Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 27 de septiembre de 2009 Num: 760

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Dos cuentos
ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

La hora nada
KRITON ATHANASOÚLIS

El cuarto jinete
LEANDRO ARELLANO

El liberalismo desquiciado
ANGÉLICA AGUADO HERNÁNDEZ y JOSÉ JAIME PAULÍN LARRACOECHEA entrevista con el doctor DANY-ROBERT DUFOUR

Variaciones de una indignación: cinco poetas de Kenia

Taibo I y Taibo II con semana negra
MARCO ANTONIO CAMPOS

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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TIPOLOGÍA DEL MAYAB

MIGUEL BARBERENA


Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán,
Juan Villoro,
Editorial Almadía,
México, 2009.

Palmas a la editorial Almadía por la labor que hace en la ciudad de Oaxaca. En sólo cuatro años se ha hecho de un catálogo interesante que incluye nombres ya distinguibles en el actual panorama de las letras: Alberto Chimal, Armando González Torres, Daniela Tarazona, Guillermo Fadanelli, Julio Trujillo, Leonardo da Sandra, j. j. Servín, Tryno Maldonado… Entre los más consagrados, Margo Glantz y Juan Villoro son también del acerbo de esta casa editorial de libros bien hechos y precio no exorbitante, para como están las cosas (150 pesos el que a continuación se va a comentar).

Juan Villoro ha sido bien cubierto por Almadía, que ha publicado tres libros del escritor: los seis cuentos de Los culpables (2007); la novela Llamada de Ámsterdam (2007), y este año las crónicas reunidas bajo el nombre de Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán. El libro se publicó originalmente en 1989 para inaugurar una serie de relatos de viaje de autores mexicanos de la editorial Alianza, y ha tenido buena supervivencia, reeditándose cada diez años: en 1999 por la editorial Alfagura de bolsillo y ahora por Almadía.

Palmeras muestra a Villoro (Ciudad de México, 1956), novelista de fuste, ganador de los premios Villaurrutia y Herralde, en su estilo más ligero y humorístico, que es el que le prefieren muchos de sus lectores. Nuestro travel writer explica de entrada, en el capítulo Antesala, con el tono personal de las siete crónicas del libro, que su abuela es yucateca de Progreso y de la casta divina (“Vivía para ser blanca, decente y hasta santa”), y que la madre también nació en Yucatán. Pero a los treinta y un años que tenía entonces, hace más de veinte, Juan Villoro no había puesto pie en la península. Cuando Alianza le propuso escribir un libro de viajes, el destino se le dio naturalmente. Su Yucatán no es el de memoria y el giro prousteano: él se sabe “pasajero en tránsito”, como se titula una de las crónicas. Lo ve todo con la frescura y extrañeza del chilango fuera de lugar. Es un típico huach, como llaman allá a los fuereños. Su Yucatán es un sitio “con la temperatura exacta para freír un panucho”; donde “salir de la hamaca significa abanicarse por tiempo indefinido con un sombrero de ‘boxito' ”. Un estado tan separatista que “hasta las galletas Marías se llaman Alicias”, y tan celoso de su personalidad que el supermercado se llama San Francisco de Asís, porque “no hemos dejado entrar a Comercial Mexicana ni a Aurrerá” (probablemente las cosas han cambiado desde los años noventa). Las personas se llaman Norah Elí Chen, Ana Daisy Ku o Bernabé Uch y pronuncian frases como esta: “Fui a comprar unos negociantes. Si se me olvidan los invisibles, Bety me da una limpia.” O un encabezado del Diario de Yucatán: “Paradoja monticular: los patipálidos al frente en chocolates y pasaportes” (algo que ver con el béisbol).

Lejos de Mérida, las visitas turísticas a los sitios arqueológicos son para matar de la risa. Como el guía que le toca en Chichen Itzá: “Con gran autoridad y abundancia de datos, hablaba del triángulo de las Bermudas, la pirámide de Keops y las misteriosas conexiones entre Yucatán y la India , donde hay una deidad llamada ‘Maya'

y el Buda se sienta en flor de loto como el dios Itzmná. Dependiendo del guía, Chichén puede ser una zona arqueológica o un artículo de la revista Duda. ” En su aproximación al mundo del rock yucateco, conoce a un baterista con quien discute de Led Zeppelin y Frank Zappa, y a un ajedrecista en quien Nabokov parecería haberse inspirado para escribir La defensa. En cuanto al futbol, otra de sus pasiones, Villoro encuentra un libro “inverosímil en un lugar que nunca ha tenido un equipo de primera división: casi todo el libro estaba consagrado al necaxista Peniche”. El viajero Villoro complementa su ojo cómico con apuntes históricos de grandes “mayistas”, como Eric S. Thompson, de la generación de arqueólogos que exploraban las ruinas “ataviados con corbatas de pajarita y pantalones knickerbockers.”

“Literatura coctelera”, dicen en contraportada los editores de aquella primera edición de Alianza Editorial, para definir el libro, que en una reseña de ese tiempo Sergio Pitol, gran amigo de Villoro, comparó a los libros de viaje de Graham Greene y Evelyn Waugh. Modestia aparte, una nueva oportunidad para (re)leer a un chilango en Progreso.



Fragmente. Diario de un adicto al sexo,
Lorenzo León Diez,
Ediciones Eon,
México, 2008.

Es ésta, de acuerdo con el editor, la historia de “una vida sin más sentido que la seducción”, el registro de “una cotidianidad vacía y asfixiante”, así como la “bitácora del alcohólico ávido de pasión que resulta en el fragmente en que se convierte”. Sicalipsis de a tres, Barry –el protagonista– y sus mujeres, los límites del lenguaje y el fracaso del amor, puestos a girar en una prosa de intensidad y densidad innegables.



Relatos urbanos,
Violeta García,
H. Ayuntamiento de San Luis Potosí,
México, 2009.

Este volumen forma parte de la colección Nuevos Autores Potosinos, en la que escritores noveles de aquella entidad comienzan a dar muestras de su capacidad literaria. La autora, nacida en 1984, propone estos cuentos que “no apetecen –por fortuna-- predicar ni declamar” y que “recrean [...] esos ambientes de los que todos somos responsables: un mundo de jóvenes que en nuestras ciudades se saben al punto de la derrota”.



Grimorio,
Roberto Colis,
H. Ayuntamiento de San Luis Potosí,
México, 2009.

También parte de la colección arriba mencionada, este cuentario es la ópera prima literaria del autor. Continuador y entusiasta de esa línea de pensamiento que quiere explicarse el mundo sin prescindir del apoyo de la magia, los encantamientos y otra suerte de ocultismos, el autor hace mixtura de la realidad real y de esa otra que, no obstante ser inasible, se propone como una variante acaso menos árida o a veces más gozosa.