas, en los alrededores de la embajada de Brasil, donde el presidente Luis Inacio Lula da Silva dio refugio a Zelaya por el tiempo que sea necesario, en un acto aderezado por el ex obrero metalúrgico con su respuesta a las bravuconadas de Roberto Micheletti: No voy a responder a las estupideces de un golpista.

“Gracias, Brasil, por proteger a Mel de este gobierno vil”, dice el cartel que carga una mujer menuda, una de las miles de zelayistas que llegan este sábado a dos calles de la sede diplomática. Varias cuadras a la redonda son controladas totalmente por los militares.

Aunque hoy ni la madre del presidente, Hortensia Rosales, se atreve a pedir paso franco, el jueves entraron sin problemas cuatro de seis candidatos a la presidencia, los cuatro partidarios del golpe. Porfirio Pepe Lobo, del Partido Nacional, es el que tiene más posibilidades de llegar al poder. Le sigue Elvin Santos, del Partido Liberal, el órgano político de Zelaya y de Micheletti. Hubo abrazos y sonrisas para la foto.

Las paradojas de Honduras bajo el golpe de Estado: los candidatos a la presidencia se reúnen con un presidente al que desconocen y quien, además, es prófugo de la justicia por delitos nada menores como traición a la patria. Muchos zelayistas se encachimbaron (enojaron) con la mentada reunión, porque llevan tres meses pintando las paredes con leyendas como Lobo y Elvin golpistas, pero los gruñidos no fueron menores en el lado del gobierno de facto.

Zelaya les dio una manita, porque al finalizar esa reunión dijo que los candidatos parecían no darse cuenta, a estas alturas, de la gravedad de la crisis política del país. Luego, acaso para no decepcionar a quienes se han mantenido en las calles durante tres meses, hizo leer un exhorto a la resistencia para mantener la batalla hasta que juntos, pueblo y presidente, logren las reformas constitucionales y la caída de los usurpadores.

El tono del mensaje no era muy distinto del usado en su reaparición en territorio hondureño (Patria, restitución o muerte), pero se convirtió en el eje de la estrategia del gobierno de Micheletti: ya ven, Zelaya no quiere el diálogo, dijeron los golpistas en todos los tonos y mediante todos los medios a su alcance (casi todos).

Antes, tomados por sorpresa, desbrujulados y desvisados (Estados Unidos ya le quitó la visa hasta a Micheletti), los golpistas se habían dedicado a hacer lo que mejor han hecho desde hace tres meses: dar palo en las calles.

Ahora, pese a la aprobación internacional del ingreso de Zelaya a su país (en contraste con lo sucedido a finales de julio, cuando pretendió entrar por la frontera con Nicaragua), el discurso de los golpistas ha vuelto a su cantaleta de siempre: (Zelaya) no puede ser restituido en el puesto, ni volver a ser presidente nunca más en la historia mientras esta Constitución esté vigente, ha dicho Micheletti.

Los golpistas acusan a Zelaya de reventar el Acuerdo de San José, pese a que su punto central es la restitución del presidente en su cargo, cosa que el gobierno de facto considera no negociable. Pese a ello, y en un afán que la resistencia mira sólo como una estrategia para ganar tiempo, la administración Micheletti ha jugado incluso con la posibilidad de un encuentro entre éste y Zelaya pero sólo en un proceso de diálogo.

Con Zelaya atravesado a 10 minutos de la Casa Presidencial y no ya en gira eterna de un país a otro, los golpistas apuestan a lo mismo que apostaban a principios de julio, de agosto o de septiembre. Resume Micheletti para la prensa que ha regresado en enormes racimos (ahora con sobrepoblación de brasileños): Estoy convencido que pasadas las elecciones, los países amigos, con los que hemos sido hermanos, van a revocar sus decisiones, porque van a negociar con un hombre elegido por el pueblo.

En la misma conferencia de prensa Micheletti insiste en que no tocará un tabique de la embajada de Brasil.

O, dicho de otro modo, Zelaya se puede quedar en la legación hasta el 29 de noviembre, el día en que, sueñan los golpistas, el pueblo hondureño se volcará en las urnas y se cerrará para siempre el episodio de la sucesión constitucional catracha, esa que para el resto del mundo fue simple y llanamente un golpe de Estado.