Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 27 de septiembre de 2009 Num: 760

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Dos cuentos
ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

La hora nada
KRITON ATHANASOÚLIS

El cuarto jinete
LEANDRO ARELLANO

El liberalismo desquiciado
ANGÉLICA AGUADO HERNÁNDEZ y JOSÉ JAIME PAULÍN LARRACOECHEA entrevista con el doctor DANY-ROBERT DUFOUR

Variaciones de una indignación: cinco poetas de Kenia

Taibo I y Taibo II con semana negra
MARCO ANTONIO CAMPOS

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
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Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Enrique López Aguilar
alapiz@hotmail.com

En recuerdo de César Rodríguez Chicharro (I DE III)

…Y mueves la manija del retrete
y en vez de tirar agua llora sangre.
“¡Es sangre, sangre!”, exclamas lerdamente.
Acude tu mujer; llegan los críos.
[…]
Refulge el sol. Los niños cantan.
C
. R. CH. “Tlatelolco”.

César Rodríguez Chicharro nació en Madrid el 10 de julio de 1930. Fue hijo de un tipógrafo anarquista y desembarcó en Coatzacoalcos en 1940. Entre España y México, la familia Rodríguez se detuvo obligadamente en Francia, donde murió la hermana de César. Estudió en el Instituto Luis Vives y en 1947 colaboró en la revista escolar Apuntes. Entre 1953 y 1956 colaboró en Ideas de México, y en 1954 apareció en la Antología Mascarones, seleccionada por Julio César Treviño.

Como recuerdo de las penurias personales de Chicharro, evocaré una anécdota contada por él mismo y que también cita Mateo Gambarte en su Diccionario del exilio español en México. De Carlos Blanco Aguinaga a Ramón Xirau, recogida de boca de José Luis Arcelus: cuando Chicharro iba a la escuela (al Vives), no tenía tiempo de regresar a casa para comer, así que la familia Rodríguez consiguió que otra familia de republicanos exiliados, que vivía cerca del colegio, lo aceptara en su casa para que el niño –casi recién llegado, pues contaría con unos doce años– se detuviera con ellos para “llenar la panza”. El caso es que la familia comía en el comedor y el niño César no sólo debía llevar su torta, sino que debía comérsela en la cocina: le daban lugar, lo acogían y le daban trato de refugiado: es decir, no le daban de comer ni charlaban con él.

Luego ingresó a Mascarones para estudiar la carrera de Letras. Obtuvo los grados de licenciado y maestro. Además de la formación académica, se probó hacia 1948 en el oficio tipográfico y los trabajos editoriales en los Talleres Gráficos de la Nación , donde ejerció la hoy olvidada labor de linotipista. Al egresar de Mascarones desarrolló ambas vertientes de su trabajo en las universidades de Guanajuato, del Zulia (Maracaibo), la Veracruzana , la Iberoamericana y, finalmente, en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la unam . De 1948 a 1984 su obra como escritor se distribuyó entre siete libros de poemas y tres de ensayo; además de relatos publicados en revistas y suplementos, traducciones del francés aún sin recopilar y una pieza teatral sin título, que todavía se encuentra inédita.


Porfirio Barba Jacob

Rodríguez Chicharro desarrolló diversas tentativas en su obra poética. Temáticamente, fue reduciendo el espectro de los contenidos: Con una mano en el ancla y Eternidad es barro aluden al amor, al paisaje, al juego verbal que se complace en la creación de imágenes, a la intuición de la muerte, a España, al oficio literario; en cambio, Aguja de marear, Finalmente y En vilo condensan las preocupaciones del autor sólo en torno a tres ejes: el amor, la muerte y el exilio. Bajo esa medida, La huella de tu nombre y Finalmente resultan centrales en la producción chicharriana por los cambios estilísticos y temáticos que proponen: son el tercero y sexto poemarios, números cabalísticos dentro del imaginario personal del autor. Pero no sólo en lo limitado de los temas, sino también en su capacidad de concentrar expresivamente lo que oscilaba entre la rabia y la ternura, el deseo y la impotencia, la esperanza y el desaliento, es que Rodríguez Chicharro se desembarazó de tesituras marginales. Así, aunque Chicharro escribió desde muy joven, se percibe en sus poemarios un trabajo de ascenso, donde los dos primeros libros de versos claramente abren un camino que encontraría frutos en La huella de tu nombre y, a partir de éste, el resto de la obra poética del autor ya no abandonaría un estilo maduro y original conseguido con años de “horas nalga” frente a la hoja de papel.

Estilísticamente, los primeros libros de Rodríguez Chicharro se encuentran determinados por un modo poético cercano a la Generación del '27 y por ciertas reminiscencias postmodernistas que no tardarían en desaparecer. La aspereza de algunos de sus versos convocan a Porfirio Barba-Jacob, aunque también hay en él una búsqueda verbal, tanto sonora como de imagen, que recuerda a Xavier Villaurrutia. La genealogía de sus ancestros no quedaría completa sin la mención de Emilio Prados y César Vallejo. Sin embargo, el estilo poético de Rodríguez Chicharro absorbe desde los inicios un carácter astillado que continuará hasta el final. Mediante ese lenguaje fue capaz de sugerir el quebranto y las contradicciones de sus temas, así como el paulatino aclimatamiento que siempre osciló entre los tonos mexicano y peninsular.

(Continuará)