Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La Jungla
Jorge Durand
A

la Jungla, el asentamiento de migrantes indocumentados en Calais, Francia, recientemente desman-telado por la policía francesa, se le conoce también como la Tijuana de Europa. El Paso de Calais es el lugar más cercano entre Francia e Inglaterra; allí se ubican los puertos que conectan, por medio de transbordadores, la isla con el continente, y por ahí pasa el Eurotúnel, la obra de ingeniería más famosa, compleja y costosa de Europa. Es la frontera entre Francia e Inglaterra, entre el euro y la libra, y allí se concentran los migrantes indocumentados y los infaltables traficantes.

Como en el Paso del Norte, los migrantes del Paso de Calais utilizan cualquier medio para viajar de polizontes en los barcos, los camiones de carga y los trenes que cruzan el estrecho. Muchos han muerto en el intento o han quedado heridos después de saltar infructuosamente a un camión o un tren en marcha.

Los habitantes de la Jungla son una población flotante que no quiere, ni pretende, quedarse en Francia, su intención es llegar al Reino Unido. De ahí que por años hayan sido tolerados por el gobierno y la policía franceses. Se supone que es un asunto de Inglaterra y corresponde a los ingleses solucionarlo, por eso los franceses se lavan las manos, hasta donde la realidad y los medios lo permiten. Pero cada accidente, cada acto violento, cada muerte es una razón más para intervenir.

En un comienzo los migrantes se ubicaron en la población de Sangatte, donde está la puerta de ingreso al Eurotúnel. La presencia de tantos inmigrantes viviendo en situación precaria obligó a la Cruz Roja a intervenir y se creó, en 1999, un centro de acogida a migrantes. Las instalaciones fueron los viejos galerones y almacenes que quedaron desocupados cuando se concluyeron los trabajos del túnel. Allí se pensaba acoger a 200 migrantes, por un periodo de siete días, y llegaron a atender a más de mil 500 por periodos indefinidos. Muchos migrantes demandaban refugio del gobierno inglés, que no atendía sus peticiones. La mayoría eran afganos, kurdos, albanos e iraquíes, con razones sobradas para demandar refugio.

Además de la policía y los servicios de inmigración de ambos países, los policías privados del Eurotúnel, los transbordadores y los camiones de carga se encargaban de vigilar, reprimir y arrestar a los migrantes que intentaban viajar de polizontes. Los accidentes generaban retrasos de horas o días, con grandes pérdidas para las compañías, pero eran los guardias los que generaban los accidentes al perseguir a los inmigrantes. Incluso algunos migrantes fueron capturados en su intento por cruzar a pie por los pasadizos del túnel. Todo esto implicaba retrasos y mayores costos en personal de vigilancia y más recursos tecnológicos para la detección de migrantes.

En menos de dos años la población refugiada en Sangatte llegó a 3 mil personas y en su momento más álgido a 5 mil, con migrantes provenientes de más de 110 países. La mayoría eran afganos, kurdos y africanos de países anglófonos. Inglaterra acusaba a Francia de no hacer nada y Francia reclamaba que la causa fundamental de todo el problema era la política inglesa de refugio. En diciembre de 2001 y enero de 2002 se dieron intentos masivos de los migrantes por tomar el tren por la fuerza y la crisis obligó a cerrar el campo de Sangatte. Inglaterra se comprometió a aceptar a los refugiados kurdos, iraquíes y afganos con familias. Los niños quedaron a cargo del ACNUR y se pusieron en marcha varios programas de retorno asistido. La mayoría de migrantes se desperdigó por el territorio francés, hasta que se volvieron a concentrar.

Poco tiempo después se fundó La Jungla un campamento improvisado cerca del puerto y de la zona industrial de Calais, donde se concentra una población flotante de unas mil 500 personas. No se había solucionado el problema, simplemente se trasladó a otro lugar y en peores condiciones. Poco a poco el campamento fue tomando vida y ahí se congregaron otra vez migrantes y traficantes, a la espera de una oportunidad para cruzar a Inglaterra. Hace unos días el campo La Jungla fue desmantelado por la policía francesa, se tomaron presas a 276 personas, entre ellas 135 menores, que podían tener mejor suerte y demandar asilo. Los demás huyeron a otros lugares, hasta que baje la tensión y vuelvan a formar otro campamento.

En tanto, ambos gobiernos esperan llegar a una negociación para crear un nuevo campo de inmigrantes en tierra francesa, pero regenteado por ingleses. Se le ha llamado el Guantánamo europeo, ya que sería un lugar que quedaría en un limbo jurídico: los migrantes nos sabrían a qué país recurrir. Con el pasar del tiempo se repiten los mismos argumentos, el mismo discurso, las mismas acciones, que a final de cuentas no solucionan nada. Los migrantes se reagruparán otra vez en un campamento o lugar diferente.

A los gobiernos sólo les interesa evadir el costo social, político y económico de los migrantes en tránsito. Y en este caso está por definirse quién debe pagar el costo: el país de paso o el de destino.