Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Relámpagos y ahogos de la economía
José Antonio Rojas Nieto
S

uerte de la derivada, suerte de la principal. ¿Cómo va la economía de Estados Unidos? Los datos oficiales más recientes confirman el inicio de una leve recuperación. Pero no nos confundamos. La economía sigue cayendo, pero a tasas menores. Por eso el riesgo subsiste. Se debe arribar a tasas positivas. Faltan meses para ello. Básicamente por el debilitamiento financiero, que disminuye la inversión. En consecuencia el empleo.

Y, sin embargo, debe servir el sacrificio de la sociedad vecina para reforzar –a pesar de Obama o, incluso y por paradójico que parezca, gracias a él– a un sistema financiero que especuló y medró a más no poder. Allá, pero también aquí. ¿Resultado? Casi 7 millones de desempleados nuevos. Casi suman 15 sin trabajo en el campeón del capitalismo, con su descontrolado crecimiento del mercado de derivados por delante. Por eso la urgencia de mayor regulación financiera, no sólo estadunidense, sino mundial. ¿Quién le pone el cascabel al gato en México? ¿Un gobierno aliado del felino? ¿Qué hacen fuera? Elevan el déficit gubernamental. No lo pueden hacer todos. Nuestros vecinos de menos 2 por ciento de su producto (2006 y 2007) a menos 14 por ciento en 2009.

En la zona euro de menos 0.7 a menos 6. Y en Japón y Reino Unidos –para sólo dar dos ejemplos más– de menos 3 a menos 10 en ambos casos. ¿Efecto? Cargar a contribuyentes con una pesada deuda a pagar en un plazo perentorio. ¿Cinco, seis o siete años? ¡Unos especialistas dicen 10, al asegurar que financiarse con nuevos impuestos obliga a los contribuyentes a pagar inmediatamente los costos de la recuperación, con la concluyente depresión de la demanda y postergación de la recuperación. Y financiarse con deuda obliga a pagar en plazos, también con una depresión de la demanda, acaso más gradual.

Es falso, entonces, ofrecer dilemas simplistas: nuevos impuestos o deuda. En ambos casos los contribuyentes deberán pagar. Sólo hay diferencia de tiempos. Sólo eso. Hoy con nuevos gravámenes. Después con los gravámenes y contribuciones existentes. En ambos casos obligadamente con mayor eficiencia, reorientaciones o sacrificios en el gasto. No hay misterio en las cuentas públicas. Ni allá, ni en ningún lado del mundo. Ni en el vecino país donde los ingresos gubernamentales representan cerca de 17 por ciento del producto: 7 por ciento de impuestos a personas; uno por ciento a producción e importaciones; 2 por ciento a empresas y corporaciones; y 7 por ciento de contribuciones para la seguridad social, por aportaciones de empleadores (48 por ciento) como de empleados y auto-empelados (52 por ciento). (Por cierto, cuando se discute el Plan de Salud de Obama se debate sobre este componente de las contribuciones de la sociedad).

Pero tampoco hay misterio en las cuentas públicas de aquí, donde excluido el petróleo que ya se nos acaba (si se descubre más será de costos más elevados) no se supera 11 por ciento del producto. Y donde la crónica ausencia de un reforma fiscal de fondo, gradual y sostenida, nos condujo a gastar la renta petrolera, sin haber logrado un cambio sustantivo –por ejemplo– en la infraestructura nacional. ¿Ejemplos? La carretera México-Tuxpan inconclusa. Los puertos de Manzanillo, Altamira y Veracruz sin modernización a fondo. El eje Altamira-Manzanillo en planes. El Transísmico también. Ferrocarriles abandonados. Personas y mercancías siguen moviéndose de la forma más ineficiente y contaminante, en el mundo del pulpo carretero.

Déficit creciente de agua y drenaje. Y no sólo en el Distrito Federal. ¿Qué más decir? Al menos De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón debieran explicar qué hicieron con la renta petrolera (derechos de extracción de hidrocarburos) ¿Sabe usted cuánto cada uno? En millones de dólares de hoy, De la Madrid, 84 mil; Salinas 82 mil; Zedillo casi 100 mil millones; Fox –este irresponsable– poco más de 200 mil. Y Calderón, sólo en dos años más de la mitad de la de Fox en todo su sexenio, es decir, 131 mil. Y pese a menor producción y menor precio, no menos de 30 mil en 2009.

¡Qué fracaso! ¡Qué pena! ¡Y qué frustración con la discusión actual sobre el presupuesto, cuando no se ha sido capaz de discutir a fondo este tremendo fracaso fiscal y las formas serias de superarlo! Por eso, las prioridades de hoy son dos: 1) la regulación del sistema financiero que está detrás de este dispendio; 2) las condiciones para una recuperación de larga duración. Sí, larga duración, como dijo nuestro admirado maestro de historia del Mediterráneo Fernand Braudel, en nuestra queridísima Escuela Nacional de Economía de la UNAM el 15 de octubre de 1953. (¡Híjole, entonces jugaba con mi papá, en su consultorio, lanzando pelotas de frontón a botellitas vacías de penicilina!). Sí. Tenemos que aprovechar los relámpagos propios de los malos tiempos económicos, de las discontinuidades, para descubrir los elementos que nos permitan impulsar, a través de movimientos de tal lentitud que parecen inmóviles, las grandes transformaciones, la superación de la depresión y el arribo a la prosperidad. ¿Cómo? Es preciso ahogar a la economía –aseguraba– en el mar de las realidades sociales, para que se transforme a sí misma de cara a sus resultados. Huelga decir que los resultados sociales nuestros son profundamente lamentables. A ahogar la economía, entonces, para transformarla. ¿Quién dice algo? En serio. ¿Quién?

rojasags@yahoo.com.mx

NB Amigos estimados y de confianza me piden que comente que desde diciembre pasado hay arbitrariedades graves con el salario de los maestros de la Casa de Cultura de Cuautitlán Izcalli. Lo menos que se puede pedir es que se investigue lo que ahí sucede. El ayuntamiento y Conaculta tienen la palabra.